jueves, 17 de noviembre de 2016

GRECIA: Energicas protestas por la visita del genocida Obama.-

EFE
ATENAS.- Manifestantes y fuerzas antidisturbios se enfrentaron este martes durante las protestas convocadas por sindicatos y diversos colectivos contra la visita a Grecia del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Los choques se iniciaron cuando 3.000 personas, según estimaciones de la Policía, intentaron marchar desde la Universidad Técnica de Atenas hacia la embajada de Estados Unidos, pese a la prohibición del Gobierno heleno de manifestarse en la ciudad.
Al acercarse los manifestantes a la plaza de Syntagma, en el centro de Atenas, las fuerzas antidisturbios usaron gases lacrimógenos, mientras grupos de participantes lanzaban cócteles molotov.

Fotos de los enfrentamientos
 
Los manifestantes dieron marcha atrás y los enfrentamientos se desplazaron a la Universidad Técnica, donde encapuchados prendieron fuego a contenedores de basura y lanzaron cócteles molotov a las fuerzas antidisturbios.
 
“Consideramos que la política estadounidense es letal para los pueblos. Son ellos los responsables de la llamada Primavera Árabe y la intervención en Siria. Solo les preocupa el petróleo, no la gente”, decía una mujer.
Una fuente de la Policía confirmó la detención de tres personas, aunque la cifra no es definitiva, pues los disturbios continúan.

Otra manifestación organizada contra la visita de Obama por el Partido Comunista de Grecia (KKE), en la que participaron 5.000 personas, según la Policía, se desarrolló sin incidentes.

Hoy la Policía encontró en un contenedor cerca de un colegio en el barrio de Nea Smirni, no lejos del centro de Atenas, una bolsa que contenía siete cócteles molotov.

La visita de Obama ha puesto a la capital griega bajo férreas medidas de seguridad, que incluyen controles policiales en puntos claves de la ciudad, cortes de tráfico y cierre del espacio aéreo.

El espacio aéreo heleno está clausurado desde esta mañana y lo estará hasta que el miércoles Obama continúe viaje a Berlín.

Las estaciones de metro más céntricas estarán cerradas durante la visita del mandatario estadounidense, entre ellas la de la plaza Syntagma o la de la Acrópolis.


publicada en Odio de Clase.

V. I. LENIN: LA REVOLUCION PROLETARIA Y EL RENEGADO KAUTSKY ( y 6ª parte)

 Vladimir Lenin - October 16 1918

SERVILISMO ANTE
LA BURGUESIA CON EL PRETEXTO
DE "ANALISIS ECONOMICO"


Como ya hemos dicho, el libro de Kautsky, si el título correspondiera al contenido, no debería llamarse La dictadura del proletariado, sino Paráfrasis de ataques burgueses contra los bolcheviques.

Nuestro teórico vuelve a dar vida a las viejas "teorías" de los mencheviques sobre el carácter burgués de la revolución rusa, es decir, la antigua deformación que del marxismo hacían los mencheviques (¡y que Kautsky refutó en 1905!). Por fastidiosa que sea esta cuestión para los marxistas rusos, tendremos que detenernos en ella.

La revolucion rusa es una revolución burguesa, decían todos los marxistas de Rusia antes de Igos. Los mencheviques, sustituyendo el marxismo por el liberalismo, deducían de ahí: por tanto, el proletariado no debe salirse de lo que acepta la burguesía, debe seguir una política de buena armonía con ella. Los bolcheviques decían que esto era una teoría liberal burguesa. La burguesía se esfuerza en transformar el Estado al modo burgués, reformista, no revolucionario, conservando en lo posible la monarquía, la propiedad de los terratenientes, etc. El proletariado debe llevar a término la revolución democrático-burguesa, sin permitir que le "ate" el reformismo de la burguesía. Los bolcheviques formulaban del modo siguiente la correlación de fuerzas de las clases en el momento de la revolución burguesa: el pro-

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letariado, ganándose a los campesinos, neutraliza a la burguesía liberal y deshace totalmente la monarquía, el medievalismo y la propiedad terrateniente.

El carácter burgués de la revolución lo revela la alianza del proletariado con los campesinos en general, porque los campesinos en general son pequeños productores, que tienen por base la producción mercantil. Además, añadían ya entonces los bolcheviques, el proletariado, ganándose a todo el semiproletariado (a todos los trabajadores y explotados), neutraliza a los campesinos medios y derriba a la burguesía: en esto consiste la revolución socialista, a diferencia de la revolución democrático-burguesa (véase mi folleto de 1905 Dos tácticas, reimpreso en la recopilación Doce años, Petersburgo, 1907).

Kautsky tomó indirectamente parte en esta discusión en 1905, cuando, consultado por Plejánov, entonces menchevique, se pronunció en el fondo contra él, lo que originó entonces extraordinarias burlas de la prensa bolchevique. Ahora no dice Kautsky ni una palabra de los antiguos debates (¡teme que lo desenmascaren sus propias manifestaciones!). Y así deja al lector alemán absolutamente imposibilitado para comprender el fondo del problema. El señor Kautsky no podía decir a los obreros alemanes en 1918 que en 1905 él era partidario de la alianza de los obreros con los campesinos, y no con la burguesía liberal, no podía decirles en qué condiciones propugnaba esta alianza, ni el programa que él proycctaba para esta alianza.

Kautsky da marcha atrás, y so pretexto de un "análisis económico", con frases altaneras sobre el "materialismo histórico", propugna ahora la subordinación de los obreros a la burguesía, rumiando, con ayuda de citas del menchevique Máslov, las viejas concepciones liberales de los menche-

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viques; ¡estas citas le sirven para demostrar una idea nueva sobre el atraso de Rusia, de cuya idea nueva se saca una conclusión vieja, diciendo, poco más o menos, que en una revolución burguesa no se puede ir más lejos que la burguesía! ¡Y esto a pesar de todo lo que tienen dicho Marx y Engels al comparar la revolución burguesa de 1789-1793 en Francia con la revolución burguesa de Alemania en 1848![28]

Antes de pasar al "argumento" de más peso y a lo principal del "análisis económico" de Kautsky, observemos la curiosa confusión de ideas o la ligereza del autor que denotan ya las primeras frases:

"El fundamento económico de Rusia -- afirma nuestro "teórico" -- es hasta ahora la agricultura, y concretamente la pequeña producción campesina. De ella viven cerca de las cuatro quintas partes, quizá hasta las cinco sextas partes de la población" (pág. 45). En primer lugar, ¿ha pensado usted, respetable teórico, cuántos explotadores puede haber entre esta masa de pequeños productores? Naturalmente, todo lo más una décima parte, y en las ciudades aún menos, porque allí está más desarrollada la gran producción. Ponga usted incluso una cifra inverosímilmente elevada, suponga usted que una quinta parte de los pequeños productores son explotadores que pierden el derecho electoral. Y aun así verá usted que ese 66% de bolcheviques del V Congreso de los Soviets representaba a la mayoría de la población. A ella debe añadirse, además, que un número muy importante de eseristas de izquierda fueron siempre partidarios del Poder soviético, es decir, en principio, todos los eseristas de izquierda estaban por el Poder soviético, y cuando una parte de ellos se lanzó a la aventurera revuelta de julio de 1918, de su antiguo partido se separaron dos partidos nuevos, el de los "comunistas populistas" y el de los "comunistas revolu-

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cionarios"[29] (constituidos por destacados eseristas de izquierda, a los que ya el antiguo partido había elevado a los puestos más importantes del Estado, perteneciendo al primero, por ejemplo, Zax y al segundo Kolegáev). Por consiguiente, el mismo Kautsky ha refutado -- ¡sin querer! -- la ridícula leyenda de que con los bolcheviques está la minoría de la población.

En segundo lugar: ¿Ha pensado usted, gentil teórico, que el pequeño productor campesino vacila inevitablemente entre el proletariado y la burguesía? ¡Esta verdad marxista, que confirma la historia entera de la Europa contemporánea, la "ha olvidado" Kautsky muy a tiempo, porque reduce a polvo toda la "teoría" menchevique que él reproduce! Sin "olvidarla", no habría podido negar la necesidad de la dictadura del proletariado en un país en que predominan los pequeños productores campesinos. -- -- --

Examinemos lo principal del "análisis económico" de nuestro teórico.

Es irrebatible, dice Kautsky, que el Poder soviético es una dictadura. "Pero ¿es la dictadura del proletariado ?" (pág 34).

"Según la Constitución soviética, los campesinos constituyen la mayoría de la población con derecho a participar en las actividades legislativas y administrativas. Lo que se nos presenta como dictadura del proletariado, si se realizara de un modo consecuente, y si, hablando en general, una clase pudiera ejercer directamente la dictadura, cosa que sólo puede hacer un partido, resultaría ser una dictadura de los campesinos " (pág. 35).

Y encantado de tan profundo y sagaz razonamiento, el bueno de Kautsky intenta ironizar: "Resulta como si la realización menos dolorosa del socialismo estuviese asegurada cuando se la confía a los campesinos" (pág. 35).

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Con gran lujo de detalles y citas extraordinariamente eruditas del semiliberal Máslov, prueba nuestro teórico una idea nueva: los campesinos están interesados en que el precio de los cereales sea clevado y bajo el salario de los obreros de las ciudades, etc., etc. Estas ideas nuevas, dicho sea de paso, están expuestas de manera tanto más fastidiosa cuanto menos atención se concede a los fenómenos verdaderamente nuevos de la postguerra, por ejemplo, al hecho de que los campesinos piden a cambio de los cereales mercancías y no dinero, que los campesinos están faltos de aperos y no pueden conseguirlos en la cantidad debida a precio alguno. De esto volveremos a tratar de un modo especial más adelante.

Así, pues, Kautsky acusa a los bolcheviques, al partido del proletariado, de haber puesto la dictadura, la tarea de realizar el socialismo, en manos de los campesinos pequeño burgueses. ¡Muy bien, señor Kautsky! ¿Cuál debería ser, a su ilustrado juicio, la actitud del partido proletario ante los campesinos pequeñoburgueses?

Nuestro teórico prefiere callar sobre esto, probablemente recordando el refrán: "La palabra es plata, el silencio es oro". Pero le traiciona el razonamiento siguiente:

"En los primeros tiempos de la República Soviética, los Soviets campesinos eran organizaciones de los campesinos en general. Ahora, esta República proclama que los Soviets son organizaciones de proletarios y de campesinos pobres. Los campesinos acomodados pierden el derecho de participar en la elección de los Soviets. El campesino pobre se reconoce como producto permanente y de masas de la reforma agraria socialista bajo la 'dictadura del proleeariado'" (pág. 48).

¡Qué atroz ironía! En Rusia se la puede oir en boca de cualquier burgués: todos ellos se regocijan y se ríen de que la República Soviética reconozca francamente la existencia de campesinos pobres. Se burlan del socialismo. Están en

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su derecho. Pero el "socialista" que se ríe de que, después de una guerra de cuatro años extraordinariamente ruinosa, haya todavía en nuestro país -- y los habrá para largo -- campesinos muy pobres, es un "socialista" que no podía nacer más que en un ambiente de apostasía en masa.

Pero hay más:

. . ."La República Soviética interviene en las relaciones entre campesinos ricos y pobres, pero no mediante una nueva distribución de tierra. Para evitar que los habitantes de las ciudades carezcan de pan, se envían al campo destacamentos de obreros armados que arrancan a los campesinos ricos su sobrante de cereales. Una parte de estos cereales se da a los habitantes de las ciudades y otra a los campesinos más pobres" (pág. 48).

Naturalmente, el socialista y marxista Kautsky se indigna profundamente ante la idea de que tal medida pueda rebasar los alrededores de las grandes ciudades (y en Rusia se extiende por todo el país). El socialista y marxista Kautsky observa sentenciosamente, con inimitable, con incomparable, con admirable flema (o necedad) de filisteo: . . ."Estas (expropiaciones de campesinos acomodados) introducen un nuevo elemento de perturbación y de guerra civil en el proceso de la producción". . . (¡la guerra civil trasplantada al "proceso de la producción" es ya una cosa sobrenatural!). . . "que para su saneamiento necesita imperiosamente de tranquilidad y seguridad" (49).

Sí, sí, la tranquilidad y seguridad de los explotadores y de los que especulan con los cereales, esconden sus sobrantes, sabotean la ley sobre el monopolio de los cereales y condenan al hambre a la población de las ciudades, debe, naturalmente, arrancar suspiros y lágrimas al marxista y socialista Kautsky. Todos nosotros somos socialistas y marxistas e internaciona listas, gritan a coro los señores Kautsky, Enrique Weber[30]

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(Viena), Longuet (París), MacDonald (Londres), etc.; todos estamos por la revolución de la clase obrera, pero. . . ¡pero a condición de no turbar la tranquilidad ni la seguridad de los especuladores de cereales! Y esta inmunda obsequiosidad ante los capitalistas la encubrimos con alusiones "marxistas" al "proceso de la producción". . . Si esto es marxismo ¿qué será servilismo ante la burguesía?

Veamos lo que le resulta a nuestro teórico. Acusa a los bolcheviques de hacer pasar una dictadura de los campesinos por la dictadura del proletariado. Al mismo tiempo nos acusa de llevar la guerra civil al campo (nosotros consideramos que esto es un mérito nuestro), de enviar al campo destacamentos de obreros armados los cuales proclaman francamente que ejercen "la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres", ayudan a éstos, expropian a los especuladores, a los campesinos ricos, los sobrantes de grano que ocultan en violación de la ley sobre el monopolio de cereales.

Por una parte, nuestro teórico marxista se muestra partidario de la democracia pura, partidario de que la clase revolucionaria, dirigente de los trabajadores y explotados, se someta a la mayoría de la población (incluyendo, por consiguiente, a los explotadores). Por otra parte, explica contra nosotros que la revolución tiene imprescindiblemente un carácter burgués, porque los campesinos, en su conjunto, se mantienen en un terreno de relaciones sociales burguesas; ¡y al mismo tiempo pretende que propugna el punto de vista proletario, de clase, marxista!

En vez de "análisis económico", esto es un lío y un enredo de primer orden. En lugar de marxismo, fragmentos de doctrinas liberales y prédicas de servilismo ante la burguesía y los kulaks.

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En 1905 los bolcheviques pusíeron ya totalmente en claro el problema que Kautsky enreda. Sí, nuestra revolución es burguesa mientras marchamos juntamente con los campesinos como un todo. Nosotros teníamos una conciencia clarísima de esto, desde 1905 lo hemos dicho cientos y miles de veces; nunca hemos intentado saltarnos ni abolir con decretos esta etapa necesaria del proceso histórico. Los empeños de Kautsky de emplear este punto como "prueba" contra nosotros no prueban sino el enredo de sus opiniones y su temor a recordar lo que él mismo escribió en 1905, cuando aún no era un renegado.

Pero en 1917, desde el mes de abril, mucho antes de la Revolución de Octubre, de que tomásemos el Poder, dijimos abiertamente y explicamos al pueblo que ahora la revolución no podía detenerse en esta etapa, pues el país había seguido adelante, el capitalismo había seguido avanzando, la ruina había alcanzado proporciones nunca vistas, lo cual habría de exigir (quiérase o no) que marchásemos hacia el socialismo, pues no cabía avanzar de otro modo, salvar de otro modo al país, agotado por la guerra, y aliviar de otro modo los sufrimientos de los trabajadores y explotados.

Ocurrió, en efecto, tal y como nosotros dijimos. La mar cha de la revolución ha confirmado el acierto de nuestro razonamiento. Al principio, del brazo de "todos" los cam pesinos contra la monarquía, contra los terratenientes, contra el medievalismo (y en este sentido, la revolución sigue siendo burguesa, democrático-burguesa). Después, del brazo de los campesinos pobres, del brazo del semiproletariado, del brazo de todos los explotados contra el capitalismo, incluyendo los ricachos del campo, los kulaks, los especuladores, y en este sentido, la revolución se convierte en socialista. Querer levantar una muralla china artificial entre ambas revolucio-

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nes, separar la una de la otra por algo que no sea el grado de preparación del proletariado y el grado de su unión con los campesinos pobres, es la mayor tergiversación del marxismo, es adocenarlo, reemplazarlo por el liberalismo. Sería hacer pasar de contrabando, mediante citas seudocientíficas sobre el carácter progresivo de la burguesía en comparación con el medievalismo, una defensa reaccionaria de la burguesía frente al proletariado socialista.

Por cierto que los Soviets son un tipo y una forma muy superior de democracia porque, aunando e incorporando a la política a la masa de obreros y campesinos, son el barómetro más próximo al "pueblo" (en el sentido en que Marx hablaba en 187I de verdadera revolución popular)[31], el barómetro más sensible del desarrollo y aumento de la madurez política y de clase de las masas. La Constitución soviética no se ha escrito según un "plan", no ha sido compuesta en despachos ni impuesta a los trabajadores por los juristas burgueses. No, esa Constitución ha surgido del proceso de desarrollo de la lucha de clases, a medida que maduraban las contradicciones de clase. Así lo demuestran hechos que Kautsky se ve obligado a reconocer.

Al principio, los Soviets agrupaban a los campesinos en su totalidad. La falta de desarrollo, el atraso y la ignorancia de los campesinos pobres ponían la dirección en manos de los kulaks, de los ricos, de los capitalistas y de los intelectuales pequcñoburgueses. Fue la época de hegemonía de la p.queña burguesía, de los mencheviques y ]os socialistas revolucionarios (sólo bobos o renegados como Kautsky pueden creer que unos u otros sean socialistas). La pequeña burguesía, inevitable e imprescindiblemente oscilaba entre la dictadura de la burguesía (Kerenski, Kornílov, Sávinkov) y la dictadura del proletariado, porque la pequeña burguesía

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es incapaz de nada independiente atendidos los caracteres esenciales de su situación económica. Dicho sea de paso, Kautsky reniega totalmente del marxismo cuando en su análisis de la revolución rusa sale del paso con la noción jurídica y formal de "democracia", que sirve a la burguesía para disimular su dominación y engañar a las masas, olvidando que "democracia" quiere decir de hecho unas veces dictadura de la burguesía, y otras impotente reformismo de la mesocracia que se somete a esa dictadura, etc. Según Kautsky, resulta que en un país capitalista había partidos burgueses, había un partido proletario (los bolcheviques), que llevaba tras de sí a la mayoría del proletariado, a su masa, pero, ¡no había partidos pequeñoburgueses! ¡Los mencheviques y eseristas no tenían raíces de clase, raíces pequeñoburguesas!

Las vacilaciones de la pequeña burguesía, de los mencheviques y eseristas han ilustrado a las masas y han apartado de tales "dirigentes" a su inmensa mayoría, a todas las "capas bajas", a todos los proletarios y semiproletarios. Los bolcheviques lograron prevalecer en los Soviets (hacia octubre de 1917 en Petrogrado y Moscú), y entre los eseristas y mencheviques se acentuó la escisión.

El triunfo de la revolución bolchevique significaba el final de las vacilaciones, la destrucción completa de la monarquía y de la propiedad terrateniente (antes de la Revolución de Octubre no había sido destruida). Nosotros llevamos a término la revolución burguesa. Los campesinos estaban a nuestro lado en su totalidad. Su antagonismo respecto al proletariado socialista no podía manifestarse inmediatamente. Los Soviets agrupaban a los campesinos en general. La diferenciación de clase en el seno de la masa campesina no

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estaba todavía madura, no se había manifestado todavía exteriormente.

Este proceso fue desenvolviéndose durante el verano y el otoño de 1918. La insurrección contrarrevolucionaria de los checoslovacos despertó a los kulaks, que desencadenaron en Rusia una ola de revueltas. No han sido los libros ni los periódicos, sino la vida lo que ha hecho ver a los campesinos pobres la incompatibilidad de sus intereses con los de los kulaks, de los ricachos, de la burguesía rural. Los "eseristas de izquierda", como todo partido pequeñoburgués, reflejaban las oscilaciones de las masas, y en el verano de 1918 se escindieron: una parte de ellos hizo causa común con los checoslovacos (insurrección de Moscú, cuando Proshián, apoderándose -- ¡durante una hora! -- del telégrafo, anuncia a Rusia la caída de los bolcheviques; luego vino la traición de Muraviov, comandante en jefe del ejército destinado a combatir contra los checoslovacos, etc.). Otra parte, señalada más arriba, siguió con los bolcheviques.

La agudización de la crisis del abastecimiento de las ciudades imponía en forma cada vez más tajante el problema del monopolio de los cereales (¡lo cual "ha olvidado" el teórico Kautsky en su análisis económico, que repite cosas viejas leídas hace diez años en Máslov!).

El antiguo Estado, el Estado de los terratenientes y burgueses, incluso el Estado democrático republicano, enviaba al campo destacamentos armados que se encontraban de hecho a disposición de la burguesía. ¡El señor Kautsky no lo sabe! ¡No ve en ello, Dios nos libre, "dictadura de la burguesía"! ¡Es "democracia pura", sobre todo si lo aprueba el parlamento burgués! ¡De que Avkséntiev y S. Máslov, con los Kerenski, Tsereteli y demás elementos eseristas y mencheviques encarcelaban durante el verano y el otoño de

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1917 a los miembros de los Comités agrarios, de eso "no ha oído hablar" Kautsky, eso lo silencia!

Todo se reduce a que el Estado burgués, que ejerce la dictadura de la burguesía mediante la república democrática, no puede reconocer ante el pueblo que sirve a la burguesía, no puede decir la verdad y tiene que recurrir a la doblez.

En cambio, el Estado del tipo de la Comuna, el Estado soviético dice franca y honradamente la verdad al pueblo, declarando que es la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres, atrayéndose con esta verdad a decenas y decenas de millones de nuevos ciudadanos mantenidos en la ignorancia dentro de cualquier república democrática, incorporándolos a la política, a la democracia, a la administración del Estado, de los Soviets. La República Soviética envía al campo destacamentos de obreros armados, en primer lugar a los más avanzados, a los de las capitales. Estos obreros llevan el socialismo al campo, ponen de su lado a los campesinos pobres, los organizan e instruyen y les ayudan a aplastar la resistencia de la burguesia.

Todos los que están al corriente de la situación y han visitado el campo dicen que solamente en el verano y el otoño de 1918 ha llegado a éste la Revolución de "Octubre" (es decir, la revolución proletaria). Se produce el viraje. A la ola de revueltas de kulaks sigue un movimiento ascensional de los campesinos pobres, el incremento de los "Comités de campesinos pobres". En el ejército aumenta el número de comisariGs que proceden de la clase obrera, el número de oficiales y de comandantes de división y de ejército que proceden de la clase obrera. Mientras que el imbécil de Kautsky, asustado por la crisis de julio (de 1918)[32] y los alari-

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dos de la burguesía, corre tras ella como un "polluelo" y escribe todo un folleto del que emana la convicción de que los campesinos están a punto de derribar a los bolcheviques, mientras que este imbécil ve en la defección de los eseristas de izquierda una "reducción" (pág. 37) del círculo de los que sostienen a los bolcheviques, en ese momento, se extiende inmensamente el círculo verdadero de los partidarios del bolchevismo, porque decenas y decenas de millones de campesinos pobres despiertan a una vida política independiente, emancipándose de la tutela e influencia de los kulaks y de la burguesía rural.

Hemos perdido unos centenares de eseristas de izquierda, de invertebrados intelectuales y de campesinos kulaks, pero hemos conquistado a millones de campesinos pobres[*].

Un año después de la revolución proletaria en las capitales, bajo su influencia y con su ayuda ha llegado la revolución proletaria a los rincones más atrasados del campo, afianzando definitivamente el Poder soviético y el bolchevismo, demostrando definitivamente que en el interior del país no hay fuerzas que se le opongan.

Después de haber llevado a cabo la revolución democrático-burguesa con los campesinos en general, el proletariado de Rusia pasó definitivamente a la revolución socialista cuando hubo logrado escindir el campo, cuando se hubo ganado a los proletarios y semiproletarios del campo, cuando supo unirlos contra los kulaks y la burguesía, comprendiendo en ésta a la burguesía campesina. * En el VI Congreso de los Soviets (del 6 al 9 de noviembre de 1918) hubo 967 delegados con voz y voto, 950 de los cuales eran bolcheviques, y 351 con voz y sin voto, de los cuales 335 eran bolcheviques. Por tanto, un 97% de bolcheviques.

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Si el proletariado bolchevique de las capitales y de los grandes centros industriales no hubiera sabido agrupar alrededor suyo a los campesinos pobres contra los campesinos ricos, habríase demostrado que Rusia "no estaba madura" para la revolución socialista: el campesinado habría seguido siendo "un todo", es decir, habría seguido sujeto a la dirección económica, política y espiritual de los kulaks, los ricachos y la burguesía, y no se habría ido más allá de una revolución democrático-burguesa. (Pero ni aun esto, dicho sea entre paréntesis, habría demostrado que el proletariado no debía tomar el Poder, porque sólo él ha llevado efectivamente a término la revolución democrático-burguesa, sólo él ha hecho algo serio para acercar la revolución proletaria mundial, sólo él ha creado el Estado soviético, que es, después de la Comuna, el segundo paso hacia el Estado socialista.)

Por otra parte, si el proletariado bolchevique, inmediatamente, en octubre o noviembre de 1917, sin haber sabido aguardar la diferenciación de clases en el campo, sin haber sabido prepararla ni realizarla, hubiera intentado "decretar" la guerra civil o la "instauración del socialismo" en el campo, si hubiese intentado prescindir del bloque (alianza) temporal con los campesinos en general, sin hacer ciertas concesiones al campesino medio, etc., esto habría sido una desnaturalización blanquista [33] del marxismo; una minoría habría intentado imponer su voluntad a la mayoría, se habría llegado a un absurdo teórico, a no comprender que la revolución de todos los campesinos es todavía una revolución burguesa y que sin una serie de transiciones, de etapas transitorias, no se puede hacer de ella una revolución socialista en un país atrasado.

En un problema político y teórico de la mayor trascendencia, Kautsky lo ha confundido todo, y en la práctica ha

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demostrado ser un simple lacayo de la burguesía que clama contra la dictadura del proletariado.

* * *

Idéntica o mayor es la confusión que Kautsky ha armado en otro problema de capital interés e importancia: el de si ha sido bien planteada en principio y luego convenientemente llevada a la práctica la labor legislativa de la República Soviética en cuanto a la transformación agraria, transformación socialista dificilísima y de máxima importancia al mismo tiempo. Le quedaríamos infinitamente agradecidos a todo marxista del occidente de Europa que, después de leer aunque sólo fuera los documentos más importantes, hiciera la crítica de nuestra política, porque de este modo nos ayudaría extraordinariamente y ayudaría a la revolución que está madurando en todo el mundo. Pero en lugar de crítica, Kautsky nos ofrece una confusión teórica increíble, que convierte el marxismo en liberalismo, y que de hecho es un conjunto de invectivas pequeñoburguesas, vacías y venenosas, contra los bolcheviques. Que el lector juzgue:

"No se podía mantener la gran propiedad territorial a causa de la revolución. Esto se vio claro desde el primer instante. No había más remedio que entregarla a la población campesina". . . (No es exacto, señor Kautsky; usted ponc lo que está "claro" para usted en lugar de la actitud de las diversas clases frente al problema. La historia de la revolución ha demostrado que el gobierno de coalición de burgueses con pequeñoburgueses, mencheviques y eseristas seguía una política dirigida a mantener la gran propiedad agraria. La mejor prueba está en la ley de S. Máslov y en las detenciones de los miembros de los Comités agrarios[34].

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Sin la dictadura del proletariado la "población campesina" no habría vencido al terrateniente unido al capitalista.)

. . . "Pero en cuanto a las formas en que esto se había de hacer, no existía unidad de criterio. Eran concebibles diferentes soluciones". . . (Kautsky se preocupa, ante todo, de la "unidad" de los "socialistas", sean quienes sean los que se llamen así. Pero olvida que las clases fundamentales de la sociedad capitalista deben llegar a soluciones diferentes.) . . . "Desde el punto de vista del socialismo, la solución más racional hubiera sido transformar las grandes empresas en propiedades del Estado y confiar a los campesinos, que hasta entonces habían estado trabajando en ellas como obreros asalariados, el cultivo de las grandes propiedades agrícolas en forma cooperativa. Pero esta solución supone la existencia de un tipo de trabajador agrícola que no existe en Rusia. Otra solución hubiera sido transferir al Estado la gran propiedad agraria dividiéndola en pequeños lotes, que se concederían en arriendo a los campesinos con pocas tierras. De esta manera se habría realizado algo de socialismo". . .

Kautsky, como siempre, sale del paso con su famoso estribillo: de una parte no se puede por menos de confesar, de otra, hay que reconocer. Pone juntas soluciones diferentes, sin pararse en la única idea real, en la única idea marxista: ¿cuál debe ser la transición del capitalismo al comunismo en unas determinadas condiciones particulares ? En Rusia hay obreros agrícolas asalariados, pero pocos, y Kautsky no toca siquiera la cuestión, que el Poder soviético ha planteado, de cómo pasar al cultivo en comunas y en cooperativas. Pero lo más curioso es que Kautsky quiere ver "algo de socialismo" en el arrendamiento de pequeños lotes de tierra. Esto no es, en el fondo, más que una consigna pequeño-

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burguesa y no tiene nada "de socialismo". Si el "Estado" que da en arriendo las tierras no es un Estado del tipo de la Comuna, sino una república burguesa parlamentaria (y esto es lo que supone siempre Kautsky), el arrendamiento de la tierra por pequeños lotes será una típica reforma liberal.

Nada dice Kautsky de que el Poder soviético ha abolido toda propiedad sobre la tierra. Peor aún: baraja los datos de manera increíble y cita decretos del Poder soviético omitiendo en ellos lo esencial.

Después de declarar que "la pequeña producción aspira al derecho absoluto de propiedad privada sobre los medios de producción", que la Constituyente hubiera sido "la única autoridad" capaz de impedir el reparto (afirmación que provocará una carcajada en Rusia, porque todo el mundo sabe que los obreros y campesinos sólo reconocen la autoridad de los Soviets, mientras la Constituyente se ha hecho consigna de los checoslovacos y de los terratenientes), Kautsky continúa:

"Uno de los primeros decretos del Gobierno soviético dice: 1. La propiedad terrateniente sobre la tierra queda inmediatamente abolida sin indemnización alguna. 2. Las haciendas de los terratenientes y todas las tierras de la familia imperial, de los conventos y de la Iglesia, con todo su ganado de labor y aperos de labranza, sus edificios y todo cuanto hay en ellos pasan a depender de los Comités agrarios comarcales de los Soviets de Diputados Campesinos de distrito, que dispondrán de ellos hasta que la Asamblea Constituyente decida el problema de la tierra".

Kautsky n o c i t a m á s q u e e s t o s d o s p u n t o s y concluye:

"La referencia a la Constituyente ha sido letra muerta. De hecho, los campesinos de las distintas comarcas han podido hacer con la tierra lo que han querido" (pág. 47).

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¡Ahí tenéis muestras de la "crítica" de Kautsky! Ahí tenéis un trabajo "científico" que más que nada parece una falsificación. ¡Se induce al lector alemán a creer que los bolcheviques han capitulado ante los campesinos en cuanto al derecho de propiedad privada sobre la tierra y que han dejado a los campesinos hacer ("en las distintas comarcas") lo que cada uno quería!

En realidad, el decreto que cita Kautsky, el primer decreto, promulgado el 26 de octubre de 1917 (calendario antiguo), comprende cinco artículos y no dos, sin contar los ocho artículos del "Mandato", del que se dice que "debe servir de norma de conducta".

El tercer artículo del decreto señala que las haciendas pasan "a l p u e b l o " y que es obligatorio hacer "el inventario exacto de todos los bienes confiscados" e "instituir una guardia revolucionaria del mayor rigor". Y el Mandato señala que "el derecho de propiedad privada sobre la tierra queda abolido para siempre", que "las fincas mejor organizadas" "no serán divididas ", que "todo el ganado de labor, aperos de labranza y dependencias de las tierras confiscadas pasan al disfrute exclusivo del Estado o de las comunidades, según la importancia y valor de estas tierras, sin indemnización", que "toda la tierra pasa a formar parte del fondo agrario nacional".

Más tarde, al mismo tiempo que era disuelta la Asamblea Constituyente (5 de enero de 1918), el III Congreso de los Soviets aprobó la "Declaración de derechos del pueblo trabajador y explotado", que ahora es parte de la Ley fundamental de la República Soviética. Su artículo II párrafo 1 dice que "queda abolida la propiedad privada sobre la tierra" y que "las fincas y empresas agrícolas modelo se declaran patrimonio nacional".

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Por tanto, la alusión a la Asamblea Constituyente no era letra muerta, porque otra institución nacional representativa, muchísimo más autorizada para los campesinos, se ha encargado de resolver el problema agrario.

Luego, el 6 (19) de febrero de 1918 se promulgó la ley sobre la socialización de la tierra, que confirma una vez más la abolición de toda propiedad sobre la tierra, poniendo ésta y todo el ganado de labor y los aperos de labranza de las explotaciones privadas a disposición de las autoridades soviéticas, bajo el control del Poder soviético federal ; como objetivo de esta gestión señala

"el fomento de la hacienda colectiva en la agricultura, por ser la más ventajosa desde el punto de vista de la economía del trabajo y de los productos, a expensas de las haciendas individuales, con objeto de pasar a la hacienda socialista" (art. II, punto d).

Al instituir el disfrute igualitario del suelo, la ley dice acerca del problema fundamental de "quién tiene derecho a gozar de la tierra":

(Art. 20.) "Dentro de la República Federativa Soviética de Rusia pueden disfrutar lotes del suelo para fines públicos y personales: A) Con fines educativos e instructivos: 1) El Estado, representado por los órganos del Poder soviético (federal, regional, provincial, comarcal, de distrito y de aldea). 2) Las organizaciones sociales (bajo el control y con la autorizacion del Poder soviético local). B) Para el cultivo: 3) Las comunas agrícolas. 4) Las cooperativas agrícolas. 5) Las comunidades rurales. 6) Familias e individuos sueltos". . .

El lector puede ver que Kautsky ha desnaturalizado totalmente la cuestión, presentando al lector alemán de una manera falsa por completo la política y la legislación agraria del Estado proletario de Rusia.

¡Ni siquiera ha sabido plantear Kautsky los problemas importantes, fundamentales desde el punto de vista teórico!

Estos problemas son los siguientes:

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1) Disfrute igualitario de la tierra y

2) Nacionalización de la tierra: relación de una medida y otra con el socialismo en general y con el paso del capitalismo al comunismo en particular.

3) Cultivo social de la tierra, como transición del trabajo agrícola pequeño, parcelado al trabajo agrícola social de gran escala; ¿responde la forma en que ha sido planteado este problema en la legislación soviética a los postulados del socialismo?

Sobre el primer punto es preciso dejar sentados, ante todo, los dos hechos siguientes que son fundamentales: a) Teniendo ya en cuenta la experiencia de 1905 (recordaré, por ejemplo, mi obra acerca del problema agrario en la primera revolución rusa), señalaban los bolcheviques la importancia que, desde el punto de vista democrático progresista y democrático revolucionario, tenía la consigna del igualitarismo, y en 1917, antes de la Revolución de Octubre, hablaron de ello en forma absolutamente clara. b) Al hacer aprobar la ley de socialización de la tierra -- "alma" de la cual es la consigna del disfrute igualitario del suelo -- los bolcheviques declararon del modo más preciso y concreto: esta idea no es la nuestra, nosotros no estamos conformes con esta consigna, pero creemos nuestro deber hacerla aprobar, porque así lo pide la inmensa mayoría de los campesinos. Y la idea y las reivindicaciones de una mayoría de trabajadores deben ser superadas por ellos mismos ; no es posible "abolir" semejantes reivindicaciones ni "saltar" por encima de ellas. Nosotros, los bolcheviques, ayudaremos a los campesinos a superar las consignas pequeñoburguesas, a pasar lo más rápida y fácilmente posible de esas consignas a consignas socialistas.

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Un teórico marxista que quisiera ayudar a la revolución obrera mediante su análisis científico, debería decir, en primer lugar, si es verdad que la idea del disfrute igualitario de la tierra tiene un valor democrático revolucionario, el valor de llevar a término la revolución democrático-burguesa. En segundo lugar, debería decir si han procedido bien los bolcheviques al hacer aprobar con sus votos (y al observar con la mayor lealtad) la ley pequeñoburguesa relativa al disfrute igualitario.

¡Kautsky no ha sabido advertir siquiera en qué consiste teóricamente el quid de la cuestión!

Jamás hubiera conseguido refutar que el principio igua litario tiene un valor progresista y revolucionario en una revolución democrático-burguesa. Esta revolución no puede ir más allá. Al llegar a su término, descubre a las masas, con tanta más claridad, rapidez y facilidad l a i n s u f i c i e n c i a de las soluciones democrático-burguesas, la ne cesidad de rebasarlas y de pasar al socialismo.

Los campesinos que han derribado al zarismo y a los terratenientes quieren la nivelación, y no hay fuerza que pueda impedírselo una vez libertados de los terratenientes y del Estado parlamentario-burgués republicano. Los proletarios dicen a los campesinos: nosotros os ayudaremos a llegar al capitalismo "ideal", porque el disfrute igualitario de la tierra es la idealización del capitalismo desde el punto de vista del pequeño productor. Pero al mismo tiempo os señalaremos la insuficiencia de este sistema, la necesidad de pasar al cultivo social de la tierra.

¡Sería interesante ver qué hacía Kautsky para refutar el acierto del proletariado al dirigir así la lucha de los campesinos!

Kautsky ha preferido eludir el problema. . .

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Además, ha engañado francamente a los lectores alemanes, ocultándoles que en la ley sobre la tierra el Poder soviético da preferencia directa a las comunas y a las cooperativas, colocándolas en primer lugar.

¡Con el campesinado hasta el fin de la revolución democrático-burguesa; con el sector más pobre, proletario y semiproletario del campesinado, adelante, hacia la revolución socialista! Esta ha sido la política de los bolcheviques, y es la única política marxista.

¡Pero Kautsky se embrolla, no acertando a plantear ni un solo problema! Por una parte, no se atreve a decir que los proletarios debieron haber divergido de los campesinos en el problema del disfrute igualitario, porque comprende lo absurdo de semejante divergencia (por lo demás, en 1905, antes de ser renegado, Kautsky propugnaba clara y francamente la alianza de obreros y campesinos como condición para el triunfo de la revolución) Por otra parte, cita con simpatía las vulgaridades liberales del menchevique Máslov, que "demuestra" lo utópico y reaccionario de la igualdad pequeñoburguesa desde el punto de vista del socialismo y pasa en silencio lo progresista y revolucionario de la lucha pequeñoburguesa por la igualdad, por el principio igualitario, desde el punto de vísta de la revolución democrático-burguesa.

Kautsky se ha metido en un lío sin fin: advertid que el Kautsky de 1918 insisíe en el carácter burgués de la revolución rusa. El Kautsky de 1918 exige: ¡No os salgáis de ese marco! ¡¡Y este mismo Kautsky ve "algo de socialismo " (para la revolución burguesa ) en la reforma pequeñoburguesa que entrega a los campesinos pobres en arriendo pequeños lotes de tierra (es decir, en la aproximación al igualitarismo)!!

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¡Que lo entienda quien pueda!

Y por si fuera poco, Kautsky muestra una incapacidad filistea para tener en cuenta la política real de un partido determinado. Cita frases del menchevique Máslov, sin querer ver la política r e a l del partido menchevique en 1917, que, en "coalición" con terratenientes y demócratas constitucionalistas, propugnaba de hecho una reforma agraria liberal y el acuerdo con los terratenientes (lo prueban las detenciones de miembros de los Comités agrarios y el proyecto de ley de S. Máslov).

Kautsky no ha visto que las frases de P. Máslov acerca del carácter reaccionario y utópico de la igualdad pequeñoburguesa encubren de hecho la política menchevique de conciliación de campesinos y terratenientes (es decir, el engaño de aquéllos por éstos), en lugar del derrocamiento revolucionario de los terratenientes por los campesinos.

¡Qué "marxista" es Kautsky!

Los bolcheviques son los que han tenido muy en cuenta la diferencia entre la revolución democrático-burguesa y la socialista: al llevar la primera a término, abrían las puertas para el paso a la segunda. Esta es la única política revolucionaria y la única politica marxista.

En vano repite Kautsky las agudezas insípidas de los liberales: "Nunca ni en parte alguna han pasado los pequeños campesinos a la producción colectiva movidos por la persuasión teórica" (pág. 50).

¡Qué ingenioso!

Nunca ni en parte alguna han estado los pequeños cam pesinos de un gran país bajo la influencia de un Estado pro letario.

Nunca ni en parte alguna han llegado los pequeños campesinos a una lucha de clase abierta de los campesinos pobres los

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contra los campesinos ricos, hasta la guerra civil entre unos y otros, con la condición de estar sostenidos los pobres por la propaganda, la política y la ayuda económica y militar del Poder estatal proletario.

Nunca ni en parte alguna se han enriquecido tanto los especuladores y ricachos a consecuencia de una guerra, en medio de una ruina semejante de la masa campesina.

Kautsky repite antiguallas, rumia cosas viejas, temiendo pensar siquiera en las nuevas tareas de la dictadura del proletariado.

Y si los campesinos, querido Kautsky, no tienen bastantes instrumentos para la pequeña producción y el Estado proletario les ayuda a encontrar máquinas para cultivar el suelo colectivamente, ¿será eso "persuasión teórica"? -- -- --

Pasemos al problema de la nacionalización de la tierra. Nuestros populistas, y entre ellos todos los eseristas de izquierda, niegan que la medida que nosotros hemos llevado a la práctica sea la nacionalización de la tierra. Se equivocan teóricamente. Puesto que no hemos rebasado el marco de la producción mercantil y del capitalismo, la abolición de la propiedad privada sobre la tierra es su nacionalización. La palabra "socialización" no expresa más que una tendencia, un deseo, una preparación del tránsito al socialismo.

¿Cuál debe ser, pues, la actitud de los marxistas respecto a la nacionalización de la tierra?

Tampoco esta vez sabe Kautsky plantear siquiera el problema teórico, o -- lo que es peor -- lo elude intencionadamente, aunque por las publicaciones rusas se sabe que Kautsky conoce las antiguas discusiones de los marxistas rusos sobre la nacionalización de la tierra, sobre su municipalización (entrega de las grandes fincas a los ayuntamientos) y sobre su reparto.

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Kautsky se mofa abiertamente del marxismo cuando dice que el paso de las grandes propiedades a manos del Estado y su arrendamiento en pequeños lotes a los campesinos que tuvieran poca tierra realizaría "algo de socialismo". Ya hemos dicho que no hay en ello nada de socialismo. Es más: no hay ni siquiera revolución democrático-burguesa llevada a término. Kautsky ha tenido la gran desgracia de fiarse mucho de los mencheviques. De ello resulta un hecho curioso. Kautsky, que defiende el carácter burgués de nuestra revolución, que reprocha a los bolcheviques su ocurrencia de emprender el camino que lleva al socialismo, ¡presenta él mismo una reforma liberal como socialismo, sin llevar esta reforma hasta la supresión completa de todos los elementos medievales en las relaciones de propiedad territorial! Resulta que Kautsky, lo mismo que sus consejeros mencheviques, defiende a la burguesía liberal, temerosa de la revolución, en lugar de defender una revolución democrático-burguesa consecuente.

En efecto, ¿por qué hacer propiedad del Estado únicamente las grandes fincas y no todas las tierras? La burguesía liberal llega así al máximo en el mantenimiento de lo viejo (es decir, una revolución de mínima consecuencia) y deja en pie las máximas facilidades para volver a ello. La burguesía radical, es decir, la que quiere llevar a término la revolución burguesa, propone la consigna de nacionalización de la tierra.

Kautsky, que en tiempos muy remotos, hace casi veinte años, escribió una obra marxista admirable sobre el problema agrario, no puede ignorar lo que ha indicado Marx: La nacionalización de la tierra es una consigna consecuentemente burguesa [35]. Kautsky no puede ignorar la polémica

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entre Marx y Rodbertus y las notables explicaciones de Marx en Teorías de la plusvalía, donde muestra con particular evidencia el valor revolucionario que la nacionalización de la tierra tiene desde el punto de vista democrático-burgues.

El menchevique P. Máslov, a quien con tan mala fortuna ha elegido Kautsky para consejero, negaba que los campesinos rusos pudieran aceptar la nacionalización de toda la tierra (incluyendo la de ellos). Este punto de vista estaba relacionado en cierto grado con su "original" teoría (repetición de lo dicho por los críticos burgueses de Marx), que negaba la renta absoluta y aceptaba la "ley" (o el "hecho", según decía Máslov) "de la fertilidad decreciente del suelo".

En realidad, la revolución de 1905 puso ya de manifiesto que la inmensa mayoria de los campesinos rusos, tanto miembros de las comunidades como propietarios de sus parcelas, deseaban la nacionalización de toda la tierra. La revolución de 1917 ha venido a confirmarlo y, después de pasar el Poder a manos del proletariado, lo ha convertido en realidad. Los bolcheviques han sido fieles al marxismo, no intentando (a pesar de que Kautsky nos acusa de ello sin sombra de pruebas) "saltar" por encima de la revolución democrático-burguesa. Los bolcheviques han empezado por ayudar a los ideólogos democrático-burgueses de los campesinos que eran más radicales, más revolucionarios, que estaban más cerca del proletariado, es decir, a los eseristas de izquierda, a realizar lo que era de hecho la nacionalización de la tierra. La propiedad privada sobre la tierra fue abolida en Rusia el 26 de octubre de 1917, es decir, el primer día de la revolución proletaria, socialista.

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De este modo se ha creado una base, la más perfecta desde el punto de vista del desarrollo del capitalismo (Kautsky no podrá negarlo sin romper con Marx), y, al mismo tiempo, el régimen agrario más flexible para el paso al socialismo. Desde el punto de vista democrático-burgués, los campesinos revolucionarios de Rusia no pueden ir más lejos : nada "más ideal" puede haber, desde este punto de vista, que la nacionalización de la tierra y la igualdad de su disfrute, nada "más radical" (desde el mismo punto de vista). Los bolcheviques, sólo los bolcheviques, y sólo en virtud del triunfo de la revolución proletaria, son los que han ayudado a los campesinos a llevar de veras a término la revolución democrático-burguesa. Y únicamente de este modo han hecho el máximo para facilitar y apresurar el paso a la revolución socialista.

Por ello puede juzgarse de la increíble confusión que ofrece a sus lectores Kautsky cuando acusa a los bolcheviques de no comprender el carácter burgués de la revolución y se aparta él mismo del marxismo hasta el punto de pasar en silencio la nacionalización de la tierra y de presentar la reforma agrazia liberal, la menos revolucionaria (desde el punto de vista burgués), como ¡"algo de socialismo"! -- --

Con ello nos acercamos al tercero de los problemas planteados más arriba: ¿Hasta qué punto ha tenido en cuenta la dictadura del proletariado en Rusia la necesidad de pasar al cultivo social de la tierra? Kautsky vuelve a cometer a este respecto algo que se parece mucho a una falsificación: ¡se limita a citar las "tesis" de un bolchevique, en las que se trata del problema del paso al cultivo colectivo de la tierra! Después de haber citado una de estas tesis, exclama nuestro "teórico" en tono de triunfo:

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"Con declarar que una cosa es un problema no se resuelve éste, por desgracia. La agricultura colectiva en Rusia está por ahora condenada a quedarse en el papel. Nunca ni en parte alguna han pasado los pequeños campesinos a la producción colectiva movidos por la persuasión teórica" (50).

Nunca ni en parte alguna ha recurrido un autor a tan grande argucia como Kautsky. Cita las "tesis", pero no dice ni una palabra de la ley del Poder soviético. ¡Habla de "persuasión teórica" y no dice ni una palabra del Poder estatal proletario que tiene en sus manos las fábricas y las mercancías! Todo lo que el marxista Kautsky escribía en 1899 en el Problema agrario sobre los medios de que dispone el Estado proletario para hacer pasar gradualmente a los pequeños campesinos al socialismo, lo olvida el renegado Kautsky en 1918.

Claro que unos centenares de comunas agrícolas y explotaciones soviéticas apoyadas por el Estado (es decir, de grandes explotaciones cultivadas por cooperativas obreras, a cuenta del Estado), representan muy poco. Pero ¿puede llamarse "crítica" el mutismo de Kautsky ante este hecho?

La nacionalización de la tierra, obra en Rusia de la dictadura del proletariado, constituyó la mejor garantía de que la revolución democrático-burguesa fuese llevada a su término, incluso en el caso de que una victoria de la contrarrevolución hiciera retroceder de la nacionalización al reparto (caso que analizo especialmente en mi libro sobre el programa agrario de los marxistas en la revolución de 1905). Además, la nacionalización de la tierra da al Estado proletario las máximas posibilidades para pasar al socialismo en la agricultura.

En resumen: Kautsky nos ofrece, teóricamente, una confusión increíble, apartándose por completo del marxismo; en

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la práctica vemos su servilismo ante la burguesía y el reformismo burgués. ¡Buena crítica, en verdad!

* * *

Su "análisis económico" de la industria lo inicia Kautsky con el magnífico razonamiento siguiente:

Rusia tiene una gran industria capitalista. ¿Sería factible montar sobre esta base la producción socialista? "Podría pensarse así si el socialismo consistiera en que los obreros de las distintas minas y fábricas las tomen en propiedad" (literalmente: se las apropien) "llevando a cabo la producción en cada una de ellas por cuenta propia" (52). "Precisamente hoy, 5 de agosto, el día en que escribo estas líneas -- añade Kautsky --, llegan de Moscú noticias sobre un discurso pronunciado por Lenin el 2 de agosto y en el cual, según comunican, ha dicho: 'Los obreros tienen firmemente las fábricas en sus manos, los campesinos no devolverán las tierras a los terratenientes'. La divisa de 'la fábrica para los obreros, la tierra para los campesinos' no ha sido hasta ahora una divisa socialdemócrata, sino anarcosindicalista" (52-53).

Hemos citado por entero este razonamiento para que los obreros rusos, que estimaban antes a Kautsky, y con razón, vean por sí mismos cómo procede este tránsfuga que se ha pasado a la burguesía.

En efecto: el 5 de agosto, cuando existía ya un sinnúmero de decretos sobre la nacionalización de las fábricas en Rusia, no "apropiándose", además, los obreros ni una sola de ellas, puesto que todas pasaron a ser propiedad de la República, el 5 de agosto Kautsky, interpretando con manifiesta superchería una frase de un discurso mío, trata de inculcar a los

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lectores alemanes la idea de que ¡en Rusia se entregan las fábricas a los obreros aislados! ¡Y después, en decenas y decenas de renglones, rumia eso de que las fábricas no deben entregarse a obreros aisladamente!

Esto no es crítica, sino un procedimiento de lacayo de la burguesía, a sueldo de los capitalistas para calumniar a la revolución obrera.

Las fábricas tienen que pasar a manos del Estado, de las comunidades o de las cooperativas de consumo, repite una y otra vez Kautsky, y por fin añade:

"Este es el camino que se ha intentado emprender ahora en Rusia". . . ¡¡Ahora!! ¿Qué quiere decir esto? ¿En agosto? Pero ¿no pudo encargar Kautsky a sus Stein, Axelrod o demás amigos de la burguesía rusa que le tradujeran siquiera algún decreto sobre las fábricas?

. . ."No se ve aún hasta dónde se ha llegado en este sentido. En todo caso, este aspecto de la República Soviética presenta para nosotros el máximo interés, pero sigue enteramente en las tinieblas. No faltan decretos". . . (¡Por eso ignora Kautsky su contenido o lo oculta a sus lectores!), "pero faltan noticias fidedignas sobre el efecto de tales decretos. La producción socialista es imposible sin una estadística completa, detallada, segura y rápida. Hasta ahora, la República Soviética no ha podido crearla. Lo que sabemos de sus medidas económicas es en extremo contradictorio, y resulta imposible comprobarlo. Esto es también uno de los resultados de la dictadura y del aplastamiento de la democracia. No hay libertad de imprenta ni de palabra". . . (53).

¡Así se escribe la historia! En la "libre" prensa de los capitalistas y de los partidarios de Dútov hubiera encontrado Kautsky datos sobre las fábricas transferidas a los obreros. . . ¡Es en verdad magnífico este "serio erudito" que se coloca por encima de las clases! Kautsky no quiere ni rozar ninguno de los innumerables hechos demostrativos de que las

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fábricas se transfieren únicamente a la República, de que de ellas dispone un órgano del Poder soviético, el Consejo Superior de Economía Nacional, compuesto principalmente por delegados de los sindicatos obreros. Con necio empeno del hombre enfundado en su caparazón repite porfiadamente: yo quiero una democracia pacífica, sin guerra civil, sin dictadura, con buenas estadísticas (la República Soviética ha creado un instituto de estadística, llevando a él a los elementos más competentes de Rusia, pero claro que una estadística ideal no puede conseguirse en seguida). En una palabra: lo que pretende Kautsky es revolución sin revolución, sin lucha enconada, sin violencias. Es como pedir que hubiera huelgas sin apasionada lucha entre obreros y patronos. ¡A ver quién distingue entre semejante "socialista" y un adocenado burócrata liberal!

Y basándose en semejantes "datos", es decir, rehuyendo intencionadamente, con pleno desprecio, los numerosísimos hechos, Kautsky "concluye":

"Es dudoso que, en lo que se refiere a verdaderas conquistas prácticas y no a decretos, haya conseguido el proletariado ruso con la República Soviética más de lo que hubiera obtenido de la Asamblea Constituyente, en la cual, lo mismo que en los Soviets, predominaban los socialistas, aunque de un matiz distinto" (58).

¿Verdad que es una perla? Aconsejamos a los partidarios de Kautsky que difundan ampliamente entre los obreros rusos estas palabras, porque no podían haber dado mejor prueba acreditativa de su caída política. ¡Kerenski era también "socialista", camaradas obreros, sólo que "de un matiz distinto"! El historiador Kautsky se contenta con un nombre, con un calificativo del que se "apropiaron" los eseristas de derecha y los mencheviques. Pero no quiere ni oir hablar de

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los hechos, que prueban que, bajo Kerenski, mencheviques y eseristas de derecha apoyaban la política imperialista y el pillaje de la burguesía, y silencia discreto que la Asamblea Constituyente daba la mayoría a esos héroes de la guerra imperialista y de la dictadura burguesa. ¡Y esto se llama "análisis económico"!. . .

Para terminar, otra muestra de "análisis económico":

. . ."A los nueve meses de existencia, en lugar de haber extendido el bienestar general, la República Soviética se ve obligada a explicar a qué se debe la escasez general" (41).

Los demócratas constitucionalistas nos tienen acostumbrados a semejantes razonamientos. Todos los lacayos de la burguesía siguen razonando en Rusia así: Dadnos, dicen, a los nueve meses, el bienestar general, después de cuatro años de una guerra destructora, con una ayuda múltiple del capital extranjero a la burguesía de Rusia, para que ésta siga el sabotaje y las insurrecciones. En la práctica no queda absolutamente ninguna diferencia, ni asomo de diferencia entre Kautsky y el burgués contrarrevolucionario. Discursos melosos, disfrazados de "socialismo", repiten lo que brutalmente, sin ambages ni adornos, dicen en Rusia las gentes de Kornílov, de Dútov y de Krasnov.

* * *

Las líneas que preceden fueron escritas el 9 de noviembre de 1918. El 9 por la noche han llegado de Alemania noticias que anuncian el comienzo victorioso de la revolución, primero en Kiel y otras ciudades del norte y del litoral, donde el Poder ha pasado a manos de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, y luego en Berlín, donde también ha pasado el Poder a manos de un Soviet.

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Huelga la conclusión que me quedaba por escribir para el folleto sobre Kautsky y la revolución proletaria.

10 de noviembre de 1918.


Escrito en octubre noviembre de 1918.

Publicado en 1918 en libro aparte por la
Editorial Kommunist, de Moscú.

Se imprimió de acuerdo con el texto del libro,
cotejado con el manuscrito.






miércoles, 16 de noviembre de 2016

INDIA: Condenan a muerte a 10 militantes maoístas por el caso Senari.




correovermello-noticias
New Delhi, 15.11,15
Hoy se han dado a conocer por el tribunal del distrito de Jehanabad, Bihar, la sentencia a dieciseis acusados en los sucesos de la localidad de Senari, a 60 km. de Patna, el 18 de marzo de 1999, donde fueron ejecutados 34 terratenientes de la casta Bhumihar Brahmin por guerrilleros maoístas del Centro Comunista Maoísta (MCC).
El tribunal, que el pasado 27de octubre juzgó los hechos, declaró la libertad para otros veintisiete acusados, pero considero culpables a otros dieciseis, cuyas penas han sido hechas publicas por la fiscalia condenando a la horca a los camaradas Brajesh Kumar Singh, Buddhan Yadav, Bhután Yadav, Satyendra Das, Lallan Pasi, Gopal Sao, Dwarika Paswan, Kariman Paswan, Gorai Paswan y Uma Paswan. Paswan. los camaradss Arvind Yadav y Mungeshwar Yadav fueron sentenciados a cadena perpetua.
Es evidente que el citado tribunal reaccionario pretende linchar a unos camaradas olvidando la ola de violencia criminal desatada por los terratenientes de la casta superior sobre los Dalits en los 90. Entre ellos destaca la masacre de 58 personas de la casta Dalit, incluyendo niños y mujeres, por el Ranveer Sena en el pueblo de Lakshmanpur Bathe en Jehanabad en diciembre de 1997.

martes, 15 de noviembre de 2016

V. I. LENIN: LA REVOLUCION PROLETARIA Y EL RENEGADO KAUTSKY (5ª parte)


LA CONSTITUCION SOVIETICA

Como ya he señalado, el negar a la burguesía el derecho de sufragio no constituye un elemento obligatorio e indispensable de la dictadura del proletariado. Tampoco en Rusia * ¡Hágase justicia, aunque perezca el mundo! -- N. de la Red.

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los bolcheviques, que mucho antes de Octubre habían proclamado la consigna de tal dictadura, hablaron de antemano de privar a los explotadores de derechos electorales. Este elemento de la dictadura no procede "del plan" de ningún partido, sino que ha surgido por sí mismo en el curso de la lucha. El historiador Kautsky, claro, no lo ha advertido. No comprende que la burguesía, ya cuando en los Soviets dominaban los mencheviques (partidarios de la conciliación con la burguesía), se había apartado por propia iniciativa de los Soviets, los boicoteaba, se oponía a ellos, e intrigaba contra ellos. Los Soviets surgieron sin Constitución alguna y subsistieron más de un año (desde la primavera de 1917 hasta el verano de 1918) sin Constitución alguna. El frenesí de la burguesía contra la organización de los oprimidos, organización independiente y omnipotente (por comprender a todos), la lucha más desvergonzada, más egoísta y más vil de la burguesía contra los Soviets, y, en fin, la complicidad manifiesta de la burguesía (desde los demócratas constitucionalistas hasta los eseristas de derecha, desde Miliukov hasta Kerenski) en la aventura de Kornílov, todo ello preparó la expulsión formal de la burguesía del seno de los Soviets.

Kautsky ha oído hablar del complot de Kornílov, pero manifiesta olímpico desprecio por los hechos históricos y el curso y las formas de la lucha, que deben determinar las formas de la dictadura: ¿qué tienen que ver, en efecto, los hechos si se trata de la democracia "pura"? Debido a esto, la "crítica" de Kautsky, dirigida contra la privación de derechos electorales a la burguesía se distingue por una . . . cándida ingenuidad, que sería enternecedora en un niño, pero que produce náuseas tratándose de un hombre a quien todavía no se ha declarado cretino oficialmente.

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. . . "Si los capitalistas, con el sufragio universal, hubieran quedado reducidos a insignificante minoría, se habrían conformado más fácilmente con su suerte" (pág. 33) . . . ¿Verdad que es encantador? El inteligente Kautsky ha visto muchas veces en la historia, y por experiencia de la vida conoce muy bien a terratenientes y capitalistas que conceden beligerancia a la voluntad de la mayoría de los oprimidos. El inteligente Kautsky se mantiene firme en el punto de vista de la "oposición", es decir, en el punto de vista de la lucha parlamentaria. Así lo dice textualmente: "oposición" (págs. 34 y otras muchas).

¡Oh sabio historiador y político! Sepa usted que "oposición" es un concepto de lucha pacífica y exclusivamente parlamentaria, es decir, una noción que responde a una situación no revolucionaria, a la ausencia de revolución. En la revolución nos encontramos con un enemigo que es implacable en la guerra civil; ninguna jeremiada reaccionaria de pequeñoburgués, que teme a esa guerra como la teme Kautsky, hará cambiar en nada este hecho. Es ridículo enfocar desde el punto de vista de la "oposición" los problemas de una guerra civil implacable cuando la burguesía se decide a todos los crímenes -- el ejemplo de los versalleses y de sus tratos con Bismarck dice bastante a todo el que no vea la historia como el Petrushka de Gógol --, cuando la burguesía llama en su auxilio a Estados extranjeros e intriga con ellos contra la revolución. Lo mismo que Kautsky, "consejero del confusionismo", el proletariado revolucionario debe calarse el gorro de dormir y considerar como una simple "oposición" legal a esta burguesía que organiza las revueltas contrarrevolucionarias de Dútov, de Krasnov y de los checoslovacos, que prodiga millones a los saboteadores. ¡Qué profundidad de pensamiento!

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Lo único que a Kautsky le interesa es el lado formal y jurídico del asunto, de modo que al leer sus razonamientos sobre la Constitución soviética nos vienen a la memoria unas palabras de Bebel: Los juristas son gente reaccionaria hasta la médula. "En realidad -- escribe Kautsky -- no se puede privar de derechos únicamente a los capitalistas. ¿Qué es el capitalista en sentido jurídico? ¿Un hombre que posee bienes? Incluso en un país económicamente tan avanzado como Alemania, cuyo proletariado es tan numeroso, la implantación de una república soviética privaría de derechos políticos a grandes masas. En 1907, en el imperio alemán el número de personas (comprendidas sus familias) ocupadas en los tres grandes grupos -- agricultura, industria y comercio -- ascendía a casi 35 millones de empleados y obreros asalariados y 17 millones de productores independientes. Por tanto, el partido puede muy bien ser mayoría entre los obreros asalariados, pero minoría en la población" (pág. 33).

Típico modo de razonar de Kautsky. ¿No es esto una lamentación contrarrevolucionaria de burgués? ¿Por qué ha incluido usted, señor Kautsky, a todos los "independientes" en la categoría de personas desprovistas de derechos, cuando sabe muy bien que la inmensa mayoría de los campesinos rusos no tienen obreros asalariados y por tanto no se les priva de derechos? ¿No es esto una falsificación?

¿Por qué usted, sabio economista, no ha reproducido datos que conoce perfectamente y que figuran en la misma estadística alemana de 1907 sobre el trabajo asalariado en los diversos grupos de explotaciones agrícolas? ¿Por qué no ha citado usted estos datos a los obreros alemanes, lectores de su folleto, que así verían cuántos e x p l o t a d o r e s, qué pocos explotadores hay entre el total de los "agricultores" de la estadística alemana?

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Porque su apostasía le ha convertido en un simple sicofante al servicio de la burguesía.

El capitalista, viene a decirnos, es un concepto jurídico impreciso, y Kautsky dedica unas cuantas páginas a fulminar la "arbitrariedad" de la Constitución soviética. El "concienzudo erudito" permite a la burguesía inglesa componer y perfeccionar durante siglos una Constitución burguesa nueva (nueva para la Edad Media), pero a nosotros, los obreros y campesinos de Rusia, este representante de una ciencia servil no nos concede plazo alguno. A nosotros nos exige una Constitución ultimada hasta el más pequeño detalle en unos cuantos meses. . .

. . . ¡"Arbitrariedad"! Juzgad qué abismo del más vil servilismo ante la burguesía y de estúpida pedantería descubre semejante reproche. Los juristas de los países capitalistas, burgueses hasta la médula y en su mayoría reaccionarios, han dedicado siglos o decenios a redactar las más minuciosas reglas, a escribir decenas y centenares de volúmenes de leyes y comentarios para oprimir al obrero, para atar de pies y manos al pobre, para oponer mil argucias y trabas al simple trabajador del pueblo, ¡oh, pero los liberales burgueses y el señor Kautsky no ven en ello ninguna "arbitrariedad"! ¡No ven más que "orden" y "legalidad"! Allí, todo está meditado y prescrito para "estrujar" todo lo posible al pobre. Allí hay millares de abogados y funcionarios burgueses (de los que Kautsky no habla en absoluto, seguramente porque Marx concedía muchísima importancia a la destrucción de la máquina burocrática. . .); millares de abogados y funcionarios que saben interpretar las leyes de manera que el obrero y el campesino medio no consigan atravesar nunca las alambradas que sus preceptos levantan. Eso no es "arbitrariedad" de la burguesía, eso no es una dictadura de viles y ávidos

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explotadores, hartos de sangre del pueblo, nada de eso. Es la "democracia pura", que cada día va haciéndose más y más pura.

¡Pero cuando las clases trabajadoras y explotadas, aisladas por la guerra imperialista de sus hermanos extranjeros, crean por primera vez en la historia sus Soviets, incorporan a la actividad política a las masas que la burguesía oprimía, embrutecía y embotaba, cuando comienzan a construir ellas mismas un Estado nuevo, proletario, cuando, en el ardor de una lucha encarnizada, en el fuego de la guerra civil, co mienzan a esbozar los principios fundamentales de un Estado sin explotadores, todos los canallas de la burguesía, toda la banda de vampiros con su acólito Kautsky, claman contra la "arbitrariedad"! En efecto, ¿cómo pueden esos ignorantes, esos obreros y campesinos, ese "populacho", interpretar sus leyes? ¿Dónde van a adquirir el sentido de la justicia esos simples trabajadores, sin los consejos de cultos abogados, de escritores burgueses, de los Kautsky y de los sabios funcionarios de antaño?

De mi discurso del 28 de abril de 1918 el señor Kautsky cita estas palabras: . . . "Las masas determinan ellas mismas la forma y la fecha de las elecciones" . . . Y el "demócrata puro" Kautsky concluye:

. . ."De modo que, por lo visto, cada asamblea de electores establece como gusta el procedimiento de las elecciones. La arbitrariedad y la posibilidad de deshacerse de los elementos de oposición molestos, en el seno del mismo proletariado, se multiplicarían de este modo en grado extremo" (pág. 37).

¿En qué se distingue esto de los discursos de un coolí de la pluma vendido a los capitalistas, que clama porque en una huelga la masa sojuzga a los obreros aplicados que "desean trabajar"? ¿Por qué no es arbitrariedad que los fun-

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cionarios burgueses determinen el procedimiento de las elecciones en la democracia burguesa "pura"? ¿Por qué el sentido de justicia de las masas que se han levantado para luchar contra sus explotadores seculares, de las masas a las que instruye y templa esta lucha desesperada, ha de ser inferior al de un puñado de funcionarios, intelectuales y abogados nutridos de prejuicios burgueses ?

Kautsky es un verdadero socialista, no se ponga en duda la sinceridad de este venerable padre de familia, de este honradísimo ciudadano. Es partidario ardiente y convencido de la victoria de los obreros, de la revolución proletaria. Su único deseo sería que primero, antes del movimiento de las masas, antes de su furiosa lucha contra los explotadores y obligatoriamente sin guerra civil, los melifluos intelectualillos pequeñoburgueses y filisteos, calado el gorro de dormir, compusieran unos moderados y precisos estatutos del desarrollo de la revolución . . .

Con profunda indignación moral refiere nuestro doctísimo Judas Golovliov a los obreros alemanes que el 14 de junio de 1918, el Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia acordó expulsar de los Soviets a los representantes del partido eserista de derecha y de los mencheviques. "Esta medida -- escribe el Judas Kautsky, ardiendo de noble indignación -- no va dirigida contra personas determinadas, que hayan cometido determinados actos punibles . . . La Constitución de la República Soviética no dice ni una palabra de la inmunidad de los diputados a los Soviets. No son determinadas personas, sino determinados partidos a los que en este caso se expulsa de los Soviets" (pág. 37).

Sí, esto es en efecto horrible, es apartarse de un modo intolerable de la democracia pura, con arreglo a cuyas normas hará la revolución nuestro revolucionario Judas Kauts-

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ky. Nosotros, los bolcheviques rusos, debimos haber empezado por prometer la inmunidad a los Sávinkov y compañía, a los Líberdan[20], Pótresov (los "activistas") y compañía y después redactar un código penal por el que se declarara "punible" la participación en la guerra contrarrevolucionaria de los checoslovacos, o la alianza con los imperialistas alemanes en Ucrania o en Georgia contra los obreros de su país; sólo después, en virtud de este código penal, hubiéramos estado facultados según la "democracia pura", para expulsar de los Soviets a "determinadas personas". Se sobreentiende que los checoslovacos, que recibían dinero de los capitalistas anglo-franceses por mediación de los Sávinkov, Pótresov y Líberdan (o gracias a su propaganda), lo mismo que los Krasnov, que han recibido proyectiles de los alemanes por mediación de los mencheviques de Ucrania y de Tiflís, se habrían estado quietos hasta que nosotros hubiésemos redactado nuestro código penal en la forma debida y, como los más puros demócratas, habríanse limitado a un papel de "oposición". . .

La misma indignación moral siente Kautsky ante el hecho de que la Constitución soviética priva de los derechos electorales a los que "emplean obreros asalariados con fines de lucro". "Un trabajador a domicilio o un pequeño patrono con un oficial -- escribe Kautsky --, pueden vivir y sentir como verdaderos proletarios y no tienen derecho a votar" (pág. 36).

¡Qué desviación de la "democracia pura"! ¡Qué injusticia! Bien es verdad que hasta ahora todos los marxistas suponían, y miles de hechos lo confirmaban, que los peque ños patronos son los más crueles y mezquinos explotadores de los obreros asalariados; pero el Judas Kautsky no habla, naturalmente, de la clase de los pequeños patronos (¿quién

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habrá imaginado la funesta teoría de la lucha de clases?), sino de individuos, de explotadores, que "viven y sienten como verdaderos proletarios". La famosa Agnes la hacendosa, a la que se creía muerta hace tiempo, ha resucitado bajo la pluma de Kautsky. Esta Agnes la hacendosa la inventó hace algunos decenios y puso en boga en la literatura alemana un demócrata "puro", el burgués Eugenio Richter. Este predijo indecibles males como consecuencia de la dictadura del proletariado, de la confiscación del capital de los explotadores, y preguntó con candor qué significaba un capitalista en sentido jurídico. Como ejemplo, citaba a una costurera pobre y hacendosa (Agnes la hacendosa ), a la que los malos "dictadores del proletariado" arrebataban hasta el último céntimo. Hubo un tiempo en que toda la socialdemocracia alemana se rió de esta Agnes la hacendosa del demócrata puro Eugenio Richter. Pero esa época está ya lejos, tan lejos que se refiere a los tiempos en que aún vivía Bebel y decía francamente esta verdad: en nuestro partido hay muchos nacional-liberales[21]. Tanto tiempo hace, que Kautsky aún no era renegado.

Y ahora Agnes la hacendosa ha resucitado en la persona del "pequeño patrono con un solo oficial, que vive y siente como un verdadero proletario". Los malvados bolcheviques se portan mal con él, le privan del derecho a votar. Verdad es que "cada asamblea de electores", según dice el mismo Kautsky, puede en la República Soviética admitir a un pobre artesano relacionado, por ejemplo, con una fábrica, si por excepción no es un explotador, si en realidad "vive y siente como un verdadero proletario". ¿Pero puede uno fiarse del conocimiento de la vida, del sentido de justicia de una asamblea de simples obreros de una fábrica, mal organizados y que proceden (¡horror!) sin estatutos? ¿No está claro acaso que vale más conceder derechos electorales a todos los explota-

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dores, a todos los que emptean obreros asalariados, que correr el riesgo de que los trabajadores traten mal a Agnes la hacendosa y al "artesano que vive y siente como un proletario"?

* * *

Dejemos a los despreciables canallas de la apostasía, alentados por los aplausos de los burgueses y de los socialchovinistas[*], que vilipendien nuestra Constitución soviética porque priva a los explotadores del derecho de votar. Tanto mejor, porque así se hará más rápida y profunda la escisión entre los obreros revolucionarios de Europa y los Scheidemann y Kautsky, Renaudel y Longuet, Henderson, y Ramsay MacDonald, los viejos jefes y viejos traidores del socialismo.

Las masas de las clases oprimidas, los jefes conscientes y honrados del proletariado revolucionario estarán con nosotros. Bastará dar a conocer a estos proletarios y a estas masas nuestra Constitución soviética para que digan en seguida: Esos son de verdad h o m b r e s n u e s t r o s, ése es un ver dadero partido obrero, un verdadero gobierno obrero. Porque no engaña a los obreros con palabrería acerca de reformas, como nos han engañado todos los jefes mencionados, sino que lucha en serio contra los explotadores, lleva a cabo en serio la revolución, combate de veras por la plena emancipación de los trabajadores. * Acabo de leer en el editorial de la Gaceta de Francfort [22] del 22 de octubre de 1918 (núm. 293) un resumen entusiasta del folleto de Kautsky. El periódico de los bolsistas está encantado. ¿Cómo no? Y un camarada de Berlín me escribe que Vorwärts [23], el periódico de los Scheidemann ha declarado en un artículo especial que suscribe casi todas las líneas de Kautsky. ¡Le felicitamos y le felicitamos!

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Si los Soviets, después de un año de "práctica", privan a los explotadores del derecho a votar, esto quiere decir que los Soviets son de veras organizaciones de las masas oprimidas, y no de los socialimperialistas ni de los socialpacifistas vendidos a la burguesía. Si estos Soviets han quitado a los explotadores el derecho a votar, esto quiere decir que los Soviets no son órganos de conciliación pequeñoburguesa con los capitalistas, no son órganos de charlatanería parlamentaria (de los Kautsky, Longuet y MacDonald), sino órganos del proletariado verdaderamente revolucionario, que sostiene una lucha a muerte contra los explotadores.

"Casi no se conoce aquí el opúsculo de Kautsky", me ha escrito desde Berlín uno de estos días (hoy estamos a 30 de octubre) un camarada bien informado. Yo aconsejaría a nuestros embajadores en Alemania y Suiza que no escatimaran recursos para comprar este libro y distribuirlo gratis entre los obreros conscientes, para enterrar en el fango a la socialdemocracia "europea" -- léase imperialista y reformista --, esa socialdemocracia que desde hace tiempo es un "cadáver en descomposición" .

* * *

Al final de su libro, en las páginas 61 y 63, el señor Kautsky deplora amargamente que "la nueva teoría" (que es como llama al bolchevismo, temiendo abordar el análisis que Marx y Engels hicieron de la Comuna de París) "encuentre partidarios incluso en viejas democracias como Suiza". "Es incomprensible", para Kautsky, "que acepten esta teoría los socialdemócratas alemanes".

Por el contrario, es perfectamente comprensible, porque después de las serias lecciones de la guerra, tanto los Schei-

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demann como los Kautsky inspiran repugnancia a las masas revolucionarias.

¡"Nosotros", que hemos propugnado siempre la democracia -- escribe Kautsky --, vamos de pronto a renunciar a ella!

"Nosotros", los oportunistas de la socialdemocracia, hemos estado siempre contra la dictadura del proletariado, y los Kolb y Cía. lo dijeron francamente hace mucho tiempo. Kautsky lo sabe, y en vano cree que conseguirá ocultar a los lectores un hecho tan evidente como su "vuelta al seno" de los Bernstein y Kolb.

"Nosotros", los marxistas revolucionarios, no hemos hecho nunca un fetiche de la democracia "pura" (burguesa). Se sabe que Plejánov era en 1903 un marxista revolucionario (antes de su lamentable viraje, que hizo de él un Scheidemann ruso). Y Plejánov dijo entonces, en el Congreso del Partido en que se adoptó el programa, que en la revolución el proletariado, si era necesario, privaría de derechos electorales a los capitalistas, disolvería cualquier parlamento si éste resultaba ser contrarrevolucionario. Tal es el único punto de vista que responde al marxismo; así puede verlo cualquiera, siquiera sea por las manifestaciones de Marx y Engels citadas anteriormente. Es un corolario evidente de todos los principios marxistas.

"Nosotros", los marxistas revolucionarios, no hemos dirigido al pueblo los discursos que gustaban de pronunciar los kautskianos de todos los países en sus funciones de lacayos de la burguesía, adaptándose al parlamentarismo burgués, disimulando el carácter burgués de la democracia contemporánea y reclamando tan sólo su ampliación, su aplicación completa.

"Nosotros" le hemos dicho a la burguesía: Vosotros, explotadores e hipócritas, habláis de democracia y al mismo

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tiempo levantáis a cada paso millares de obstáculos, para impedir que las masas oprimidas participen en la vida política. Os cogemos la palabra y exigimos, en interés de estas masas, que ampliéis v u e s t r a democracia burguesa, a fin de preparar a las masas para la revolución que os derribará a vosotros, los explotadores. Y si vosotros, los explotadores, intentáis hacer frente a nuestra revolución proletaria, os aplastaremos implacablemente, os privaremos de derechos, es más, no os daremos pan, porque en nuestra república proletaria los explotadores carecerán de derechos, se verán privados del agua y del fuego, porque somos socialistas de verdad, y no como los Scheidemann y los Kautsky.

Así es como hemos hablado y hablaremos "nosotros", los marxistas revolucionarios, y por ello las masas oprimidas estarán en favor nuestro y con nosotros, mientras que los Scheidemann y los Kautsky irán a parar al basurero de los renegados.


¿QUE ES EL INTERNACIONALISMO?

Kautsky, con la máxima convicción, se cree y se proclama internacionalista. A los Scheidemann los califica de "socialistas gubernamentales". En la defensa que hace de los mencheviques (él no confiesa francamente su solidaridad con ellos, pero aplica todas sus ideas), Kautsky ha demostrado con extraordinaria evidencia la calidad de su "internacionalismo". Y como Kautsky no es una unidad aislada, sino que representa una corriente inevitablemente nacida en el ambiente de la II Internacional (Longuet en Francia, Turati en Italia, Nobs, Grimm, Graber y Naine en Suiza; Ramsay MacDonald en

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Inglaterra, etc.), es instructivo detenerse en el "internacionalismo" de Kautsky.

Después de subrayar que los mencheviques estuvieron también en Zimmerwald (diploma, sin duda, pero. . . un poco deteriorado), traza Kautsky el siguiente cuadro de las ideas de los mencheviques, con los cuales se muestra de acuerdo:

. . . "Los mencheviques querían la paz universal. Querían que todos los beligerantes aceptasen la consigna de paz sin anexiones ni contribuciones de guerra. Mientras esto no se consiguiera, el ejército ruso, según ellos, debía mantenerse en disposición de combate. En cambio, los bolcheviques exigían la paz inmediata a toda costa, estaban dispuestos a concertar una paz por separado en caso de necesidad; pugnaban por hacerla inevitable mediante la fuerza, aumentando la desorganización del ejército, que ya de por sí era grande" (pág. 27). Según Kautsky, los bolcheviques no debieron tomar el Poder, sino contentarse con la Constituyente.

Por tanto, el internacionalismo de Kautsky y de los mencheviques consiste en lo siguiente: Exigir reformas del gobierno burgués imperialista, pero continuar sosteniéndolo, continuar sosteniendo la guerra dirigida por este gobierno hasta que todos los beligerantes hayan aceptado la consigna de paz sin anexiones ni contribuciones. Esta idea la han expresado muchas veces Turati, los kautskianos (Haase y otros) y Longuet y Cía., quienes manifestaron que estaban por la "defensa de la patria".

Desde el punto de vista teórico, esto supone total incapacidad de separarse de los socialchovinistas y un completo embrollo en el problema de la defensa de la patria. Desde el punto de vista político, es suplantar el internacionalismo por un nacionalismo pequeñoburgués y pasarse al lado del reformismo, renegar de la revolución.

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Reconocer la "defensa de la patria" es justificar esta guerra desde el punto de vista del proletariado, legitimarla. Y como la guerra sigue siendo imperialista (tanto bajo la monarquía como bajo la república) lo mismo si los ejércitos adversarios están en un momento dado en territorio propio que si están en territorio extranjero, reconocer la defensa de la patria es de hecho apoyar a la burguesía imperialista y depredadora, hacer completa traición al socialismo. En Rusia, con Kerenski, con una república democrático-burguesa, la guerra seguía siendo imperialista, porque la hacía la burguesía como clase dominante (y la guerra es "continuación de la política"); con particular evidencia han demostrado el carácter imperialista de la guerra los tratados secretos que sobre el reparto del mundo y el pillaje de otros países había estipulado el ex zar con los capitalistas de Inglaterra y de Francia.

Los mencheviques engañaban miserablemente al pueblo diciendo que se trataba de una guerra defensiva o revolucionaria, y Kautsky, al aprobar la política de los mencheviques, aprueba que se engañe al pueblo, aprueba el papel de los pequeños burgueses, que para servir al capital embaucan a los obreros y los atan al carro del imperialismo. Kautsky mantiene una política típicamente pequeñoburguesa, filistea, imaginándose (e inculcando a las masas esa idea absurda) que con lanzar una consigna cambian las cosas. Toda la historia de la democracia burguesa pone al desnudo esta ilusión: para engañar al pueblo, los demócratas burgueses han lanzado y lanzan siempre todas las "consignas" imaginables. El problema consiste en comprobar su sinceridad, en comparar las palabras con los hechos, en no contentarse con frases idealistas o charlatanescas, sino en ver la realidad de clase. La guerra imperialista no deja de serlo cuando los charlatanes o los mesócratas filisteos lanzan una "consigna" dulzona, sino única-

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mente cuando la clase que dirige la guerra imperialista y está ligada a ella por millones de hilos (incluso de maromas) de carácter económico, es en la realidad derribada y la sustituye en el Poder la clase verdaderamente revolucionaria, el proleta riado. De otro modo es imposible librarse de una guerra imperialista, así como de una paz imperialista, rapaz.

Al aprobar la política exterior de los mencheviques, al calificarla de internacionalista y zimmerwaldiana, Kautsky pone al descubierto en primer lugar toda la podredumbre de la mayoría oportunista de Zimmerwald (¡no sin razón nosotros, la izquierda de Zimmerwald[24], nos separamos inmediatamente de tal mayoría!), y en segundo lugar -- y esto es lo más importante --, pasa del punto de vista proletario al pequeñoburgués, de la posición revolucionaria a la reformista.

El proletariado lucha para derribar a la burguesía imperialista mediante la revolucion; la pequeña burguesía propugna el "perfeccionamiento" reformista del imperialismo, la adaptación a él, sometiéndose a él. Cuando Kautsky era todavía marxista, por ejemplo en 1909, al escribir El camino del Poder, defendía precisamente la idea de que la revolución era inevitable en caso de guerra, hablaba de la proximidad de una era de revoluciones. El Manifiesto de Basilea de 1912, habla clara y terminantemente de la revolución proletaria derivada de la guerra imperialista entre los grupos alemán e inglés, que fue precisamente la que estalló en 1914. Y en 1918, cuando han comenzado las revoluciones derivadas de la guerra, en vez de explicar su carácter inevitable, en vez de meditar y concebir hasta el fin la táctica revolucionaria, los medios y los procedimientos de prepararse para la revolución, Kautsky se dedica a llamar internacionalismo a la táctica reformista de los mencheviques. ¿No es esto una apostasía?

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Kautsky elogia a los mencheviques porque insistieron en que se mantuviera el ejército en disposición de combate. A los bolcheviques les censura el haber aumentado la "desorganización del ejército", que ya de por sí era grande. Esto significa elogiar el reformismo y la subordinación a la burguesía imperialista, censurar la revolución y renegar de ella, porque mantener bajo Kerenski la disposición de combate significaba y era conservar el ejército con los mandos burgueses (aun cuando republicanos). Todo el mundo sabe -- y el curso de los acontecimientos lo ha demostrado con evidencia -- que el ejército republicano conservaba el espíritu kornilovista, pues los mandos eran kornilovistas. La oficialidad burguesa no podía menos de ser kornilovista, de inclinarse hacia el imperialismo, hacia el sojuzgamiento violento del proletariado. La táctica de los mencheviques se reducía de hecho a dejar intactas todas las bases de la guerra imperialista, todas las bases de la dictadura burguesa, arreglando detalles de poca monta y componiendo pequeños defectos ("reformas").

Y a la inversa. Sin "desorganización" del ejército no se ha producido ni puede producirse ninguna gran revolución. Porque el ejército es el instrumento más fosilizado en que se apoya el viejo régimen, el baluarte más pétreo de la disciplina burguesa y de la dominación del capital, del mantenimiento y la formación de la mansedumbre servil y la sumisión de los trabajadores ante el capital. La contrarrevolución no ha tolerado ni pudo tolerar jamás que junto al ejército existieran obreros armados. En Francia -- escribía Engels --, después de cada revolución estaban aún armados los obreros "por eso, el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los burgueses que se hallaban al frente del Estado"[25]. Los obreros armados eran germen de un ejército nuevo, la célula orgánica de un nuevo régimen social. Aplastar esta célula,

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impedir su crecimiento, era el primer mandamiento de la burguesía. El primer mandamiento de toda revolución triunfante -- Marx y Engels lo han subrayado muchas veces -- ha sido deshacer el viejo ejército, disolverlo y reemplazarlo por un ejército nuevo[26]. La clase social nueva que se alza a la conquista del Poder, no ha podido nunca ni ahora puede conseguir ese Poder ni afianzarse en él sin destrozar por completo el antiguo ejército ("desorganización", claman con este motivo los mesócratas reaccionarios o sencillamente cobardes); sin pasar por un período sembrado de dificultades y de pruebas, falto de todo ejército (la gran revolución francesa pasó también por este terrible período); sin formar poco a poco, en dura guerra civil, el nuevo ejército, la nueva disciplina, la nueva organización militar de una nueva clase. El historiador Kautsky lo comprendía antes. El renegado Kautsky lo ha olvidado.

¿Con qué derecho llama Kautsky a los Scheidemann "socialistas gubernamentales", cuando él mismo aprueba la táctica de los mencheviques en la revolución rusa? Los mencheviques, que apoyaban a Kerenski y entraron a formar parte de su ministerio, eran igualmente socialistas gubernamentales. Kautsky no podrá rehuir en modo alguno esta conclusión, si es que intenta referirse a la clase dominante que hace la guerra imperialista. Pero Kautsky rehuye hablar de la clase dominante, problema obligatorio para un marxista, porque sólo el plantearlo bastaría para desenmascarar a un renegado.

Los kautskianos de Alemania, los longuetistas de Francia y los Turati y Cía. de Italia, razonan del modo siguiente: el socialismo presupone la igualdad y la libertad de las naciones, su autodeterminación; por tanto, cuando nuestro país es atacado o lo invaden tropas enemigas, los socialistas tienen el

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derecho y el deber de defender la patria. Pero este razonamiento es, desde el punto de vista teórico, una burla completa del socialismo o un vil subterfugio, y en el terreno político-práctico coincide con el de un rústico de supina ignorancia que ni siquiera sabe pensar en el carácter social de la guerra, en su carácter de clase, ni en las tareas de un partido revolucionario durante la guerra reaccionaria.

El socialismo se opone a la violencia ejercida contra las naciones. Esto es indiscutible. Y el socialismo se opone en general a la violencia ejercida contra los hombres. Sin embargo, exceptuando a los anarquistas cristianos y a los discípulos de Tolstói, nadie ha deducido todavía de ello que el socialismo se oponga a la violencia revolucionaria. Por tanto, hablar de "violencia" en general, sin distinguir las condiciones que diferencian la violencia reaccionaria de la revolucionaria, es equipararse a un filisteo que reniega de la revolución, o bien, sencillamente, engañarse uno mismo y engañar a los demás con sofismas.

Lo mismo puede decirse de la violencia ejercida contra las naciones. Toda guerra es una violencia contra naciones, pero esto no obsta para que los socialistas estén a favor de la guerra revolucionaria. El carácter de clase de una guerra es lo fundamental que se plantea un socialista (si no es un renegado). La guerra imperialista de 1914-1918 es una guerra entre dos grupos de la burguesía imperialista que se disputan el reparto del mundo y del botín, que quieren expoliar y ahogar a las naciones pequeñas y débiles. Así es como definió la guerra el Manifiesto de Basilea en 1912, y los hechos han confirmado su apreciación. El que se aparte de este punto de vista sobre la guerra no es socialista.

Si un alemán del tiempo de Guillermo o un francés del tiempo de Clemenceau dicen: Tengo, como socialista, el de-

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recho y el deber de defender mi patria si el enemigo la invade, no razona como socialista, como internacionalista, como proletario revolucionario, sino como pequeñoburgués nacionalista. Porque en este razonamiento desaparece la lucha revolucionaria de clase del obrero contra el capital, desaparece la apreciación de toda la guerra en conjunto, desde el punto de vista de la burguesía mundial y del proletariado mundial, es decir, desaparece el internacionalismo y no queda sino un nacionalismo miserable e inveterado. Se agravia a mi país, lo demás no me importa: a esto se reduce tal razonamiento, y en ello reside su estrechez pequeñoburgués-nacionalista. Es como si alguien razonara así en relación con la violencia individual contra una persona: el socialismo se opone a la violencia; por eso, yo prefiero cometer una traición antes que ir a la cárcel.

El francés, alemán o italiano que dice: el socialismo condena la violencia ejercida contra las naciones, y por esto yo me defiendo contra el enemigo que invade mi país, traiciona al socialismo y al internacionalismo. Ese hombre no ve más que su "país", coloca por encima de todo "su". . . burguesía, sin pensar en los lazos internacionales que hacen imperialista la guerra, que hacen de s u burguesía un eslabón en la cadena del bandidaje imperialista.

Todos los mesócratas y todos los rústicos necios e ignorantes razonan igual exactamente que los renegados -- kautskianos, longuetistas, Turati y Cía. --, o sea: el enemigo está en mi país, lo demás no me importa*. * Los socialchovinistas (los Scheidemann, los Renaudel, los Henderson, los Gompers y Cía.) no quieren oir hablar de la "Internacional" durante la guerra. Consideran a los enemigos de "su " burguesía "traidores". . . al socialismo. Propugnan la política de conquistas de su burguesía. Los socialpacifistas (es decir, socialistas de palabra y en realidad pacifistas [cont. en pág. 75. -- DJR] pequeñoburgueses) expresan todo género de sentimientos "internacionalistas", protestan contra las anexiones, etc., pero de hecho continúan apoyando a s u burguesía imperialista. No es grande la diferencia entre estos dos tipos, algo así como entre un capitalista que pronuncie discursos atrabiliarios y otro que los pronuncie melifluos.

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El socialista, el proletario revolucionario, el internacionalista razona de otra manera: el carácter de la guerra (la guerra es reaccionaria o revolucionaria) no depende de quién haya atacado ni del territorio en que esté el "enemigo", sino de la clase que sostiene la guerra y de la política de la cual es continuación esa guerra. Si se trata de una guerra imperialista reaccionaria, es decir, de una guerra entre dos grupos mundiales de la burguesía reaccionaria imperialista, despótica y expoliadora, toda burguesía (incluso la de un pequeño país) se hace cómplice de la rapiña, y yo, representante del proletariado revolucionario, tengo el deber de preparar la revolución proletaria mundial como ú n i c a salvación de los horrores de la guerra mundial. No debo razonar desde el punto de vista de "mi" país (porque ésta es la manera de razonar del mesócrata nacionalista, desgraciado cretino que no comprende que es un juguete en manos de la burguesía imperialista), sino desde el punto de vista de mi participación en la preparación, en la propaganda, en el acercamiento de la revolución proletaria mundial.

Esto es internacionalismo, éste es el deber del internacionalista, del obrero revolucionario, del verdadero socialista. Este es el abecé que "olvida" el renegado Kautsky. Pero su apostasía se hace aún más evidente cuando, después de dar el visto bueno a la táctica de los nacionalistas pequeñoburgueses (mencheviques en Rusia, longuetistas en Francia, Turati en Italia, Haase y Cía. en Alemania), pasa a criticar la táctica bolchevique. Veamos esta crítica:

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"La revolución bolchevique se basaba en la hipótesis de que sería el punto de partida para la revolución general europea, de que la osada iniciativa de Rusia incitaría a todos los proletarios de Europa a levantarse.
Partiendo de este supuesto, poco importaban, naturalmente, las formas que pudiera tomar la paz separada rusa, los sacrificios y las pérdidas territoriales (literalmente: mutilaciones, Verstümmnelungen ) que trajera al pueblo ruso, la interpretación que diera a la autodeterminación de las naciones. Entonces carecia también de importancia si Rusia era o no capaz de defenderse. Desde este punto de vista, la revolución europea era la mejor defensa de la revolución rusa, debía dar a todos los pueblos del antiguo territorio ruso una verdadera y completa autodeterminación.
La revolución en Europa, que debia instaurar y afianzar allí el socialismo, tenía que servir también para apartar los obstáculos que el atraso económico del país ponía en Rusia a la realización de una producción socialista.
Todo esto era muy lógico y bien fundado, siempre que se admitiera una hipótesis fundamental: la revolución rusa tiene que desencadenar infaliblemente la europea. Pero ¿y en el caso de que no suceda así?
Hasta ahora no se ha confirmado esta hipótesis. Y ahora se acusa a los proletarios de Europa de haber abandonado y traicionado a la revolucion rusa. Es una acusación contra desconocidos, porque ¿a quién puede hacerse responsable de la conducta del proletariado europeo?" (pág. 28).

Y Kautsky remacha esto añadiendo que Marx, Engels y Bebel se equivocaron más de una vez en lo que respecta al estallido de la revolución que esperaban, pero que nunca basaron su táctica en la espera de la revolución "a fecha fija " (pág. 29), mientras que, según él, los bolcheviques "lo han jugado todo a la carta de la revolución general europea".

Hemos reproducido expresamente una cita tan larga para que el lector pueda ver claramente con qué "habilidad" falsifica Kautsky el marxismo, sustituyéndolo por viles y reaccionarias concepciones filisteas.

En primer lugar, atribuir al adversario una evidente necedad y refutarla después es procedimiento de personas no muy inteligentes. Hubiera sido una tontería indiscutible

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por parte de los bolcheviques el fundar su táctica en la espera de la revolución a fecha fija en otros países. Pero el Partido Bolchevique no la ha cometido: en mi carta a los obreros norteamericanos (20 de agosto de 1918) yo la descarto rotundamente, diciendo que contamos con la revolución en Norteamérica, pero no para una fecha determinada. En mi polémica contra los eseristas de izquierda y los "comunistas de izquierda" (enero a marzo de 1918) he expuesto muchas veces la misma idea. Kautsky recurre a una pequeña. . . a una pequeñísima treta, fundando en ella su crítica del bolchevismo. Kautsky mete en un mismo puchero la táctica que cuenta con la revolución europea para una fecha más o menos próxima, pero no fija, con la táctica que espera la revolución europea a fecha fija. ¡Una pequeña, una pequeñísima adulteración!

La segunda táctica es una estupidez. La primera es obligatoria para el marxista, para todo proletario revolucionario y para todo internacionalista; obligatoria, porque es la única que tiene en cuenta acertadamente como lo exige el marxismo, la situación objetiva resultante de la guerra en todos los países de Europa, la única que responde a las tareas internacionales del proletariado.

¡Suplantando el gran problema de los principios de la táctica revolucionaria en general por la mezquina cuestión del error que hubieran podido cometer los revolucionarios bolcheviques, pero que no han cometido, Kautsky ha renegado sin el menor tropiezo de la táctica revolucionaria en general!

Renegado en política, en teoría no sabe ni plantear el problema de las premisas objetivas de la táctica revolucionaria.

Y aquí hemos llegado al segundo punto.

En segundo lugar, todo marxista debe contar con la revolucion europea si es que existe una situación revolucionaria.

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Es un axioma elemental del marxismo que la táctica del proletariado socialista no puede ser la misma cuando se encuentra ante una situación revolucionaria que cuando ésta no existe.

Si Kautsky se hubiera planteado esta cuestión, obligatoria para todo marxista, habría visto que la respuesta iba indudablemente contra él. Mucho antes de la guerra, todos los marxistas, todos los socialistas estaban de acuerdo en que la conflagración europea daría lugar a una situación revolucionaria. Kautsky lo admitía clara y terminantemente cuando aún no era renegado, tanto en 1902 (La revolución social ) como en 1909 (El camino del Poder ). El Manifiesto de Basilea lo reconoció en nombre de toda la II Internacional: ¡no sin razón los socialchovinistas y los kautskianos (los "centristas", gentes que oscilan entre los revolucionarios y los oportunistas) de todos los países temen como al fuego las correspondientes afirmaciones del Manifiesto de Basilea!

Por tanto, el esperar una situación revolucionaria en Europa no fue un arrebato de los bolcheviques, sino la opinión general de todos los marxistas. Cuando Kautsky se desen tiende de esta verdad indiscutible diciendo que los bolcheviques "han creído siempre en el poder omnipotente de la violencia y de la voluntad", esto no es más que una frase vacía, que encubre la huida, la vergonzosa huida de Kautsky ante el problema de la situación revolucionaria.

Prosigamos. ¿Estamos o no en presencia de una situación revolucionaria? Tampoco esto ha sabido plantearlo Kautsky. Responden a esa pregunta hechos de orden económico: el hambre y la ruina, a que en todas partes ha dado lugar la guerra, denotan una situación revolucionaria. Contestan también a esa pregunta hechos de carácter político: desde 1915 se observa en todos los países un claro proceso de escisión

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en los viejos y podridos partidos socialistas, un proceso en virtud del cual las masas del proletariado se separan de los jefes socialchovinistas para orientarse hacia la izquierda, hacia las ideas y tendencias revolucionarias, hacia los dirigentes revolucionarios.

El 5 de agosto de 1918, cuando Kautsky escribía su folleto, sólo a un hombre que temiera la revolución y la traicionara se le podían escapar estos hechos. Ahora, a fines de octubre de 1918, la revolución crece ante los ojos de todos, y con gran rapidez, en una serie de países de Europa. ¡¡El "revolucio nario" Kautsky, que quiere continuar pasando por marxista, resulta, pues, un filisteo miope que, como los filisteos de 1847, de los que se burlaba Marx, no ha visto la revolución que se aproxima!!

Hemos llegado al tercer punto.

En tercer lugar, ¿cuáles son las particularidades de la táctica revolucionaria, aceptando que existe en Europa una situación revolucionaria? Kautsky, convertido en renegado, tiene miedo de plantearse esto, que es obligatorio para todo marxista. Razona como un típico mesócrata filisteo o como un campesino ignorante: ¿ha estallado o no "la revolución general europea"? ¡Si ha estallado, también él está dispuesto a hacerse revolucionario! ¡Pero en ese caso -- haremos notar nosotros -- cualquier canalla (como los granujas que se cuelan a veces entre los bolcheviques victoriosos) se declarará revolucionario!

¡En caso contrario, Kautsky vuelve la espalda a la revolución! Ni por asomo comprende una verdad: lo que distingue al marxista revolucionario del mesócrata y del filisteo es el saber predicar a las masas ignorantes la necesidad de la revolución que madura, demostrar su inevitabilidad, explicar su

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utilidad para el pueblo, preparar para ella al proletariado y a todas las masas trabajadoras y explotadas.

Kautsky ha atribuido a los bolcheviques la insensatez de que lo habían jugado todo a una carta, esperando que la revolución europea se produciría a fecha fija. Esta insensatez se ha vuelto contra Kautsky, porque resulta que ¡la táctica de los bolcheviques habría sido justa si la revolución hubiera estallado en Europa el 5 de agosto de 1918! Esta es la fecha que pone Kautsky a su folleto. ¡Y cuando algunas semanas después de ese 5 de agosto se vio bien claramente que la revolución se avecinaba en una serie de países europeos, toda la apostasía de Kautsky, toda su falsificación del marxismo, toda su incapacidad para razonar como revolucionario e incluso para plantear los problemas como revolucionario, aparecieron en todo su esplendor!

Acusar de traición a los proletarios de Europa -- escribe Kautsky -- es acusar a desconocidos.

¡Se equivoca usted, señor Kautsky! ¡Mírese al espejo y verá a los "desconocidos" contra quienes va dirigida la acusación! Kautsky se hace el ingenuo, finge no comprender quién lanza la acusación y qué sentido tiene. En realidad, sabe perfectamente que esta acusación la han lanzado y la lanzan los "izquierdistas" alemanes, los espartaquistas[27], Liebknecht y sus amigos. Esta acusación expresa la clara conciencia de que el proletariado alemán incurrió en una traición con respecto a la revolución rusa (e internacional) al aplastar a Finlandia, Ucrania, Letonia y Estonia. Esta acusación va dirigida, ante todo y sobre todo, no contra la masa, siempre oprimida, sino contra los jefes que, como Scheidemann y Kautsky, no han cumplido su deber de agitación revolucionaria, de propaganda revolucionaria, de trabajo revolucionario entre las masas para superar la rutina de éstas; contra los jefes cuya

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actuación ha contrarrestado de hecho los instintos y aspiraciones revolucionarios siempre latentes en el fondo de la masa de una clase oprimida. Los Scheidemann han traicionado franca, grosera y cínicamente al proletariado, la mayor parte de las veces por motivos egoístas, y se han pasado al campo de la burguesía. Los kautskianos y longuetistas han hecho lo mismo titubeando, vacilando, mirando cobardemente a los que eran en aquel momento fuertes. Durante la guerra, Kautsky, con todos sus escritos, no ha hecho más que apagar el espíritu revolucionario en vez de fomentarlo y desarrollarlo.

¡Como un monumento de la estupidez pequeñoburguesa del jefe "medio" de la socialdemocracia oficial alemana quedará en la historia el que Kautsky no comprenda siquiera el gigantesco valor teórico y la importancia aún más grande que para la agitación y la propaganda tiene esta "acusación" de que los proletarios de Europa han traicionado a la revolución rusa! ¡Kautsky no comprende que esta "acusación", bajo el régimen de censura del "imperio" alemán, es casi la única forma en que los socialistas alemanes que no han traicionado al socialismo, Liebknecht y sus amigos, expresan su llamamiento a los obreros alemanes para que derriben a los Scheide mann y a los Kautsky, aparten a tales "jefes" y se desem baracen de sus prédicas, que les embotan y envilecen; para que se levanten a pesar de ellos, sin ellos y por encima de ellos, hacia la revolución, a la revolución !

Kautsky no lo comprende. ¿Cómo puede comprender la táctica de los bolcheviques? ¿Cómo puede esperarse que un hombre que reniega de la revolución en general, sopese y aprecie las condiciones del desarrollo de la revolución en uno de los casos más "difíciles"?

La táctica de los bolcheviques era acertada, era la única táctica internacionalista, porque no se basaba en un temor

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cobarde a la revolución mundial, en una "falta de fe" filistea en ella, en un deseo estrechamente nacionalista de defender "su" patria (la patria de su burguesía), desentendiéndose del resto; estaba basada en una apreciación acertada (antes de la guerra y de la apostasía de los socialchovinistas y socialpacifistas, todo el mundo la admitía) de la situación revolucionaria europea. Esta táctica era la única internacionalista, porque llevaba a cabo el máximo de lo realizable en un solo país p a r a desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países. Esa táctica ha quedado probada por un éxito enorme, porque el bolchevismo (y no debido a los méritos de los bolcheviques rusos, sino en virtud de la profundísima simpatía que por doquier sienten las masas por una táctica verdaderamente revolucionaria) se ha hecho mundial, ha dado una idea, una teoría, un programa y una táctica que se diferencian concreta y prácticamente del socialchovinismo y del socialpacifismo. El bolchevismo ha rematado a la vieja Internacional podrida de los Scheidemann y los Kautsky, de los Renaudel y los Longuet, de los Henderson y los MacDonald, que ahora se atropellarán unos a otros, soñando con la "unidad" y resucitando un cadáver. El bolchevismo ha creado la base ideológica y táctica de la III Internacional, verdaderamente proletaria y comunista, que tiene en cuenta tanto las conquistas del tiempo de paz como la experiencia de la era de revoluciones que ha comenzado.

El bolchevismo ha popularizado en el mundo entero la idea de la "dictadura del proletariado", ha traducido estas palabras primero del latín al ruso y después a todas las lenguas del mundo, demostrando con el ejemplo del Poder soviético que los obreros y los campesinos pobres, incluso en un país atrasado, incluso los de menos experiencia, los menos instruídos y menos habituados a la organización, han podido

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durante un año entero, rodeados de gigantescas dificultades, luchando contra los explotadores (a los que apoyaba la burguesía de t o d o el mundo), mantener el Poder de los trabajadores, crear una democracia infinitamente más elevada y amplia que todas las democracias anteriores en el mundo, iniciar el trabajo creador de decenas de millones de obreros y campesinos para la realización práctica del socialismo.

El bolchevismo ha favorecido realmente el desarrollo de la revolución proletaria en Europa y en América de manera más intensa que ningún otro partido de ningún país lo había hecho hasta ahora. Al mismo tiempo que los obreros de todo el mundo comprenden cada día más claramente que la táctica de los Scheidemann y de los Kautsky no libraba de la guerra imperialista, ni de la esclavitud asalariada bajo el Poder de la burguesía imperialista, que esta táctica no sirve de modelo para todos los países, las masas proletarias del mundo entero comprenden cada día con mayor claridad que el bolchevismo ha señalado el único camino seguro para salvarse de los horrores de la guerra y del imperialismo, que el bolchevismo sirve de modelo de táctica para todos.

La revolución proletaria madura ante los ojos de todos, no sólo en Europa entera, sino en el mundo, y la victoria del proletariado en Rusia la ha favorecido, acelerado y sostenido. ¿Que todo esto no basta para el triunfo completo del socialismo? Desde luego, no basta. Un solo país no puede haccr más. Pero, gracias al Poder soviético este país solo ha hecho, sin embargo, tanto, que incluso si mañana el Poder soviético ruso fuera aplastado por el imperialismo mundial, por una coalición, supongamos, entre el imperialismo alemán y el anglo-francés, incluso en este caso, el peor de los peores, la táctica bolchevique habría prestado un servicio extraordi-

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nario al socialismo y habría apoyado el desarrollo de la revolución mundial invencible.