CONFIAR FIRMEMENTE EN LA
GRAN MAYORIA DE LAS MASAS[*]
13 de octubre de 1957
* Discurso pronunciado por el camarada Mao Tsetung en la XIII Sesión de la Conferencia Suprema de Estado.
Para la campaña de rectificación hemos encontrado ahora una
determinada forma, que consiste en la gran competencia de ideas, la gran
apertura de opiniones, el gran debate y el empleo del
dazibao.
Es una forma nueva, creada por las masas, que difiere de las adoptadas
en el pasado por nuestro Partido. Durante la campaña de rectificación en
Yenán, aparecieron ya algunos
dazibao; sin embargo, en ese
entonces no promovimos su empleo. Tampoco lo adoptamos en el posterior
movimiento de "tres verificaciones y tres rectificaciones". En los
períodos de guerra revolucionaria, como no recibíamos paga de nadie ni
teníamos fábricas de armamentos, nuestro Partido y nuestro Ejército se
sustentaban en los propios soldados y en la población civil de distintos
lugares, o sea, en las masas. Es así como se ha formado un estilo
democrático de trabajo en el transcurso de largos años. No obstante, por
ese tiempo no existía nada igual a la presente forma de gran
competencia de ideas, gran apertura de opiniones, gran debate y
dazibao.
¿Por qué? Porque en una época de guerra como aquélla, con los tambores y
clarines llamando al combate y la lucha de clases enardeciéndose,
habría sido perjudicial levantar un gran revuelo en nuestras filas.
Ahora, la situación es distinta, pues la guerra ha concluido y todo el
país, excepto la provincia de Taiwán, está liberado. Es en estas
circunstancias en las que ha surgido una forma nueva como la mencionada.
Un contenido revolucionario nuevo tiene que encontrar para sí una forma
nueva. La actual revolución, que es una revolución socialista y que
está llamada a construir un país socialista, ha encontrado para sí esta
forma nueva. Ella puede ser popularizada con mucha rapidez, y para dominarla se requiere muy poco tiempo, digamos unos cuantos meses.
Frente a la gran competencia de ideas, la gran apertura de opiniones, el gran debate y el
dazibao,
existen principalmente dos temores. Primero, el temor a los desórdenes.
¿Tienen ustedes miedo a los desórdenes? A mi juicio, son muchos los que
les tienen miedo. Segundo, el temor a no poder salir de la embarazosa
situación creada. Los que desempeñan cargos de directores de fábricas,
cooperativas y centros docentes y de secretarios de comités del Partido,
temen no poder salir de la embarazosa situación en que puedan hallarse
luego de que se haya dado paso a la apertura de opiniones y se hayan
encendido las llamas. Ahora ya es fácil convencer a la gente de que se
deshaga de esos temores; sin embargo, la cuestión se presentaba muy
difícil en aquel mes de mayo. En los treinta y cuatro centros de
enseñanza superior de Pekín, no se dio curso a la apertura sino después
de una serie de reuniones. ¿Por qué no se debe abrigar temores? ¿Por qué
es ventajosa la apertura? ¿Qué trae más ventajas: la competencia y
apertura en grande, la competencia y apertura en pequeño o el veto a
todas ellas? No es ventajoso el veto y, en cuanto a la competencia y
apertura en pequeño, no resuelve los problemas; así, la gran competencia
y la gran apertura se hacen, de todos modos, necesarias. Estas últimas
no tienen por qué dar origen a desórdenes ni impedirle a uno salir de
las situaciones embarazosas que puedan producirse. Claro que hay unos
pocos individuos que constituyen la excepción a la regla, como es el
caso de Ting Ling, quien no halló la manera de salir de apuros. Otro
ejemplo es el de Feng Süe-feng, quien, habiendo prendido fuego para
quemar al Partido Comunista, tampoco encontró salida. Pero éste es el
caso de un puñado de personas: los derechistas. Los demás no tienen
motivo para temer que se les haga imposible salir de apuros, pues podrán
hacerlo. Si tienen vicios, no son otros que el burocratismo, el
sectarismo y el subjetivismo, que deben corregir, sin que haya razón
para el temor. Lo fundamental es tener confianza en la gran mayoría de
las masas, abrigar la convicción de que la gran mayoría del pueblo es
honesta. En su inmensa mayoría, los obreros son honestos, y lo son
también los campesinos. Otro tanto puede decirse de los militantes del
Partido Comunista y de la Liga de la Juventud en su gran mayoría. No es
su propósito llevar a nuestro país al caos. En cuanto a la mayor parte
de los intelectuales burgueses, de los capitalistas y de los militantes
de los partidos democráticos, éstos son transformables. Por lo tanto, no
debemos tener miedo a que se produzca el caos; no se producirá ni puede producirse. Hay que confiar en la mayoría. ¿Nos referirnos aquí
por mayoría al 51 por ciento? No, nos referimos a un porcentaje que va
del 90 al 98 por ciento.
Para todos nosotros, la revolución socialista es algo nuevo. La que
hicimos en el pasado fue una revolución democrática, de carácter
burgués, llamada a eliminar únicamente la propiedad imperialista, la
Feudal y la del capitalismo burocrático, y no la propiedad individual ni
la del capitalismo nacional. Esto permitió que muchos pasaran la prueba
de la revolución democrática. Algunos de ellos, que no sentían
suficiente afán por una revolución democrática cabal, pasaron por ella a
duras penas; otros, que trabajaban a conciencia por una revolución
democrática cabal, salieron, ellos sí, airosos de esta prueba. Ahora se
trata de pasar la prueba del socialismo, que para algunos resulta
difícil. Vale traer aquí, a modo de ejemplo, el caso de un militante del
Partido en Jupei, procedente de una familia de asalariados agrícolas
que vivió de la mendicidad durante tres generaciones. Con la Liberación,
se emancipó y comenzó a llevar una vida cómoda, y llegó a ser un cuadro
de nivel territorial. Pues bien, hace poco se mostró muy descontento
del socialismo, muy en desacuerdo con la cooperativización y, queriendo
"ser libre", se opuso al monopolio estatal de compra y venta de
cereales. Ahora se ha abierto, con fines de educación clasista, una
exposición sobre su vida, y allí el hombre lloró a mares y se manifestó
dispuesto a corregir sus errores. ¿Por qué cuesta tanto pasar la prueba
del socialismo? Porque de lo que se trata en esta prueba es de eliminar
la propiedad capitalista convirtiéndola en propiedad socialista de todo
el pueblo, y de eliminar la propiedad individual convirtiéndola en
propiedad colectiva socialista. Es obvio que esta lucha ha de durar
muchos años, siendo por ahora difícil predecir con exactitud cuánto
tiempo durará el período de transición. Este año se ha presentado una
creciente de la lucha. ¿Se presentará en adelante una creciente cada
año, como ocurre con el río Amarillo? Me parece que su frecuencia no
será tanta, pero no faltarán en el futuro crecientes como ésta.
Ahora, ¿cuánta gente en todo el país desaprueba el socialismo? A este
respecto, un buen número de camaradas de diversos lugares y yo hemos
hecho algún cálculo. De toda la población del país, probablemente un 10
por ciento desaprueba el socialismo o se opone a él. Este porcentaje
comprende a la clase terrateniente y los campesinos ricos, así como a
una parte de los campesinos medios acomodados, de la burguesía nacional,
de los intelectuales burgueses y de la pequeña burguesía superior urbana, e incluso a unos pocos obreros, campesinos
pobres y campesinos medios inferiores. ¿Qué representa el 1o por ciento
de seiscientos millones de habitantes? Sesenta millones. Esta cifra es
considerable y no debemos subestimarla.
Al afirmar la necesidad de confiar firmemente en la gran mayoría de
las masas, lo hacemos partiendo de dos puntos. Primero, contamos con un
90 por ciento de la población que aprueba el socialismo. En este
porcentaje están incluidos el proletariado, el semiproletariado del
campo -- los campesinos pobres --, los campesinos medios inferiores, la
mayoría de la pequeña burguesía superior, la mayoría de los
intelectuales burgueses y una parte de la burguesía nacional. Segundo,
entre los que desaprueban el socialismo o se oponen a él, ¿qué
porcentaje representan los más recalcitrantes, incluyendo a los
ultraderechistas, los contrarrevolucionarios, los saboteadores y
aquellos que, si bien no hacen sabotajes, se mantienen sumamente
contumaces y posiblemente entrarán en su ataúd con la cabeza
petrificada? Representan sólo alrededor de un 2 por ciento. ¿Qué
significa un 2 por ciento dentro de la población de todo el país? Doce
millones. Si estos doce millones estuvieran concentrados y poseyeran
fusiles, formarían un ejército gigantesco. Pero, ¿por qué no existe la
posibilidad de que se presente un gran caos bajo los cielos de China?
Porque ellos están diseminados, uno acá y otro allá, sea en
cooperativas, aldeas, fábricas, centros docentes, células del Partido
Comunista, células de la Liga de la Juventud o células de tal o cual
partido democrático. Ya que están diseminados, sin posibilidad de
congregarse, no hay peligro de que se produzca un gran caos bajo los
cielos.
¿Qué esfera cubre la revolución socialista y entre qué clases se
libra esta lucha? Es una lucha entre el proletariado y los trabajadores
por él dirigidos, de un lado, y la burguesía, del otro. El proletariado
de nuestro país es relativamente pequeño, pero tiene aliados muy
numerosos, siendo el principal los campesinos pobres y los campesinos
medios inferiores del campo, que constituyen el 70 por ciento o un poco
más de la población rural. Los campesinos medios acomodados representan
algo así como un 20 por ciento. Actualmente, ellos pueden dividirse, a
grandes rasgos, en tres sectores: un 90 por ciento que está en favor de
la cooperativización; un 90 por ciento que vacila frente a ella, y un 20
por ciento que se le opone. En los últimos años, como resultado de la
educación y la remodelación, se ha operado una diferenciación incluso en
el seno de los terratenientes y campesinos ricos. Hoy en día, hay entre
ellos gente que ya no se opone cerradamente al socialismo. Es necesario adoptar una actitud analítica también
respecto a la burguesía y a los intelectuales burgueses y no considerar
que todos ellos, en bloque, se oponen al socialismo, pues la realidad
dice que no es así. Entre la población de todo el país, los que aprueban
el socialismo representan un 90 por ciento. Debemos tener confianza en
esta mayoría. Mediante nuestro trabajo y los grandes debates, podremos
ganarnos un 8 por ciento más. Entonces la cifra ascenderá a un 98 por
ciento en total, y los recalcitrantes, que se le oponen obstinadamente,
ya no pasarán de un 2 por ciento. Desde luego, debemos permanecer
alerta, pues, como acaba de señalar el camarada Teng Siao-ping, éstos
todavía constituyen una fuerza grande.
Los campesinos ricos son la burguesía del campo. Ya no tienen allí
quién los oiga. Los terratenientes están aún más desacreditados. Por su
parte, la burguesía compradora tiene, desde hace tiempo, muy triste
fama. En cambio, la burguesía y los intelectuales burgueses, la pequeña
burguesía superior del campo (los campesinos medios acomodados) y la
pequeña burguesía superior urbana (incluidos los pequeños propietarios
relativamente acomodados), así como sus intelectuales, ellos sí que
tienen cierta influencia. Particularmente los intelectuales son muy
apreciados, pues su concurso es imprescindible en cualquier trabajo. La
enseñanza requiere profesores universitarios y maestros de secundaria y
primaria; la prensa, periodistas; el teatro, actores, y la construcción,
hombres de ciencia, ingenieros y técnicos. En la actualidad, existen en
nuestro país cinco millones de intelectuales y setecientos mil
capitalistas. Sumados, constituyen unos seis millones. Calculando cinco
individuos por familia, tenemos un total de treinta millones de
personas. La burguesía y sus intelectuales son los que más conocimientos
culturales y técnicos poseen. He aquí por qué los derechistas andaban
con el rabo erguido. ¿No ha dicho Luo Lung-chi que los pequeños
intelectuales proletarios son incapaces de dirigir a un gran intelectual
pequeñoburgués como él? Al hablar así, en lugar de admitir su
pertenencia a la burguesía, insistió en que pertenecía a la pequeña
burguesía y en que era un gran intelectual pequeñoburgués. A mi juicio,
no sólo los pequeños intelectuales proletarios, sino también los obreros
y campesinos que apenas conocen unos cuantos caracteres, están a cien
codos por encima de él.
La derecha y el centro de la burguesía y sus intelectuales, así como
la derecha y el centro de la pequeña burguesía superior y sus
intelectuales, no se someten realmente a la dirección del Partido
Comunista, del proletariado. Dicen que apoyan al Partido Comunista y la Constitución, y es cierto que se muestran a favor suyo levantando la
mano en señal de aprobación, pero, en su fuero interno, no es tanto ese
sometimiento. Aquí es preciso hacer una distinción: La derecha resiste y
el centro se somete a medias. ¿No afirma cierta gente que el Partido
Comunista es incapaz de dirigir esto o aquello? Esta idea la tiene no
sólo la derecha, sino también algunos elementos de centro. En resumidas
cuentas, según ellos, se trata casi de un acabose: El Partido Comunista
no tiene otra alternativa que mudarse al extranjero y el proletariado,
marcharse a otro planeta. La razón es que nosotros no servimos para
nada. Los derechistas aseveran que somos unos inútiles para cualquier
profesión u oficio. El objetivo principal del presente debate reside en
ganarnos a los elementos de centro que se someten a medias, haciéndoles
comprender qué significan, en última instancia, las leyes del desarrollo
de la sociedad, y haciéndoles comprender la necesidad de escuchar lo
que dice el proletariado, así sea menos instruido, y lo que, en las
zonas rurales, opinan los campesinos pobres y los campesinos medios
inferiores. En lo referente a cultura, el proletariado, los campesinos
pobres y los campesinos medios inferiores están por debajo de ellos;
pero en cuanto a la revolución, son más capaces que nadie. ¿Es posible
convencer con este argumento a la mayoría? Sí, es posible. La mayor
parte de la burguesía, de sus intelectuales y de la pequeña burguesía
superior puede ser convencida, y puede serlo también la mayoría de los
profesores universitarios, maestros de secundaria y primaria, artistas,
escritores, científicos e ingenieros. Aquellos que hasta ahora no se han
sometido del todo, se someterán poco a poco en el curso de unos cuantos
años.
En los momentos actuales, teniendo como base el apoyo de la mayoría
al socialismo, es muy provechoso el surgimiento de esta forma: la gran
competencia de ideas, la gran apertura de opiniones, el gran debate y el
dazibao. Ella no tiene carácter de clase. La gran competencia, la gran apertura y el
dazibao
pueden ser utilizados también por los derechistas. A éstos les estamos
agradecidos por su iniciativa de agregar la palabra "gran" a dichos
términos. En mi discurso pronunciado el 27 de febrero del año en curso,
yo no hablé de gran competencia, gran apertura ni gran debate; no usé la
palabra "gran". En mayo del año pasado, cuando nos reunimos aquí para
tratar de la apertura de cien flores y la competencia de cien escuelas,
hablamos simplemente de la "apertura" y la "competencia", sin la palabra
"gran"; además, la apertura de cien flores se limitaba al campo
artístico y literario, y la competencia de cien escuelas, a los
problemas académicos. Pero luego, los derechistas quisieron extenderlas al terreno
político, valga decir, llevar la competencia y la apertura a todos los
problemas, calificando el momento como un período de competencia y
apertura y pretendiendo, además, que éstas se desplegaran en grande. De
ahí se ve que esta consigna puede ser utilizada tanto por el
proletariado como por la burguesía, y por la izquierda, el centro o la
derecha. ¿A qué clase favorecen, después de todo, la gran competencia,
la gran apertura, el gran debate y el
dazibao? Favorecen, en
última instancia, al proletariado y no a los derechistas burgueses. Esto
se debe a que el 90 por ciento de nuestra población no desea ver el
país en desorden sino que quiere construir el socialismo y a que, del
restante 10 por ciento -- gentes que no están por el socialismo o se le
oponen --, muchos son vacilantes, mientras los que se le oponen
obstinadamente sólo ocupan un 2 por ciento. ¿Cómo es posible que en
estas circunstancias se produzca el caos? Es por eso que la consigna de
gran competencia y gran apertura y la consiguiente forma o el
consiguiente método de gran competencia, gran apertura, gran debate y
dazibao
van, a la postre, en beneficio de la mayoría y contribuyen a su
autotransformación. En una palabra, entre los dos caminos -- el
socialista y el capitalista -- van en favor del primero.
No debemos tener miedo a los desórdenes ni a la posibilidad de
encontrarnos en una situación sin salida. Son los derechistas quienes no
están en condiciones de salir de apuros; sin embargo, ellos también
encontrarán, de todos modos, alguna salida. De acuerdo con la
dialéctica, creo que la derecha se dividirá en dos partes. Es posible
que un número considerable de derechistas, llevados por la tendencia
general, entren en razón y se transformen en un sentido favorable,
tornándose más o menos honestos y dejando de ser tan contumaces;
entonces, les quitaremos esa etiqueta de derechistas, no los llamaremos
más así y, además, les arreglaremos una colocación. De otro lado, podrá
haber un puñado de elementos extremadamente recalcitrantes que, en su
impenitencia, se irán al ataúd con su etiqueta de derechistas. Esto no
tiene nada de alarmante, siempre habrá gentes así.
Los disturbios provocados por los derechistas nos han permitido
apreciar el fondo de la situación: De un lado, la gente que está por el
socialismo representa el 90 por ciento y, si nos esforzamos, puede
llegar al 98 por ciento; del otro, la que no favorece al socialismo o se
le opone, constituye un 10 por ciento y, como parte de esta cifra, los
elementos impenitentes, que se oponen obstinadamente al socialismo, sólo
representan un 2 por ciento. Aclarado esto , tenemos ya en la mente la situación en su conjunto. Bajo la dirección del partido del
proletariado y cimentados en el apoyo que la mayoría da al socialismo,
podemos evitar acontecimientos como los de Hungría o como los que
ocurren actualmente en Polonia, si utilizamos la gran competencia,
la gran apertura, el gran debate y el dazibao. No necesitamos clausurar ninguna publicación, como se ha hecho en Polonia[1]. Es suficiente con que publiquemos en el órgano del Partido uno que otro editorial. Para criticar a
Wenjui Pao,
escribimos dos editoriales. El primero no fue al fondo del problema ni
lo expuso de manera penetrante. Pero, luego de que se publicó el
segundo,
Wenjui Pao empezó a modificar por sí mismo su rumbo.
Sinmin Pao
también lo hizo así. Esto no puede suceder en Polonia, porque allí no
se ha resuelto el problema de la contrarrevolución, ni el de los
derechistas, ni el de qué camino seguir, además de que no se ha
aprehendido la lucha contra la ideología burguesa. Esta fue la razón de
que la clausura de una revista suscitara allí tumultos. A mi modo de
ver, los asuntos de China no son difíciles de manejar; nunca he sido
pesimista al respecto. ¿No he dicho que aquí no se producirá el caos,
que no se le debe tener miedo? En cuanto a los desórdenes, éstos pueden
convertirse en cosas buenas. En todos aquellos lugares donde la apertura
sea radical, los problemas se tornarán más fáciles de resolver luego de
un tiempo de aullidos de diablos, luego de un momento de gran desorden.
Antes de la Liberación, en nuestro país, sólo había cuatro millones
de obreros industriales, mientras que ahora hay doce millones. Con ser
poco numerosa, la clase obrera es la única clase que tiene porvenir, en
tanto que todas las demás son transitorias y tendrán que ir pasándose a
la clase obrera. Los campesinos pasan primero a ser campesinos
colectivizados, para transformarse luego en obreros de granjas
estatales. La burguesía ha de ser liquidada -- no físicamente, como
individuos, sino como clase --, y sus integrantes serán remodelados. Los
intelectuales burgueses también tienen que remodelarse, así como tienen
que hacerlo los intelectuales pequeñoburgueses; existe la posibilidad
de que, poco a poco, se remodelen y lleguen a ser intelectuales
proletarios. Dije en otra ocasión: "Desaparecida la piel, ¿a qué podrá
adherirse el pelo?" De no adherirse al proletariado, los intelectuales
estarán expuestos al peligro de encontrarse en la situación de esos
"caballeros suspendidos en el vacío". Actualmente muchos de ellos están
sindicalizados, y hay quienes se preguntan: ¿Ingresar en un sindicato no
significa entrar a formar parte de la clase obrera? Nada de eso.
Algunos individuos, aunque se han afiliado al Partido Comunista, son anticomunistas. ¿No son
anticomunistas Ting Ling y Feng Süe-feng aun siendo militantes del
Partido Comunista? La simple afiliación sindical no equivale a formar
parte de la clase obrera, pues todavía queda de por medio un proceso de
remodelación. En el momento actual, los afiliados a los partidos
democráticos, los profesores universitarios, los literatos y los
escritores no tienen amigos entre los obreros ni entre los campesinos,
lo que constituye una grave deficiencia. Citemos el caso de Fei
Siao-tung. El trabó amistad con más de doscientos intelectuales de alta
categoría en Pekín, Shanghai, Chengtú, Wuján, Wusi y otros lugares. Se
confinó en ese tipo de encierro; más aún, organizó a aquéllos
deliberadamente y, hablando en su nombre, se desbordó en la gran
apertura de opiniones. De ahí que haya salido mal parado. Yo le dije una
vez: "¿No podría usted cambiar un poco? Deje de lado ese su grupo de
doscientos, vaya a los obreros y los campesinos y haga doscientos amigos
entre ellos." Pienso que todos los intelectuales deben buscar amigos
entre las masas de obreros y campesinos, pues allí es donde se hallan
sus verdaderos amigos. Deben hacerse amigos de obreros veteranos y,
entre los campesinos, en lugar de actuar a la ligera trabando amistad
con los campesinos medios acomodados, deben hacerla con los campesinos
pobres y campesinos medios inferiores. Los obreros veteranos son
extraordinariamente perspicaces en distinguir el rumbo a seguir, y lo
son también los campesinos pobres y los campesinos medios inferiores.
Esta campaña de rectificación se compone de cuatro etapas: apertura,
contraataque, reformas y estudio. Primero fue la gran competencia de
ideas y la gran apertura de opiniones; segundo, el contraataque a los
derechistas; vendrán luego las rectificaciones y reformas concretas y,
finalmente, el estudio de algunas obras marxista-leninistas y la
realización de pequeñas reuniones en que se practique, con la suavidad
de una brisa, la crítica y autocrítica. En su documento sobre la campaña
de rectificación, publicado el 1.ƒ de mayo, el Comité Central señaló la
necesidad de proceder con la suavidad de una brisa, pero entonces mucha
gente no estuvo de acuerdo, principalmente los derechistas, que
desataron una violenta tempestad, la cual, sin embargo, resultó muy
provechosa para nosotros. De nuestra parte, todo esto ya lo habíamos
previsto, pues igual cosa había tenido lugar en la campaña de
rectificación en Yenán. Por más que insistimos en la conveniencia de
proceder con la suavidad de una brisa, lo que sobrevino fue una violenta
tempestad; no obstante, todo terminó en algo
tan suave como la brisa. Es de imaginar lo desagradable que debió ser
para los dirigentes de tal o cual fábrica la súbita aparición de miles
de
dazibao. Pasaron unos diez días durante los cuales algunas
personas no tuvieron ganas de continuar su trabajo y quisieron
renunciar, alegando que no aguantaban más, que habían perdido el apetito
y no podían conciliar el sueño. Eso de la pérdida del apetito y del
sueño ocurrió también con los secretarios de los comités del Partido en
los centros de enseñanza superior de Pekín. Los derechistas decían que
no se les debía refutar, sino sólo permitirles la apertura de opiniones.
También nosotros, por nuestra parte, señalamos que era preciso dejar
que éstos expusieran sus opiniones y que no convenía refutarlos. Así fue
como durante el mes de mayo nos abstuvimos de toda refutación y no
hicimos nada en este sentido hasta el 8 de junio, lo que posibilitó que
sus opiniones se manifestaran a plenitud. Probablemente más del 90 por
ciento de ellas son justas, en tanto que menos de un 10 por ciento son
de corte derechista. En aquellos momentos, lo único que cabía era
escucharlas endureciendo el cuero cabelludo, para luego contraatacar.
Esa etapa fue indispensable para todas las entidades. Tal campaña de
rectificación debe efectuarse en cada fábrica y en cada cooperativa. Se
la está llevando adelante también en el Ejército. Es muy necesario
emprender una campaña así, pues de lo contrario, volverá a expandirse el
"mercado libre". Cosas tan extrañas ocurren en el mundo que bastan tres
años sin campaña de rectificación para que de nuevo corran todo tipo de
peregrinas especies y cunda la mentalidad capitalista en el Partido
Comunista, en la Liga de la Juventud, en los partidos democráticos y
entre los profesores universitarios, maestros de secundaria y primaria,
periodistas, ingenieros y hombres de ciencia. Así como una casa necesita
una limpieza diaria y la gente se lava la cara todos los días, también
la campaña de rectificación debe efectuarse, a mi juicio,
aproximadamente una vez por año y, cada vez, con un mes de duración.
Quizá sobrevenga otra creciente cuando llegue el momento de hacerlo. La
actual creciente no ha sido provocada por nosotros, sino por los
derechistas. Si en el Partido Comunista hubo un Kao Kang -- preguntamos
en una ocasión --, ¿es posible que ustedes, los partidos democráticos,
no tengan ningún Kao Kang? Nunca creímos que eso fuera posible. Ahora,
cuando en el Partido Comunista han salido a la superficie otras gentes
como Ting Ling, Feng Süe-feng y Chiang Feng, ¿no se han registrado casos
semejantes en los partidos democráticos?
La burguesía y sus intelectuales deben reconocer la necesidad que tienen
de remodelarse. Los derechistas negaron esta necesidad y, por
añadidura, influyeron en otra gente para que se mostrara renuente a
hacerlo alegando que ya estaba transformada. Chang Nai-chi dijo una vez
que eso de la remodelación era un horror, que era como arrancarle a uno
los tendones y el pellejo. Nosotros la describimos como renacer con
nuevos huesos, pero él afirma que renacer con nuevos huesos implica
arrancarle a uno los tendones y el pellejo. ¿Quién le va a arrancar los
tendones y el pellejo a ese señor? Mucha gente ha olvidado cuál es
nuestra finalidad, por qué hemos de proceder como hemos procedido y qué
ventajas ofrece el socialismo. ¿Para qué se necesita la remodelación
ideológica? Precisamente para que los intelectuales burgueses adquieran
la concepción proletaria del mundo y se conviertan en intelectuales
proletarios. Los intelectuales viejos se verán obligados a cambiar, pues
se están formando intelectuales nuevos. En punto a erudición, de estos
últimos ciertamente se puede decir que ahora valen poco, pero valdrán
mucho en el futuro. El surgimiento de esta gente nueva pondrá en jaque a
los viejos hombres de ciencia, ingenieros, profesores universitarios y
maestros, forzándolos a avanzar. Creemos que la gran mayoría podrá
avanzar y que una parte de ellos se convertirán en intelectuales
proletarios.
El proletariado debe formar su propio contingente de intelectuales,
así como la burguesía tuvo que formar el suyo. Ningún Poder político de
clase social alguna puede arreglárselas sin intelectuales propios. ¿Cómo
podría funcionar la dictadura burguesa de los Estados Unidos si no
tuviera sus intelectuales? Siendo la nuestra una dictadura proletaria,
debemos formar un contingente de intelectuales propios del proletariado,
contingente que incluya a todos aquellos intelectuales procedentes de
la vieja sociedad que, como resultado de la reeducación, hayan hecho
sólidamente suya la posición de la clase obrera. Entre los derechistas
que se resisten a cambiar se cuenta probablemente ese tal Chang Nai-chi.
Si usted le aconseja que se convierta en un intelectual proletario,
dirá que no, que él hace tiempo se transformó y que es un "burgués
rojo". Pero toda autodefinición necesita someterse a un examen
colectivo, es decir, uno tiene derecho a definirse a sí mismo como le
parezca, pero es indispensable someter esto a un examen de la comunidad.
A él le decimos: "Usted no ha alcanzado esa calificación. Usted, Chang
Nai-chi, es un burgués blanco." Hay quienes abogan por ser calificados
primero y rojos después. ¡Eso significaría nada menos que hacerse blancos primero y
rojos después! Ellos se niegan a ser rojos ahora, diciendo que lo serán
en el futuro. Cabe preguntar: Si no son rojos ahora, ¿qué color tienen?
¿No es acaso el color blanco? Los intelectuales deben ser rojos y a la
vez calificados. Para tornarse rojos, tienen que tomar la decisión de
desprenderse definitivamente de su concepción burguesa del mundo. Esto
no implica la necesidad de leer gran cantidad de libros, pero sí la de
adquirir una verdadera comprensión de qué es el proletariado y qué la
dictadura proletaria, por qué el proletariado es la única clase que
tiene porvenir en tanto que todas las demás son clases transitorias, por
qué nuestro país debe seguir el camino socialista y no el capitalista,
por qué es indispensable la dirección del Partido Comunista, etc., etc.
A muchos no les entró lo que dije el 30 de abril[2].
"Desaparecida la piel, ¿a qué podrá adherirse el pelo?" Afirmé entonces
que en China habían existido cinco pieles. Las tres viejas pieles eran
la propiedad imperialista, la propiedad Feudal y la propiedad del
capitalismo burocrático. En el pasado, los intelectuales vivían a
costillas de estas tres pieles; a costillas, además, de la propiedad del
capitalismo nacional y la propiedad de los pequeños productores, o sea,
la de la pequeña burguesía.
La revolución democrática
en nuestro país se dirigía contra las primeras tres pieles, y duró más
de cien años a contar desde Lin Tse-sü[3].
La revolución socialista se dirige contra las dos últimas: la propiedad
del capitalismo nacional y la de los pequeños productores. Ahora todas
estas cinco pieles han dejado de existir. Las tres antiguas
desaparecieron hace tiempo y las otras dos tampoco existen ya. ¿Qué piel
hay ahora? La de la propiedad social socialista. Esta, desde luego,
comprende dos partes: la propiedad de todo el pueblo y la colectiva. ¿A
costillas de quiénes viven ellos ahora? Sean los partidos democráticos,
los profesores universitarios, los científicos o los periodistas, todos
ellos viven a costillas de la clase obrera y los campesinos
colectivizados, de la propiedad de todo el pueblo y la colectiva y, en
síntesis, de la propiedad social socialista. Aquellas cinco viejas
pieles ya no existen, y el pelo, ¿qué? Se ha quedado volando en el aire y
ni cayendo puede afianzarse. Los intelectuales todavía miran con
desprecio esta nueva piel. ¡Vaya con el proletariado y los campesinos
pobres y campesinos medios inferiores! ¡Vaya con esa gente tan
ignorante, que no entiende ni de astronomía ni de geografía, y que es
inferior
a Sus Señorías en cuanto a los conocimientos sobre "las tres religiones y las nueve escuelas"[4]! Los intelectuales son renuentes aceptar el marxismo-leninismo. A el se le oponía antes mucha gente. Se
le oponían los imperialistas, y Chiang Kai-shek lo combatía todos los
días aseverando que "el comunismo es extraño a la índole nacional de
China", lo que infundió a muchos el miedo a esta cosa. Se requiere un
proceso y una campaña de revolución ideológica socialista para que los
intelectuales acepten el marxismo-leninismo y transformen su concepción
burguesa del mundo en proletaria. La campaña desplegada este año tiene
precisamente por objeto desbrozar ese camino.
En algunas entidades oficiales y centros docentes, luego de la lucha
contra los derechistas, con el amaine del viento y el apaciguamiento de
las olas que han venido ahora, los dirigentes se sienten cómodos y no
quieren introducir reformas de acuerdo con las numerosas opiniones
correctas que se les han planteado. Esto ocurre en algunas entidades
oficiales y centros docentes de Pekín. Creo que para esta etapa de
rectificaciones y reformas, se necesita llevar a un nuevo auge la
competencia de ideas y la apertura de opiniones. Hay que pegar
dazibao
preguntando a esos dirigentes: ¿Por qué no proceden n las reformas? Así
se les pondrá en jaque. Esta puesta en jaque será muy útil. Las
rectificaciones y reformas cubrirán un período corto, digamos uno o dos
meses. Después hay que estudiar, estudiar algunas obras
marxista-leninistas y realizar la crítica y autocrítica con la suavidad
de una brisa. Esto pertenece a la cuarta etapa. Desde luego, el estudio
no podrá darse por terminado en uno o dos meses; de lo que aquí hablamos
es de cerrar el capítulo de la campaña y, con ello, despertar el
interés por el estudio.
El contraataque a los derechistas llegará, de todos modos, a su fin.
Eso lo tienen ya previsto algunos derechistas. Dicen que esta tormenta
pasará tarde o temprano. ¡Totalmente correcto! No podemos golpear
ininterrumpidamente a los derechistas, golpearlos todos los días y año
tras año. Por ejemplo, en Pekín la atmósfera de la lucha contra los
derechistas ya no es tan densa ahora, pues aquí esa lucha se ha
desarrollado de manera más o menos suficiente. Sin embargo, no ha
terminado todavía, y no debemos aflojar. Aún hay derechistas que por
nada del mundo quieren capitular, como es el caso de Luo Lung-chi y
Chang Nai-chi. Pienso que debemos realizar con ellos más trabajo de
convencimiento. Pero, si después de que les hablemos varias veces, se
obstinan en no dar el brazo a torcer, ¿vamos a seguir celebrando
reuniones con ellos todos los días? Una parte de los derechistas son
elementos contumaces que nunca querrán enmendarse, y entonces no hay más
que dejar las cosas como están. Estos constituyen una ínfima minoría; vamos a dejarlos en su sitio por unos decenios, a ver qué
solución dan a su problema. La mayoría, pese a todo, avanzará.
¿Hay que arrojar a los derechistas al mar? No, a ninguno. Los
derechistas, dada su oposición al Partido Comunista, al pueblo y al
socialismo, constituyen una fuerza hostil. Pero, en las circunstancias
actuales, no los tratamos de la misma manera que a los terratenientes y
contrarrevolucionarios, y la muestra fundamental de esto es que no los
privamos de derechos electorales. Tal vez unos cuantos serán privados de
esos derechos y obligados a remodelarse mediante el trabajo físico.
Ahora bien, para con la generalidad de esta gente, no adoptamos métodos
como el arresto o la privación de derechos electorales, dándole un
margen que le permita cambiar de rumbo; esto contribuirá a la
desintegración de sus filas. ¿No acabo de decir que los derechistas son
de dos tipos? A los del primero, luego de que se enmienden, se les puede
quitar la etiqueta de derechistas para que se reincorporen a las filas
del pueblo; por lo que respecta a los del segundo tipo, seguirán siendo
recalcitrantes hasta el fin de sus días, cuando comparezcan ante el Rey
de los Infiernos para decirle: "Vuestra Majestad Rey de los Infiernos,
¡nunca yo capitulé! ¿Qué tal mi fortaleza espiritual?" Son fieles
vasallos de la burguesía. Los derechistas mantienen vínculos con las
fuerzas remanentes feudales y con los contrarrevolucionarios, y respiran
el mismo aire; unos hacen eco a los otros. Wenjui Pao hizo las delicias
de los terratenientes, que compraron algunos ejemplares y, leyéndolos
ante los campesinos, les dijeron en tono amenazante: "¡Miren lo que se
ha publicado en la prensa!" Ellos pensaban en una revancha. Los
imperialistas y Chiang Kai-shek también respiran el mismo aire que los
derechistas. Por ejemplo, los reaccionarios de Taiwán y Hongkong apoyan
fervorosamente la afirmación de Chu An-ping en el sentido de que "el
Partido Comunista lo monopoliza todo", así como la idea de Chang Po-chün
de crear un "Instituto de Diseño Político" y la de Luo Lung-chi de
establecer una "Comisión de Rehabilitación Política". Los imperialistas
norteamericanos sienten gran simpatía por los derechistas. En una
ocasión pregunté a mis oyentes: ¿Qué van a hacer si los norteamericanos
traen la guerra hasta Pekín? ¿Qué actitud van a tomar? ¿Estarán
dispuestos a organizar "comités de preservación" junto con los
norteamericanos o a subir a las montañas junto con nosotros? Les
manifesté que mi idea era subir a las montañas, dirigiéndome primero a
Changchiakou y luego a Yenán. Lo dije llevando las cosas al extremo y
considerando las peores contingencias; así no se teme a los percances.
No tengo miedo ni siquiera a que los Estados Unidos ocupen media China. ¿No ocupó acaso el
Japón más de la mitad de China? Y, luego, ¿no creamos mediante el
combate una nueva China? En una conversación con algunos japoneses, les
dije que estábamos agradecidos a los imperialistas japoneses porque su
invasión nos había traído muchas ventajas al provocar la oposición de
toda la nación china al imperialismo japonés y elevar la conciencia de
nuestro pueblo.
Los derechistas no dicen la verdad ni actúan con honradez; se dedican
a cometer fechorías a nuestras espaldas. ¿Quién sabía que Chang Po-chün
había perpetrado tantas fechorías? Tratándose de gentes como él, pienso
que, mientras más peldaños oficiales trepen, mayor será la rebelión que
desencadenen. Lo que más gusta a la alianza Chang-Luo son las consignas
"Coexistencia duradera y supervisión mutua" y "Que se abran cien flores
y que compitan cien escuelas". Ellos se valen de estas dos consignas
para combatirnos. Nosotros planteamos una coexistencia duradera mientras
que ellos practican una coexistencia efímera; nos pronunciamos por la
supervisión mutua y ellos se niegan a aceptar la supervisión. Hubo un
momento en que actuaron con gran desenfreno y, como resultado de ello,
llevaron las cosas hasta su polo contrario, convirtiendo la coexistencia
duradera en coexistencia efímera. ¿Qué va a ser del cargo de ministro
que ocupa Chang Po-chün? Posiblemente ya no podrá ser ministro. Me temo
que el pueblo no estará de acuerdo con que un derechista ocupe ese
cargo. Hay, además, algunas eminencias derechistas que fueron elegidas
diputados del pueblo; ¿qué vamos a hacer con ellas? Seguramente va a ser
difícil mantenerlas en sus puestos. Por ejemplo, Ting Ling no podrá
seguir siendo diputada del pueblo. Por lo que a otros respecta, no
estaría bien que los dejáramos sin ningún cargo o trabajo alguno. En el
caso de Chien Wei-chang, para poner otro ejemplo, parece que podrá
seguir trabajando de profesor, pero que perderá el cargo de vicerrector
de universidad. Y hay algunos más, que quizá por el momento ni siquiera
puedan trabajar como profesores, pues los estudiantes no los
escucharían. ¿En qué se ocuparán entonces? Se les puede asignar algún
otro trabajo en sus centros docentes para que tengan la oportunidad de
reeducarse y, dentro de unos años, vuelvan a la enseñanza. Todos estos
problemas, que son espinosos, deben ser tenidos en cuenta. La revolución
es de por sí un asunto espinoso. Deseo que discutan ustedes el problema
de cómo tratar y ubicar a los derechistas.
¿Cuál es la situación de los partidos democráticos? y ¿cuál la de las
organizaciones de base? Me temo que ustedes, los dirigentes
responsables, no tengan una clara idea acerca de ello. Durante un tiempo
y en ciertas entidades, los derechistas más obstinados lograron
enturbiar gravemente las aguas para que nosotros no pudiéramos ver el
fondo. Luego de una investigación vimos que, de hecho, ellos no
representaban más que el 1 ó 2 por ciento. Echado al agua un manojo de
alumbre, logramos ver el fondo. La presente campaña de rectificación
constituye ese manojo de alumbre. Después de la gran competencia de
ideas, la gran apertura de opiniones y el gran debate, el fondo se ha
presentado a la vista. Se ha ofrecido a la vista el fondo de las
fábricas y del campo, el de los centros docentes, así como el del
Partido Comunista, la Liga de la Juventud y los partidos democráticos.
Ahora voy a detenerme en los cuarenta artículos del Programa Nacional
para el Desarrollo Agrícola. Después de dos años de práctica, la
exigencia fundamental sigue siendo las metas de 400, 500 y 800
jin, valga decir, la producción media de cereales por
mu debe alcanzar los 400
jin
en las zonas al Norte del río Amarillo, 500 en las zonas al Norte del
río Juai y 800 en las zonas al Sur de este río. Se exige alcanzar tales
metas en un término de doce años. Esta es la demanda básica. El Programa
en su conjunto no ha sufrido modificaciones sustanciales, pues sólo
unos pocos artículos han experimentado cambios. Ya que algunos problemas
como el de la cooperativización han sido resueltos en lo fundamental,
los artículos correspondientes han sido modificados. En cuanto a otros
problemas que no subrayamos en el pasado, como los de maquinaria
agrícola y abonos químicos, ahora acentuamos su importancia en los
artículos correspondientes, porque necesitamos desarrollar su producción
con gran energía. Además, se ha cambiado el orden de algunos artículos.
Este proyecto revisado del Programa Nacional para el Desarrollo
Agrícola será publicado de nuevo para someterlo a discusión en las zonas
rurales de todo el país, luego que se lo discuta en una reunión
conjunta del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional y del
Comité Permanente del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva
Política. Podrán discutirlo también las fábricas, así como los diversos
círculos y los partidos democráticos. Este proyecto de Programa ha sido
elaborado por el Partido Comunista de China, ha sido confeccionado por
este instituto de diseño político que se llama Comité Central del
Partido Comunista de China, y no por aquel "Instituto de Diseño
Político" de Chang Po-chün.
Es sumamente necesario movilizar a todos los campesinos para que
participen en la discusión del Programa Nacional para el Desarrollo
Agrícola. Hay que poner en tensión nuestras energías. En el segundo
semestre del año pasado y el primer semestre de este año, se aflojaron
esas energías y, con los disturbios provocados por los derechistas en la
ciudad y el campo, se relajaron todavía más. Ahora, la campaña de
rectificación y la lucha contra los derechistas han vuelto a ponerlas en
tensión. Afirmo que el Programa Nacional para el Desarrollo Agrícola,
de cuarenta artículos, concuerda bastante con la realidad de China y no
es fruto del subjetivismo. Lo que había en él de subjetivismo lo hemos
corregido ya. En términos generales, existe la esperanza de cumplir
dicho programa. China puede transformarse, la ignorancia puede
convertirse en conocimiento, y el desaliento, en entusiasmo.
Un artículo del Programa se refiere al exterminio de las cuatro
plagas: ratones, gorriones, moscas y mosquitos. Este asunto me interesa
mucho; no sé qué les parece a ustedes. Pienso que comparten este interés
mío. Acabar con las cuatro plagas es una gran campaña por la higiene
pública, a la vez que una campaña para romper con los prejuicios. No
será nada fácil liquidarlas. Para ello, también es necesario recurrir a
la gran competencia de ideas, la gran apertura de opiniones, el gran
debate y el
dazibao. Si movilizamos a todo el pueblo para su
cumplimiento y logramos algunos éxitos, creo que el estado de ánimo de
la gente cambiará y se vigorizará el espíritu de la nación china.
Debemos insuflar energía a nuestra nación.
También se ha abierto la perspectiva de lograr éxitos en la
planificación de la natalidad. Este asunto debe someterse igualmente al
gran debate, siendo necesario dedicar varios años a su experimentación
en entidades piloto, unos años para su extensión y otros tantos para su
popularización.
Son muchas las cosas que tenemos que hacer. La realización de los
propios cuarenta artículos del Programa Nacional para el Desarrollo
Agrícola nos exige mucho trabajo. Y aquí se trata sólo del plan
agrícola, sin contar el plan industrial y el cultural-educacional. Luego
de cumplidos tres planes quinquenales, tendrán que haberse operado
cambios en la fisonomía de nuestro país.
Calculamos que, al término de tres planes quinquenales, la producción
anual de acero llegará a 20 millones de toneladas. Ya que para este año
ella se estima en 5.200.000, es probable que alcancemos esa meta de
aquí a diez años. En 1952, la India produjo 1.600.000 toneladas de acero
y ahora produce un poco más de 1.700.000 anuales, lo que significa que, con los esfuerzos de cinco años, solamente pudo aumentar
su producción en un poco más de 100.000 toneladas. ¿Y nosotros? En 1949
contábamos apenas con 190.000 toneladas; a raíz de los tres años de
restauración económica, conseguimos producir más de 1 millón, y ahora,
gracias a los esfuerzos hechos en los últimos cinco años, estamos
próximos a alcanzar 5.200.000, lo que supone un incremento de más de;
millones de toneladas en un quinquenio. Con otros cinco años de
desarrollo, podremos sobrepasar los 1o millones o ir algo más lejos,
esto es, lograr unos 11.500.000 toneladas. Y luego, al cabo del tercer
plan quinquenal, ¿será posible llegar a los 20 millones? La respuesta es
afirmativa.
Yo digo que nuestro país está lleno de esperanzas. Se equivocan de
medio a medio los derechistas cuando afirman que China carece de
esperanzas. Ellos no tienen confianza, lo que es natural, dada su
oposición al socialismo. Nosotros persistimos en el socialismo y nos
sentimos, por eso, llenos de confianza.