Mao Tse-tung
CONTRA EL LIBERALISMO
Del
Obras Escogidas de Mao Tse-tung
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
PEKIN 1976
Primera edición 1968
(3a impresión 1976)
Tomo II, págs. 25-27.
Transcrito © para el Internet por Rafael Masada,
Masada97@aol.com
Las indicaciones del HTML por David Romagnolo, djr@cruzio.com (Mayo de 1998)
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CONTRA EL LIBERALISMO
7 de septiembre de 1937
Estamos por la lucha ideológica activa, pues ella es el arma con que se
logra la unidad interna del Partido y demás colectividades
revolucionarias en beneficio del combate. Todos los comunistas y
revolucionarios deben empuñar esta arma.
Pero el liberalismo rechaza la lucha ideológica y propugna una paz sin
principios, dando origen a un estilo decadente y vulgar, que conduce a
la degeneración política a algunas organizaciones y miembros del Partido
y demás colectividades revolucionarias.
El liberalismo se manifiesta en diferentes formas:
A sabiendas de que una persona está en un error, no sostener una
discusión de principio con ella y dejar pasar las cosas para preservar
la paz y la amistad, porque se trata de un conocido, paisano,
condiscípulo, amigo íntimo, ser querido, viejo colega o viejo
subordinado. O bien buscando mantenerse en buenos términos con esa
persona, rozar apenas! el asunto en lugar de ir hasta el fondo. Así,
tanto la colectividad como el individuo resultan perjudicados. Este es
el primer tipo de liberalismo.
Hacer críticas irresponsables en privado en vez de plantear
activamente sugerencias a la organización. No decir nada a los demás en
su presencia, sino andar con chismes a sus espaldas; o callarse en las
reuniones, pero murmurar después. No considerar para nada los principios
de la vida colectiva, sino dejarse llevar por las inclinaciones
personales. Este es el segundo tipo.
Dejar pasar cuanto no le afecte a uno personalmente; decir lo menos
posible aunque se tenga perfecta conciencia de que algo es incorrecto;
ser hábil en mantenerse a cubierto y preocuparse únicamente de evitar
reproches. Este es el tercer tipo.
Desobedecer las órdenes y colocar las opiniones personales en primer
lugar; exigir consideraciones especiales de la organización, pero
rechazar su disciplina. Este es el cuarto tipo.
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Entregarse a ataques personales, armar líos, desahogar rencores
personales o buscar venganza, en vez de debatir los puntos de vista
erróneos y luchar contra ellos en bien de la unidad, el progreso y el
buen cumplimiento del trabajo. Este es el quinto tipo. Escuchar
opiniones incorrectas y no refutarlas, e incluso escuchar expresiones
contrarrevolucionarias y no informar sobre ellas, tomándolas
tranquilamente como si nada hubiera pasado. Este es el sexto tipo.
Al hallarse entre las masas, no hacer propaganda ni agitación, no
hablar en sus reuniones, no investigar ni hacerles preguntas, sino
permanecer indiferente a ellas, sin mostrar la menor preocupación por su
bienestar, olvidando que se es comunista y comportándose como una
persona cualquiera. Este es el séptimo tipo.
No indignarse al ver que alguien perjudica los intereses de las masas,
ni disuadirlo, ni impedir su acción, ni razonar con él, sino dejarle
hacer. Este es el octavo tipo.
Trabajar descuidadamente, sin plan ni orientación definidos; cumplir
sólo con las formalidades y pasar los días vegetando: "mientras sea
monje, tocaré la campana". Este es el noveno tipo.
Considerar que se ha rendido grandes servicios a la revolución y darse
aires de veterano; desdeñar las tareas pequeñas pero no estar a la
altura de las grandes; ser negligente en el trabajo y flojo en el
estudio. Este es el décimo tipo.
Tener conciencia de los propios errores pero no intentar corregirlos,
tomando una actitud liberal para consigo mismo. Este es el undécimo
tipo.
Podrían citarse otros tipos más, pero los once descritos son los principales.
Todas éstas son manifestaciones de liberalismo.
En una colectividad revolucionaria, el liberalismo es extremadamente
perjudicial. Es una especie de corrosivo, que deshace la unidad,
debilita la cohesión, causa apatía y crea disensiones. Priva a las filas
revolucionarias de su organización compacta y de su estricta
disciplina, impide la aplicación cabal de su política y aleja a las
organizaciones del Partido de las masas que éste dirige. Se trata de una
tendencia sumamente perniciosa.
El liberalismo proviene del egoísmo de la pequeña burguesía; éste
coloca los intereses personales en primer plano y relega los intereses
de la revolución al segundo, engendrando así el liberalismo en los
terrenos ideológico, político y organizativo.
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Los adictos al liberalismo consideran los principios del marxismo como
dogmas abstractos. Aprueban el marxismo, pero no están dispuestos a
practicarlo o a practicarlo cabalmente; no están dispuestos a sustituir
su liberalismo por el marxismo Tienen su marxismo y también su
liberalismo hablan del marxismo pero practican el liberalismo el
marxismo es para los demás y el liberalismo para ellos, mismos. Llevan
ambos en su bagaje y encuentran aplicación para uno y otro. Así es como
funciona el cerebro de cierta gente.
El liberalismo constituye una manifestación de oportunismo y es
radicalmente opuesto al marxismo. Es negativo y, objetivamente, hace el
juego al enemigo. De ahí que éste se alegre si en nuestras filas
persiste el liberalismo. Por ser tal su naturaleza, no debe haber lugar
para el liberalismo en las filas revolucionarias.
Debemos emplear el espíritu marxista, que es positivo, para superar el
liberalismo, que es negativo. El comunista debe ser sincero y franco
leal y activo, poner los intereses de la revolución por encima de su
propia vida y subordinar sus intereses personales a los de 1a
revolución; en todo momento y lugar ha de adherirse a los principios
justos y luchar infatigablemente contra todas las ideas y acciones
incorrectas, a fin de consolidar la vida colectiva del Partido y la
ligazón de éste con las masas ha de preocuparse más por el Partido y las
masas que por ningún individuo, y más por los demás que por sí mismo.
Sólo una persona así es digna de llamarse comunista.
Todos los comunistas leales, francos, activos y honrados deben unirse
para combatir las tendencias liberales, que cierta gente tiene, y
encauzar a ésta por el camino correcto. He aquí una de nuestras tareas
en el frente ideológico.