El siguiente documento ha sido redactado por el Partido
Comunista de la India (Maoísta) y es utilizado como guía de estudio por
sus cuadros. El blog “Cultura Proletaria” ha decidido, por su gran
importancia y por el interés que suscita, traducir el documento al
español.
Capítulo 32: Después de la muerte de Mao
A finales de los años 60 -el período de la GRCP y el establecimiento
del Maoísmo como una nueva etapa del Marxismo-Leninismo- fue un período
de fermentación revolucionaria en muchas partes del mundo. La guerra
revolucionaria en Indochina (el área que cubre Vietnam, Kampuchea y
Laos) se enfrentaba a fuertes golpes debido a la tremenda potencia
militar de los imperialistas norteamericanos. Al mismo tiempo, los
revolucionarios rompieron con el revisionismo moderno e iniciaron luchas
armadas bajo la guía del Maoísmo, especialmente en muchas partes del
Tercer Mundo. Las luchas armadas en las Filipinas y en la India
continúan desde entonces. También se llevaron a cabo, en muchos lugares,
guerrillas de liberación nacional, así como luchas armadas bajo la
ideología Guevarista (ideología que sigue las ideas y las prácticas del
Che Guevara, que desempeñó un rol principal en la lucha revolucionaria
de Cuba y de Bolivia) en partes de América Latina.
La guerra de Indochina, las afiladas luchas en el Tercer Mundo y la
GRCP fueron algunos de los principales factores para la gran ruptura de
los movimientos estudiantiles y antiguerra con el mundo capitalista a
finales de los años 70. La revuelta estudiantil de París en mayo de 1968
fue la más importante, pero no la única, ola de revueltas estudiantiles
que iban desde
EE.UU. a Italia,
pasando por Polonia, Checoslosvaquia y Yugoslavia. Esta ola también
tuvo su impacto en diversos lugares del Tercer Mundo. Al mismo tiempo,
las protestas contra la guerra de Vietnam comenzaron a ganar adeptos en
Estados Unidos y en otras partes del mundo, con grandes movimientos por
la paz, contra la guerra y la carrera armamentística nuclear en las
principales ciudades europeas. Los imperialistas estadounidenses fueron
efectivamente aislados, ya que ni siquiera sus aliados se pusieron de
acuerdo para enviar tropas a combatir en Vietnam. Tras los movimientos
estudiantiles, hubo también un importante aumento de las luchas de la
clase obrera industrial en el Este de Europa, particularmente en Italia y
Francia, a pesar de que las demandas sólo eran económicas. Enormes olas
de huelgas por mayores demandas salariales paralizaron muchas veces
toda la economía de los países imperialistas.
A mediados de los años 70, tras largas guerras de guerrillas, se vio
la caída final de muchos viejos regímenes coloniales. De este modo, los
EE.UU.
y sus marionetas fueron expulsados de Vietnam, Kampuchea y Laos en
1975. En África, las repúblicas de Mozambique, Angola, Etiopía, Congo y
Benin fueron formadas durante este período. Sin embargo, la mayoría de
estos países estuvieron en manos de títeres o satélites del nuevo
imperialismo, es decir, el socialimperialismo soviético. La destacable
excepción fue Kampuchea, donde los auténticos revolucionarios comunistas
-los Jemeres Rojos- se mantuvieron independientes hasta que fueron
invadidos en 1978 por Vietnam, bajo las órdenes de los imperialistas
soviéticos.
El período posterior también continuó siendo una excelente situación
revolucionaria con la agudización de todas las contradicciones
fundamentales y el debilitamiento del imperialismo. En particular, las
colonias y semicolonias continuaron siendo el centro de la tempestad de
la revolución mundial. A principios de este periodo, la guerra de
guerrillas continuó en Zimbabwe, Nicaragua, Eritrea y en otros países.
La Guerra Popular comenzó en Perú en 1980 bajo la dirección comunista
revolucionaria. El Sha de Irán fue derrocado y se instauró una República
Islámica antiestadounidense. La guerra de liberación nacional estalló
en Afganistán tras la instalación de un régimen títere soviético en 1978
y tras la ocupación por parte del ejército socialimperialista soviético
en 1979. La lucha heroica del pueblo Afgano causó muchas muertes al
régimen soviético y fue un factor importante en el colapso final de la
URSS.
La importancia histórica de las luchas populares de las colonias y
semicolonias cambió para siempre la naturaleza de las relaciones entre
el imperialismo y las naciones oprimidas. Las guerras de Vietnam y
Afganistán demostraron que ni siquiera una superpotencia podía ocupar un
país, aunque fuese pequeño y débil. Esta verdad se hizo más visible en
los años 90, en muchos lugares donde las fuerzas de la ONU intentaron
intervenir. Somalilandia, que había sido controlada durante muchos años,
sin mucha dificultad, por los colonialistas británicos e italianos, se
convirtió en Somalia, donde miles de tropas americanas y de otros países
se vieron obligadas a retirarse en desgracia, al ser atacadas por el
pueblo. Incluso los contínuos bombardeos a gran escala en Irak y en
Yugoslavia, sin el compromiso de las tropas terrestres, son el
reconocimiento del imperialismo de que ningún país, nación o pueblo de
este periodo estaba dispuesto a aceptar un ejército de ocupación.
Desde el colapso de los regímenes burocráticos de Europa del Este y
de varias repúblicas que formaban la antigua Unión Soviética, se ha
producido una contínua crisis revolucionaria. Incluso en los países
imperialistas de Occidente, el agravamiento de la crisis llevó a la
intensificación de la contradicción entre el trabajo y el capital, y a
repetidas oleadas de huelgas dirigidas por la clase obrera. Sin embargo,
las fuerzas revolucionarias no se han organizado lo suficientemente
fuerte como para utilizar la excelente situación mundial revolucionaria
para avanzar a la revolución proletaria mundial.
Tras la muerte de Mao, en 1976, los capitalistas que permanecieron en
el partido llevaron a cabo un golpe bajo la dirección del revisionista
Deng Xiao-ping y tomaron el control del partido bajo la dirección
nominal de Hua Kuo-feng, que se considera a sí mismo un centrista. Como
ya Mao había enseñado varias veces, con el control político en manos de
los revisionistas, la base socialista dejó de estar en las manos del
proletariado. Al mismo tiempo, la dirección del Partido del Trabajo de
Albania comenzó a seguir una línea oportunista, atacando al Maoísmo y
tachando a Mao de revolucionario pequeño-burgués. A pesar de que los
Jemeres Rojos continuaron manteniendo el poder en Kampuchea, hubo una
guerra constante contra los enemigos internos y externos de la
Revolución y el país no fue capaz de recuperarse de los problemas
económicos de la guerra y consolidar su poder cuando fueron derrotados
por el ejército vietnamita, apoyado por los soviéticos. Por lo tanto, no
había ningún país en el mundo en el que el proletariado hubiese
consolidado su posición en el poder estatal y desempeñado su rol bajo
una base socialista para el proletariado internacional.
En los años inmediatamente posteriores a la muerte de Mao, había una
considerable confusión ideológica en el movimiento comunista
internacional, con los revisionistas de Deng, a través de Hua Kuo-feng,
tratando de proyectarse como defensores legítimos del Maoísmo.
Particularmente, vendieron la falsa y revisionista idea de la Teoría de
los Tres Mundos como la línea general de Mao para el proletariado
internacional. Muchos sectores revolucionarios aceptaron estas
posiciones, y sólo después de la abiertamente revisionista Resolución
Histórica del PCCh en 1981 y del XII Congreso de 1982, la mayor parte de
las fuerzas revolucionarias del mundo comenzaron a oponerse
abiertamente al revisionismo de Deng. Sin embargo, algunos sectores
continuaron siguiendo la corriente revisionista de Deng y abandonaron
las enseñanzas revolucionarias de Mao. Algunos sectores se unieron al
ataque del Partido del Trabajo de Albania contra el Maoísmo. Sin
embargo, más tarde, estos partidos se desintegraron o comenzaron a
revelar su verdadera naturaleza revisionista.
Aquellos que se oponían resueltamente al revisionismo de Deng y
defendían el Maoísmo, conseguían hacer progresos considerables en la
práctica. Hoy en día, estas fuerzas forman el núcleo del proletariado
revolucionario internacional. Lideran las luchas armadas en Perú,
Filipinas, Turquía, Nepal y la India. Aunque estas fuerzas son todavía
muy débiles organizativamente, continúan creciendo.
La principal fuente del crecimiento de sus fuerzas es la justa
ideología Marxista- Leninista-Maoísta. La cadena de importantes
acontecimientos históricos de los últimos veinte y tantos años confirmó
la mayoría de los principios maoístas. En particular, el colapso de la
Unión Soviética y su retirada de condición de superpotencia frente a la
lucha popular y el grave debilitamiento de superpotencia estadounidense
frente a las luchas de los pueblos oprimidos de todo el mundo, han
confirmado el principio de Mao de que estos imperialistas han sido sólo
tigres de papel, y han aprendido una lección a través del pueblo.
Del mismo modo, el maoísmo continuó siendo la mejor herramienta en
las manos del proletariado internacional y de los pueblos oprimidos para
formular y aplicar la revolución en sus respectivos países. El Maoísmo
también tuvo una gran influencia en las luchas armadas por la liberación
nacional en varios rincones del mundo. Aunque en este período no ha
habido avances significativos en la ciencia y en la teoría marxista, el
MLM continúa adaptándose a las condiciones cambiantes en todo el mundo.
Proporciona la única teoría científica y correcta para el proletariado
internacional.
El movimiento comunista internacional está pasando por un proceso de
victoria-derrota-victoria en el camino a la victoria final de la
revolución proletaria mundial. Para aquellos que están desanimados con
las subidas y bajadas de este proceso, sería bueno recordar lo que dijo
Mao durante el Gran Debate y también durante la Revolución Cultural: “
Incluso
la revolución burguesa, que sustituyó una clase explotadora por otra,
tuvo que someterse a diversos reveses y ser testigos de muchas luchas
(revolución), después la restauración y luego el derribo de la
restauración. Varios países europeos tardaron cientos de años en
completar sus revoluciones burguesas, comenzando con los preparativos
ideológicos hasta la toma final del poder. Como la revolución proletaria
es una revolución que pretende derrocar de forma permanente todos los
sistemas de explotación, es aún menos concebible que las clases
explotadoras vayan dócilmente a permitir que el proletariado los prive
de todos sus privilegios sin tratar de restaurar su poder”.
Se esperan derrotas temporales en el largo y sinuoso camino de la
Revolución Socialista Mundial. Los 150 años de historia del desarrollo
del Marxismo-Leninismo-Maoísmo demostraron de manera concluyente que el
destino histórico de esta doctrina es liderar y guiar al proletariado
internacional hasta la victoria final.