Mao Tsetung
UNAMONOS Y TRACEMOS
UNA CLARA LINEA DE DEMARCACION
ENTRE NOSOTROS Y EL ENEMIGO
Del
Obras Escogidas de Mao Tsetung
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
PEKIN
Primera edición 1977
Tomo V, págs. 80-83.
Transcrito © para el Internet por Rafael Masada,
Masada97@aol.com
Las indicaciones del HTML por David Romagnolo, djr@marx2mao.org (Mayo de 1998)
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UNAMONOS Y TRACEMOS
UNA CLARA LINEA DE DEMARCACION
ENTRE NOSOTROS Y EL ENEMIGO[*]
4 de agosto de 1952
* Puntos esenciales del discurso pronunciado por el camarada Mao Tsetung
en la 38.ƒ Sesión del Comité Permanente del I Comité Nacional de la
Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino.
De un año a esta fecha hemos venido haciendo la guerra, sosteniendo
negociaciones y procurando la estabilidad al mismo tiempo.
La situación de la guerra en Corea quedó definida en julio del año
pasado, pero en ese momento aún no estábamos seguros de lograr la
estabilidad financiera y económica del país. En el pasado, nos
limitábamos a decir: "Los precios están básicamente estabilizados y los
ingresos y egresos han llegado a un equilibrio aproximado", queriendo
expresar con ello que aún no se había logrado la estabilidad de los
precios ni el equilibrio de los ingresos y egresos. Los ingresos estaban
por debajo de los egresos, lo que constituía un problema. Por eso en
una reunión convocada en septiembre del año pasado por el CC del PCCh,
se planteó la tarea de aumentar la producción y practicar un riguroso
régimen de economías. En octubre, yo planteé lo mismo en la III Sesión
del I Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política. Durante la
campaña por aumentar la producción y practicar economías, se
descubrieron casos bastante graves de corrupción administrativa,
despilfarro y burocratismo. En diciembre se desplegó la campaña contra
los "tres males" y, en seguida, la campaña contra los "cinco males".
Hoy, estas dos campañas han salido triunfantes, la situación ha quedado
completamente clara y reina una gran estabilidad en el país.
El año pasado, los gastos de la Guerra de Resistencia a la Agresión
Norteamericana y en Ayuda a Corea y los de la construcción nacional
fueron más o menos equivalentes, en una proporción de mitad y mitad.
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Este año, en cambio, los gastos de la guerra, según se calcula, serán
solamente la mitad de los del año pasado. En la actualidad, el número de
nuestros efectivos ha sido reducido, pero sus equipos han sido
reforzados. Durante veintitantos años de guerra nunca tuvimos aviación, y
siempre fue el enemigo el que nos bombardeó. Ahora disponemos de
aviación, así como de cañones antiaéreos, cañones de otros tipos y
tanques. La Guerra de Resistencia a la Agresión Norteamericana y en
Ayuda a Corea es una inmensa escuela, y en ella realizamos maniobras de
gran envergadura que nos proporcionan una enseñanza superior a la de las
academias militares. Si la guerra se prolonga un año más, todas
nuestras fuerzas de tierra podrán ir por turnos a recibir entrenamiento
en ella.
Respecto de esta guerra, se nos presentaron, en un principio, tres
problemas: primero, el de si seríamos capaces de combatir; segundo, el
de si podríamos aguantar en la defensa, y tercero, el de si tendríamos
de qué alimentarnos.
El problema de si seríamos capaces de combatir quedó resuelto a los
dos o tres meses. El enemigo tiene más cañones que nosotros, pero su
moral es baja; tiene mucho hierro, pero le falta moral.
El año pasado se resolvió también el problema de si podríamos
aguantar en la defensa. La solución reside en meterse dentro de túneles.
Hemos construido defensas en dos niveles. Cuando el enemigo llega en un
asalto, entramos en los túneles. Sucede a veces que el enemigo ocupa la
superficie, pero el subsuelo continúa siendo nuestro. Cuando el enemigo
entra en las posiciones de la superficie, lanzamos contraataques
infligiéndole enormes bajas. Es gracias a este método autóctono como
capturamos armas de fuego modernas. El enemigo queda sin saber qué hacer
con nosotros.
El problema de alimentarse, o sea, el de garantizar el
avituallamiento, permaneció sin solución durante mucho tiempo. En aquel
entonces ignorábamos que se podía abrir túneles para guardar cereales.
Ahora ya lo sabemos. Cada división cuenta con víveres para tres meses,
depósitos e incluso salas de reuniones, y la gente vive en condiciones
bastante buenas dentro de los túneles.
Ahora ya tenemos una orientación clara, posiciones sólidas y un
suministro garantizado, y cada combatiente comprende que debe perseverar
hasta el fin.
En última instancia, ¿hasta cuándo combatiremos y hasta cuándo
negociaremos? Yo diría que debemos seguir negociando y combatiendo y
que, después de todo, hemos de llegar a la paz.
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¿Por qué, después de todo, se ha de llegar a la paz? La guerra no
puede durar treinta o cien años, pues su prolongación indefinida sería
muy desfavorable para los Estados Unidos.
Primero, porque así tendrían más muertos. Ya han perdido más de
treinta mil hombres luchando por mantener en sus manos a unos diez mil
prisioneros. De todos modos, ellos tienen mucha menos gente que
nosotros.
Segundo, porque así tendrían que gastar más dinero. Ellos gastan más
de 10.000 millones de dólares por año. Nosotros gastamos mucho menos que
ellos y, además, este año nuestros gastos se reducirán a la mitad
respecto al año pasado. La revisión de cuentas en las campañas contra
los "tres males" y contra los "cinco males" nos ha dejado un saldo
suficiente para sostener la guerra por un año y medio más. De este modo,
podemos dedicar a la construcción nacional todo el dinero obtenido con
el aumento de la producción y la práctica de economías.
Tercero, ellos se ven acosados por contradicciones tanto externas como internas, difíciles de superar.
Cuarto, hay otro problema, de orden estratégico. El punto clave de la
estrategia norteamericana es Europa. Cuando enviaron tropas a invadir
Corea, no se imaginaron que mandaríamos tropas de auxilio de ese país.
Nuestros asuntos son relativamente fáciles de manejar. Somos dueños
absolutos de nuestros asuntos internos. Pero, el cargo de jefe del
Estado Mayor de los EE.UU. no lo desempeñamos nosotros, sino uno de los
suyos. Por lo tanto, el que continúe o no la guerra de Corea, depende
sólo en un 50 por ciento de los coreanos y nosotros. En resumen, para
los EE.UU. la tendencia general se ha hecha irreversible: no hacer la
paz los desfavorece.
El parloteo de que pronto estallará una tercera guerra mundial es
puro bluf. Debemos hacer esfuerzos por asegurarnos un lapso de diez años
para construir la industria y echar cimientos sólidos. Debemos unirnos
estrechamente y deslindar campos con el enemigo. Si hoy somos poderosos,
eso se debe a la unión del pueblo de todo el país y a la cooperación de
todos los que estamos aquí presentes y de los diversos partidos
democráticos y organizaciones populares. Es sumamente importante unirnos
y trazar una clara línea de demarcación entre nosotros y el enemigo. El
Dr. Sun Yat-sen fue un hombre honesto, pero, ¿por qué fracasó la
Revolución de 1911, por él dirigida? He aquí las razones: Primero, no
repartió las tierras;
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segundo, no se dio cuenta de la necesidad de reprimir a la
contrarrevolución, y tercero, no libró una lucha aguda contra el
imperialismo. Además de la línea divisoria entre nosotros y el enemigo,
hay que trazar, dentro de nuestras propias filas, la línea de distinción
entre lo correcto y lo erróneo. Esta última ocupa un puesto secundario
respecto de aquélla. Por ejemplo, para el caso de la gran mayoría de los
culpables de corrupción administrativa, de lo que se trata es de
distinguir lo correcto de lo erróneo; ellos son reeducables y se
diferencian de los contrarrevolucionarios.
Hay que realizar una labor de educación en los diversos partidos
democráticos y los círculos religiosos para que no caigan en la trampa
del imperialismo y no se coloquen del lado del enemigo. Tomando el
budismo como ejemplo, éste tiene pocos vínculos con el imperialismo, y
su ligazón es, en lo fundamental, con el feudalismo. A causa del
problema de la tierra, la lucha contra el feudalismo afectó a los
monjes, y los que recibieron el golpe fueron gentes
como los abades y padres superiores. Con el derribamiento de esa
minoría, los Lu Chi-shen[
1]
fueron liberados. Yo no creo en el budismo, pero tampoco me opongo a
que los budistas se organicen en una asociación para unirse y deslindar
campos con el enemigo. ¿Habrá que suprimir algún día el frente único? Yo
no abogo por su supresión. Estamos dispuestos a unirnos con todos
aquellos que realmente deslinden campos con el enemigo y sirvan al
pueblo.
Nuestra nación tiene futuro, su perspectiva es amplia. En un
principio, nos preguntábamos si podríamos restaurar la economía nacional
en tres años. Pero resulta que lo hemos conseguido en dos años y medio
de arduos esfuerzos y, lo que es más, hemos iniciado la construcción
planificada. Todos debemos unirnos y trazar una clara línea de
demarcación entre nosotros y el enemigo, de modo que nuestra nación
avance con paso seguro.