jueves, 25 de junio de 2026

COLOMBIA:Ni calma ni pasividad: organización y lucha popular

Ni calma ni pasividad: organización y lucha popular 1

En estos días posteriores a la segunda vuelta de la elección presidencial en Colombia, los llamados y pronunciamientos desde el Pacto Histórico y la llamada Alianza por la Vida fueron de «esperar en calma los escrutinios», «no movilizarse para no darle razones a la ultraderecha» o decir que «eso es lo que quiere Abelardo», mientras el pueblo comenzaba a plantearse la necesidad de salir a las calles. Ahora que Iván Cepeda y Gustavo Petro reconocieron los resultados —incluso antes de culminar por completo los escrutinios en todo el país y pese a reconocer por parte de Petro la injerencia del imperialismo estadounidense en esa contienda—, la situación para los reformistas conciliadores se reduce al uso de las «buenas maneras democráticas», es decir, el sometimiento a la dictadura de la burguesía, ahora con Abelardo de la Espriella a la cabeza del poder ejecutivo de las clases dominantes.

A nivel nacional y en las diferentes regiones, los dirigentes de la colectividad progre-reformista hacen gala de sus intereses politiqueros y limitan su análisis al crecimiento del caudal electoral por la candidatura de izquierda, lo que denominan «termómetro de nuestras capacidades», sin contrastarlo — por sus obvias limitaciones— con la necesidad del trabajo de base, un horizonte revolucionario y un programa político de la clase obrera y el campesinado pobre hacia la toma del poder, tareas que son de carácter obligatorio para nosotros los comunistas. Para ellos, basta con el cambio nominal de sus reformas a «revoluciones» y pensar en las próximas elecciones regionales, donde de nuevo querrán desviar con su conciliación, la atención del pueblo de su propia emancipación.

Frente a esta situación de absoluto llamado a la pasividad por parte de los reformistas, solo el pueblo salva al pueblo. Es momento entonces de sacudirnos de estos cuatro años de apaciguamiento, quietud contemplativa (incluso entre los revolucionarios) y recordar que la organización y la lucha popular no da espera, y que solo así podremos no solo enfrentar y oponer resistencia, sino efectivamente plantearnos centros de poder propio como semilla para la revolución. Para esto, es necesario que los comunistas y revolucionarios insistamos con las asambleas populares con la clase obrera en las ciudades y los campesinos pobres en el campo, donde el pueblo trabajador organice, decida, y ejecute cómo luchar.

Para que esta iniciativa de poder popular de las masas no quede en lo anecdótico o espontáneo, es necesario agilizar el proceso por la unidad programática de los comunistas revolucionarios en el Partido Comunista Revolucionario, de manera que pueda ponerse al servicio del pueblo como su dispositivo político de vanguardia y destacamento revolucionario que guíe efectivamente esta lucha por su definitiva emancipación contra la burguesía y los terratenientes.

No hay comentarios: