Nota – Conmemoramos el 144º aniversario
de aquella histórica jornada del 18 de Marzo de 1871 cuando el
proletariado y el pueblo de París se alzaron en armas creando el primer
Estado del proletariado del mundo, la Comuna de París, de corta
existencia pero cuyos principios, tal y como señaló Marx, son eternos e
indestructibles.
Con este motivo ofrecemos a continuación un amplio extracto
del artículo “La Comuna de París: Primera Dictadura Proletaria”,
publicado en el órgano del Comité Central del Partido Comunista
Revolucionario de Estados Unidos “Revolution”, Vol. 3, Nº 6, Marzo de
1978, que hemos extraído de la web del Marxists Internet Archive y que Gran Marcha Hacia el Comunismo ha traducido al español:
LA COMUNA DE PARÍS: PRIMERA DICTADURA PROLETARIA
El 18 de Marzo se conmemora el aniversario de la Comuna de París. Ese
día en 1871, los obreros de París “tomaron el cielo por asalto”, tal y
como lo describió Marx, alzándose en rebelión armada y manteniendo la
ciudad durante 72 días hasta que los gobernantes de Francia finalmente
fueron capaces de desatar su sangrienta venganza sobre los esclavos que
se atrevieron a alzar la bandera de la revolución. Ciertamente no fue la
primera rebelión de los oprimidos, ni siquiera la primera rebelión de
la joven clase obrera. Pero fue la primera vez que la clase obrera tomó
el poder, y las lecciones aprendidas en esa primera exitosa (pese a su
corta vida) revolución han establecido los principios básicos para la
revolución de la clase obrera desde entonces.
Los obreros de París, que se habían rebelado dos veces y dos veces
fracasado en los pocos años anteriores a 1871, se habían armado para la
defensa de su ciudad en el transcurso de una guerra que la burguesía
francesa había lanzado contra Prusia. Los obreros estaban tanto física
como políticamente aislados del resto del país y superados ampliamente
por las fuerzas armadas de las clases dominantes francesa y prusiana.
Pero la burguesía francesa se rindió ante Prusia y trató de entregar
París al ejército prusiano con el fin de acabar con la lucha de los
obreros allí. Unidades del ejército francés marcharon hacia París para
desarmar a los obreros que se habían organizado en la Guardia Nacional.
Los obreros tenían poca elección. Decidieron utilizar sus armas
–arriesgándose a todo tratando de liberarse de una vez y para siempre en
lugar de marchar mansamente al matadero.
Alborada de una Gran Revolución Social
Aunque Marx, que seguía los acontecimientos de Francia en aquellos
momentos desde Inglaterra donde estaba exiliado, pensó que el momento no
estaba maduro para que los obreros parisinos se alzaran y vencieran,
rápidamente hizo un balance de la naturaleza histórica de los
acontecimientos, declarando el 18 de marzo de 1871 “la alborada de la
gran revolución social que liberará a la humanidad para siempre del
régimen de clases”, y apoyó a la Comuna.
Ese día, el Comité Central de la Guardia Nacional de los obreros
proclamó que: “Los obreros de París, en medio de fracasos y traiciones
de las clases dominantes, han comprendido que ha sonado para ellos la
hora de salvar la situación asumiendo en sus manos la dirección de los
asuntos públicos”. Las tropas del Gobierno enviadas para desarmar a los
obreros fueron golpeadas. En pocos días, los ricos ociosos, los
capitalistas, los cortesanos y los delincuentes comunes huyeron de París
a Versalles, donde la clase dominante francesa declaró la guerra contra
París.
La propia Comuna –el Gobierno formado por los obreros- se compuso de
representantes de diversos barrios de París, elegidos por los ciudadanos
y revocables de su puesto en cualquier momento. La mayoría de sus
miembros eran obreros o representantes reconocidos de la clase obrera.
Más que una entidad parlamentaria (como el Congreso en los
EE.UU.),
la Comuna tomó decisiones y las llevó a cabo. Y desde lo más alto hasta
la base todos sus miembros y todos cuantos trabajaron bajo su dirección
recibieron los mismos salarios que un obrero corriente.
El ejército y la policía fueron abolidos. Todos los ciudadanos capaces
de llevar armas fueron enrolados en la Guardia Nacional, la única fuerza
armada. “Los curas fueron enviados de vuelta a los recesos de la vida
privada, para alimentarse allí entre las almas de los fieles a imitación
de sus predecesores, los Apóstoles”. (Marx,
La Guerra Civil en Francia).
Las escuelas quedaron abiertas para todos, a todos los niveles. Los
alquileres de las casas quedaron cancelados y todas las casas de empeño
clausuradas. Se prohibieron los turnos de noche. Las fábricas de los
capitalistas que habían huido fueron incautadas, para ser dirigidas por
los propios obreros. La Columna de la Victoria, un monumento a las
guerras de agresión chovinistas de Francia, fue derribada. “La bandera
de la Comuna”, declararon los obreros”, es la bandera de la República
Mundial”.
A la burguesía le gusta pintar el marxismo como tan sólo una idea, un
sueño imposible o una pesadilla estremecedora. El marxismo es la
síntesis científica de toda la historia de las luchas de los oprimidos, y
de todo el conocimiento conquistado a través de las luchas de la
humanidad. Surgió con el desarrollo y el crecimiento de las luchas de la
clase obrera, cuya posición y punto de vista se expresan en el
marxismo. Tal y como Lenin escribió en
El Estado y la Revolución,
“No existe traza alguna de utopismo en Marx, en el sentido que fraguó o
inventó una “nueva” sociedad. No, él estudió el nacimiento de la nueva
sociedad a partir de la vieja, y las formas de transición de la última a
la primera, como un proceso histórico-natural. Él examinó la
experiencia misma de un movimiento proletario de masas, y trató de
extraer lecciones prácticas de este. Él “aprendió” de la Comuna, al
igual que todos los grandes pensadores revolucionarios aprendieron sin
vacilar de la experiencia de los grandes movimientos de las clases
oprimidas…”.
La más importante lección de la Comuna de París, lo que los obreros de
París enseñaron en primer lugar con sus fusiles y luego con su heroico
sacrificio, es la cuestión central del marxismo: la dictadura del
proletariado.
“Se dice y escribe frecuentemente,” explica Lenin en
El Estado y la Revolución,
“que la cuestión principal en la teoría de Marx es la lucha de clases.
Pero esto es erróneo. Y esta noción errónea resulta muy frecuentemente
en una distorsión oportunista del marxismo y su falsificación en un
espíritu aceptable para la burguesía… Aquellos que sólo reconocen la
lucha de clases no son aún marxistas; se les puede encontrar estando aún
dentro de los límites del pensamiento burgués y la política burguesa…
Sólo es marxista aquel que extiende el reconocimiento de la lucha de
clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado.” Tal y como
lo señaló Marx en su Carta a Weydemeyer, escrita en 1852, “no se me debe
ningún mérito por descubrir la existencia de las clases en la sociedad
moderna, ni la lucha entre ellas. Mucho antes de mí los historiadores
burgueses habían descrito el desarrollo histórico de esta lucha de
clases y los economistas burgueses la anatomía económica de las clases.
Lo que yo hice nuevo fue demostrar: 1) que la existencia de las clases
está únicamente vinculada con fases particulares e históricas en el
desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce
necesariamente a la dictadura del proletariado: 3) que la dictadura
misma sólo constituye la transición hacia la abolición de todas las
clases y a una sociedad sin clases”.
En otras palabras, la lucha de clases conduciría inevitablemente a la
clase obrera a establecer el dominio de la mayoría trabajadora sobre la
minoría explotadora, por vez primera en la historia, y éste sería el
primer paso hacia la eliminación de todas las clases y el dominio de
clases. Esto es lo que representó la Comuna de París. Los obreros y
obreras de París establecieron la primera dictadura del proletariado del
mundo. A través de la experiencia de esta lucha, dieron vida y forma a
lo que Marx y los obreros con conciencia de clase en general habían sólo
concebido de una manera general.
(…) Como señaló Marx, los obreros de París, rodeados por todas partes y
enfrentados al hambre debido al bloqueo económico, no pudieron más que
comenzar su trabajo durante los 72 días de la Comuna. Cometieron ciertos
errores, como era inevitable en ésta la primera de todas las
revoluciones proletarias. Marx y Engels concluyeron que la Comuna había
fracasado en emprender la dictadura de los obreros sobre los
explotadores de manera lo suficientemente implacable y rápida –los
obreros dejaron sin tocar el Banco de Francia, el principal pilar
financiero del país, y en lugar de eliminar a la burguesía capturada en
París y marchar inmediatamente sobre Versalles mientras la burguesía
francesa estaba aún debilitada por su derrota a manos de Prusia, los
obreros de la Comuna les dejaron escapar y recuperar sus fuerzas.
Entonces, la burguesía francesa con la ayuda de los gobernantes
reaccionarios prusianos llevaron a cabo una “rebelión de los
esclavistas” contra los esclavos victoriosos, convirtiendo París en un
mar de sangre cuando los Comuneros a millares fueron asesinados casa por
casa combatiendo o fusilados como prisioneros.
Pero como declaró Marx incluso mientras la batalla estaba aún arreciando
en París: “Si la Comuna es destruida, la batalla sólo quedará
pospuesta. Los principios de la Comuna son eternos e indestructibles; se
presentarán una y otra vez hasta que la clase obrera sea liberada”.
(Marx,
Acta de un Discurso sobre la Comuna de París).
(…)
La Revolución Cultural
La Gran Revolución Cultural Proletaria, iniciada y dirigida
personalmente por Mao, fue un gran ejemplo de la clase obrera
defendiendo y desarrollando la dictadura del proletariado y ejerciendo
“la dictadura omnímoda sobre la burguesía en la superestructura”. Este
alzamiento de centenares de millones de obreros, campesinos y otras
masas contra aquellos a los que Mao calificó como “las personas del
partido en el poder tomando la vía capitalista” fue, tal y como se
explicó en
Cómo el Capitalismo Ha Sido Restaurado en la Unión Soviética y lo que Esto Significa para la Lucha Mundial,
no “simplemente un movimiento para criticar la ideología burguesa y a
los representantes burgueses en el terreno de la cultura, la educación,
etc., sino una lucha revolucionaria dirigida para derrocar a personas en
puestos altos en el Partido y el Estado que de hecho se habían
atrincherado en el poder en muchas esferas de la sociedad –aunque no
habían tomado aún el control de todo el aparato del Estado y habían
comenzado realmente a restaurar el capitalismo”.
En su análisis de la Comuna de París, Marx señaló cómo la dictadura del
proletariado representaba el inició de un proceso que gradualmente
implicaría a la gran mayoría del pueblo (es decir, las antiguas masas
explotadas, dirigidas por el proletariado) y eventualmente a todo el
pueblo (tras la eliminación de las clases) en la administración de la
sociedad. En la Comuna de París “obreros sencillos” (como Marx afirmó
para hacer explotar el punto de vista de la burguesía) asumieron la
administración de todo, de todas las funciones de gobierno (que los
obreros simplificaron enormemente) y de todas las esferas de la
sociedad, a través de o bien la participación directa o a través de
“alquilar” expertos para trabajar para los obreros y bajo la guía y
dirección de los obreros. En la Revolución Cultural, la sociedad
socialista dio un salto cualitativo hacia la dirección de los ideales de
la Comuna, avanzando mucho más que ninguna sociedad socialista
anterior.
Bajo la dirección y guía de Mao, casi todos los cuadros (personas con
posiciones de autoridad y responsabilidad) en el Partido quedaron bajo
el intenso control y crítica de las masas. Cada aspecto de la sociedad
fue criticado y combatido. (…) Los obreros y campesinos limpiaron las
diversas instituciones de la forma que una buen escoba limpia la
suciedad. La educación fue revolucionarizada, para que en lugar de
educar a los hijos e hijas de los viejos explotadores y educar a las
personas para convertirse en nuevos explotadores, las escuelas fueran
dirigidas por los obreros y campesinos para las necesidades intereses de
los obreros y campesinos en transformar la sociedad y la naturaleza
para avanzar hacia el comunismo. La burguesía había controlado la
posición dominante en la cultura (libros, películas, obras de teatro,
arte, etc.). Fueron barridos y la imagen de los obreros y campesinos y
el punto de vista de la clase obrera comenzó a dominar en estos campos.
Estableciendo los comités revolucionarios (combinaciones de tres-en-uno
de obreros de base, miembros del Partido y administradores y/o
técnicos), las masas fueron capaces de tomar realmente de nuevo el poder
en las fábricas, comunas, escuelas y demás, anteriormente dirigidas por
los seguidores del camino capitalista.
Junto al Ejército de Liberación Popular bajo la dirección de la clase
obrera a través de su Partido, las propias masas populares se
organizaron en milicias en sus fábricas y lugares de trabajo bajo la
dirección del Partido, haciendo así que el Estado descansase con mayor
seguridad que nunca en el poder armado de la clase obrera y sus aliados.
En enero de 1967, los revolucionarios en Shanghai construyeron una
alianza de las organizaciones de masas revolucionarias, el Ejército de
Liberación Popular y los cuadros revolucionarios del Partido, que
tomaron el poder con éxito de la vieja administración seguidora del
camino capitalista en Shanghai. Mao hizo balance y popularizó esta
experiencia por toda China. La conciencia popular avanzó enormemente.
(…) La Revolución Cultural no condujo al final de la lucha de clases en
China. Casi una década después que se iniciara la Revolución Cultural,
Mao lo dejó claro con su importante instrucción: “¿Por qué habló Lenin
de ejercer la dictadura sobre la burguesía? Esta cuestión debe ser
comprendida a fondo. La falta de claridad sobre esta cuestión conducirá
al revisionismo. Esto debe darse a conocer a toda la nación”.
No sólo a unas pocas personas, no sólo a los miembros del Partido, no
sólo a unos pocos millones, ¡sino a toda la nación! Con esto Mao
declaraba explícitamente que para combatir a los revisionistas y
prevenir el derrocamiento de la dictadura del proletariado, un número
más extenso de la clase obrera y de las masas necesitaban profundizar
considerablemente en la comprensión del marxismo y las tareas de la
dictadura del proletariado.
Centrándose en el “por qué”, Mao se centró en el hecho de que pese a
todos los avances, la cuestión de la dictadura del proletariado es
todavía la cuestión de la transición del capitalismo al comunismo.
Aunque los escritos de Marx claramente señalan esta cuestión, fue solo
la experiencia adicional de la lucha de clases bajo la dictadura del
proletariado en la URSS y China que hizo posible hacer un balance de
forma tan explícita como lo hizo Mao de la larga, aguda y compleja
naturaleza de la lucha contra las fuerzas de la restauración
capitalista.
(…) Esta comprensión de la dictadura del proletariado desde el punto de
vista del objetivo del comunismo, y no como un fin en sí mismo, es
esencial a la teoría de Mao sobre la continuación de la revolución bajo
la dictadura del proletariado. Como todos los procesos, no existe una
inmovilidad en el camino socialista -sólo existen avances o retrocesos.
Cualquier medio camino, indecisión o vacilación en el camino socialista
conduce definitivamente al derrocamiento del proletariado y la
restauración del capitalismo.
Además, tal y como han mostrado las experiencias en la URSS y China, los
avances de la revolución fuerzan a la burguesía a saltar para oponerse a
ella, y de este modo el proletariado se ve forzado a combatir para
acabar con la “rebelión de los esclavistas”, de igual modo que la clase
obrera fue forzada a combatir para defender la Comuna de París, el
primer Estado obrero, “quiera” sí o no la clase obrera una batalla
particular.
Los principios de la Comuna son Eternos
Al parecer Mao Tsetung señaló que: “Marx al principio se opuso a la
Comuna de París… Cuando la Comuna de París se levantó, Marx la apoyó,
aunque suponía que iba a fracasar. Cuando se dio cuenta que era la
primera dictadura proletaria, pensó que sería una buena cosa incluso
aunque durara tres meses. Si lo valoramos desde un punto de vista
económico, no valía la pena”. (“Discurso en la Conferencia de Lushan”,
Mao Tsé-tung Espontáneo. Pláticas y cartas: 1956-1971, Ediciones Renacimiento, A.C., Universidad Autónoma de Sinaloa, México 1981, pág. 124).
Por supuesto ni Marx ni Mao contemplaron la Comuna de París desde “un
punto de vista económico” –desde la postura de los estrechos resultados
inmediatos. Incluso aunque la Comuna fracasó, estableció los principios
básicos para todas las revoluciones proletarias que vendrían. El heroico
ejemplo de los Comuneros y el balance científico de sus heroicos
esfuerzos proporcionaron la base para un dominio teórico superior de las
tareas y de la dirección de la revolución proletaria, que, a su vez,
hizo posible el éxito de futuros esfuerzos. Sabiendo que esto sería así,
Marx escribió: “Los obreros de París, con su Comuna, serán celebrados
como los gloriosos precursores de una nueva sociedad. Sus mártires han
quedado consagrados en el gran corazón de la clase obrera”.
Al igual que algunos autodenominados marxistas rehusaron reconocer las
lecciones abonadas con sangre de la Comuna de París, también, cuando el
revisionismo triunfó en la Unión Soviética y se restauró el capitalismo,
algunas personas rehusaron reconocer este hecho. Algunas personas que
habían sido revolucionarias pensaron que si la URSS se había perdido
para la clase obrera, entonces todo por lo que habían luchado fue para
nada, y enterraron sus cabezas en la arena, se colocaron a la cola de
los nuevos revisionistas soviéticos y se dejaron arrastrar, y, después
de todo, todo lo que habían hecho realmente fue para nada. Esto causó un
gran daño a la causa revolucionaria.
En su época, la Comuna de París mostró que la revolución proletaria no
sólo era necesaria sino posible. Su derrota sólo mostró que la
transición del capitalismo al comunismo será un largo proceso, con
muchas vueltas y revueltas en su desarrollo, desde luego con
contratiempos, pero con un desarrollo en espiral por el que cada avance
de la clase obrera se coloca sobre los hombros de los que han combatido y
muerto anteriormente por la causa del proletariado. Esto es algo
natural, dado que el desarrollo del capitalismo al comunismo requiere
una ruptura completa –una “ruptura radical”, como Marx la llamó, con
todas las formas anteriores de la sociedad y todas las ideas
tradicionales y los grandes cambios que el mundo ha conocido nunca.
En nuestra época, la Revolución Cultural muestra que la restauración del
capitalismo no es inevitable, que la clase obrera y las masas pueden
desarrollar formas –formas completamente nuevas de hacer cosas en la
historia de la sociedad- para defender sus conquistas y hacer retroceder
los incesantes ataques del enemigo. Al igual que la Comuna de París
proporcionó las bases para el desarrollo del marxismo cuando el marxismo
estaba empezando a surgir hace más de cien años, hoy también a través
de la Revolución Cultural, el marxismo se ha desarrollado y avanzado y
la clase obrera del mundo entero se alza con mayor superioridad en su
lucha por derrocar a los reaccionarios de todos los países uno por uno y
traer la victoria del comunismo al mundo entero.