La
violencia entre los diferentes grupos armados de derecha y de
«izquierda» que han azotado al país desde hace muchos años, ha dejado
tendidos en el asfalto y los campos a miles de trabajadores, estudiantes
y campesinos, hombres y mujeres humildes del pueblo quienes sin ser
parte del conflicto han terminado derramando su sangre, sus familias
desplazadas y los proyectos de vida alterados en su totalidad
El conflicto armado colombiano ha generado todo tipo de expresiones
violentas contra el pueblo, las causas de dicho conflicto han sido por
las exorbitantes ganancias que deja la tierra mejor ubicada y más
fértil, además de los intereses estratégicos para intercambiar
productos, armas, hombres y secuestrados. El conflicto armado en
Colombia es uno de los más atroces, crueles e inhumanos, además de ser
el más prolongado en el tiempo puesto que aún continúa azotando con toda
su furia campos y ciudades en todo el territorio nacional.
Por estos días se cumplen 20 años de la masacre de El Salado, la cual
fue perpetrada por más de 450 paramilitares en febrero del año 2000,
ejército de asesinos quienes para llevar a cabo tan horrible carnicería
fueron comandados por John Jairo Esquivel Cuadrado, alias ‘el Tigre’, y
Uber Enrique Bánquez Martínez, alias ‘Juancho Dique’, estos sanguinarios
personajes recibieron órdenes de Rodrigo Tovar Pupo alias ‘Jorge 40’,
subalterno de Carlos Castaño, máximo comandante de las AUC; sin embargo,
la masacre también fue respaldada por Salvatore Mancuso, jefe del
Bloque Catatumbo, de Rodrigo Mercado Pelufo, alias ‘Cadena’, jefe del
Bloque Héroes de los Montes de María y por las tropas del Ejército
Nacional.
Villa del Rosario-El Salado, es el nombre completo del corregimiento
de El Salado. Ubicado en la zona baja montañosa de El Carmen de Bolívar a
18 kilómetros de la cabecera urbana, donde habitaban 5.000 habitantes
para el año 2000 y otros miles en las veredas.
El corregimiento está rodeado de arroyos y cerros verdes, pero
también de zonas quemadas por la sequedad del clima, de igual manera la
inmensa pobreza de los Montes de María, que atraviesan Bolívar y Sucre
hacen parte de la geografía de la región. En el Salado había un centro
médico muy bien dotado con enfermera, odontólogo y hasta ambulancia;
habían varias escuelas y un colegio grande donde los jóvenes estudiantes
cursaban hasta noveno grado; tenía dos concejales y una estación de
Policía. La tierra, estaba en propiedad de muchos en un promedio de 40
hectáreas cada propietario, los cuales cultivaban tabaco en grandes
cantidades, maíz, ñame y yuca. Las mujeres eran contratadas por dos
grandes empresas –Espinoza y Tayrona–, las cuales seleccionaban,
prensaban y empacaban el tabaco; esta producción fabril fue incipiente y
lamentablemente no alcanzo a desarrollarse.
La buena situación económica y la posición geográfica del
corregimiento fueron muy atractivos para que los frentes 35 y 37 de las
FARC llegaran allí y se establecieran por muchos años, fue entonces que
comenzaron las extorciones a los ganaderos y comerciantes, quienes
tuvieron que reunirse y pedir apoyo del Batallón de la Infantería de
Marina. Un día, estos fueron emboscados por las FARC siendo así marcada
la población como acogedores de la guerrilla, el puesto de policía fue
cerrado y los uniformados fueron retirados del corregimiento. Así empezó
todo.
El 15 de febrero en la noche dos camiones llenos de paramilitares se
movilizaron por la carretera principal que conduce a Cartagena, salieron
de San Onofre con dirección a Carmen de Bolívar, cerca de allí en la
madrugada se encontraron con otros dos grupos de paramilitares, todos
estaban uniformados, con gran cantidad de armamento moderno, mucha
munición y granadas de fragmentación, algunos paramilitares recién
reclutados pensaban que iban para una zona de guerra, de enfrentamientos
abiertos día y noche con el frente 37 de las FARC en ese entonces
comandado por ‘Martín Caballero’… semejante armamento daba para pensar
que el enemigo estaba muy bien apertrechado.
En la madrugada del 16 de febrero el corregimiento de El Salado debía
estar totalmente tomado, era la orden de los altos mandos
paramilitares, la entrada tenía que ser por sitios diferentes, por la
Reforestación entraría un grupo, siguiendo la vía Flor del Monte y
Canutalito otro grupo entraría por Ovejas, y por la carretera principal
de El Carmen de Bolívar otro grupo entraría al corregimiento.
Entraron caminando por trochas y caminos veredales, asesinando a
cuanto campesino se encontraron en el camino, los degollaban o ahorcaban
o los apuñaleaban sin utilizar armas de fuego para no alertar a la
gente, tenían que cumplir la orden, siendo asesinados así 19 campesinos
en total indefensión.
Días antes, la enfermera Delcy Méndez, que llevaba más de diez años
trabajando en el corregimiento, recibió una llamada de su amiga de
Cartagena quien le dijo “Salte de El Salado porque algo va a pasar”,
ante la zozobra e intranquilidad la enfermera no aguanto más y decidió
abandonar el pueblo, se fue para Carmen de Bolívar. Ella dice: “No
sabíamos qué iba a pasar, pero sabíamos que algo estaba por suceder”, no
fue un cuento de García Márquez, realmente algo dramáticamente terrible
sucedió en ese pueblo cerca de los Montes de María.
Los guerrilleros de las FARC que estaban de civil en el
corregimiento, salieron corriendo en dirección a las montañas cuando
entraron los paramilitares en la madrugada del 16 de febrero, los que
pudieron salir en la huida alcanzaron a gritarle a la gente “Corran,
corran que vienen a acabar el pueblo”. Las Farc sabían de la incursión,
por eso días antes realizaron hostigamientos en la carretera, y tuvieron
esporádicos enfrentamientos con los paramilitares y el ejército, sin
embargo se dieron cuenta que ellos eran muchos, y tenían apoyo aéreo de
la armada nacional y los estaban cercando, entonces iniciaron la
retirada hacia el monte dejando sin apoyo ni seguridad al pueblo y
municipios cercanos. Eso facilitó la entrada de los paramilitares el 16
de febrero en las primeras horas del día.
Casa por casa, fueron tumbando puertas, sacaban a la gente a
empujones, niños, mujeres embarazadas, ancianos y todos los pobladores
fueron reunidos en la plaza junto a la iglesia, comenzaron la carnicería
con el apoyo de cinco guerrilleros desertores que identificaron a los
más cercanos a las FARC, los apoyos y aquellos que algún tiempo atrás
fueron guerrilleros y ya estaban retirados criando a sus hijos, uno a
uno fueron desmembrados con motosierra, y luego incinerados, en
presencia de todos los habitantes; las mujeres que eran amigas o tenían
relaciones amorosas con los guerrilleros también fueron sacadas una a
una al asfalto de la plaza para ser torturadas con depravada sevicia,
violadas, macheteadas y algunas empaladas.
Igual de horrorosa fue la suerte de Nayibis Contreras supuestamente
la novia de ‘Martín Caballero’ jefe del 37 frente de las FARC; ella de
tan solo 16 años de edad fue arrastrada desde su casa hasta la plaza por
el paramilitar alias “El Gallo”, costeño, gritón y vulgar quien con
pistola y puñal en mano la busco por todas las calles y casas del pueblo
hasta que la encontró, la apaleó en todo el cuerpo, la llevo hasta un
punto el cadalso, la ató al único árbol que le daba sombra a la plaza,
ella miraba de frente, con ojos despavoridos, la iglesia de la que hasta
Dios había huido, “La guindaron de un árbol y con las bayonetas de los
fusiles la degollaron”, así declaró en versión libre, ‘Dique’ uno de los
peores y sanguinarios paramilitares.
Los cuerpos de campesinos asesinados yacían tendidos en el suelo de
la cancha, con el pasar de las horas y de recibir el sol, éstos se
fueron inflando, sin embargo lo más dantesco fue como los cerdos se
fueron comiendo los cuerpos al ser atraídos por el olor de la sangre.
No hay peor estado moral de una persona que cuando siendo activo
combatiente en una guerra decide desertar para entregar a sus camaradas y
al mismo pueblo, quizás el estado psicológico los perturbara tanto que
hasta el descanso nocturno habrán espantado por muchos años, esa masacre
tal vez no hubiera sido de tan nefasta magnitud sin el concurso pleno
de los cinco guerrilleros desertores, quienes al llegar a las oficinas
de la Infantería Marina creyeron estar en manos amigas pero la suerte
fue otra y terminaron en manos de Rodrigo Mercado Pelufo alias ‘Cadena’
otro de los más depravados asesinos y masacradores de los pueblos
ubicados en la costa norte de Colombia.
Muchas fueron las victimas desarmadas que fueron asesinadas de manera
cruel e inhumana mediante torturas donde sus asesinos utilizaron
motosierras, machetes, garrotes, cuchillos y armas de fuego aunque éstas
en menor proporción durante los días que tomaron control del
corregimiento.
La complicidad del Estado es totalmente evidente, el helicóptero
Bell, azul y blanco artillado que ametralló las viviendas del pueblo
mientras sus habitantes eran masacrados fue piloteado por Andrés
Angarita, ex oficial de la aviación del Ejército, que llegó a tener un
alto rango entre los paramilitares. Éric Julio Morris Taboada gobernador
de Sucre para la época y quien tuvo relación directa con los
paramilitares de la región, también el senador Álvaro García Romero, hoy
condenados por parapolítica, el coronel de la Armada Rodrigo Quiñones
quien al realizar un consejo de seguridad el viernes 18 de febrero a las
8 de la noche, hizo caso omiso de lo que estaba sucediendo en esos
mismos momentos en El Salado, desestimó las denuncias hechas por la
misma policía quien dijo que había en varios corregimientos cadáveres de
campesinos degollados, y movimientos de tropas paramilitares, en las
veredas.
Este cómplice asesino coronel Quiñones dijo que
“el número de
levantamientos que hizo el CTI es de nueve y no se descarta que
aparezcan más muertos producto del enfrentamiento entre las AUC y el 37
frente de las Farc”; sin embargo, envió al ejército para que
apoyara y protegiera a los paramilitares, además de todo esto el asesino
coronel Rodrigo Quiñones y su consejo de seguridad concluyeron de
manera descarada y cínica:
“Los delincuentes de las AUC emplearon en
sus actos delictivos a guerrilleros de las FARC que los guiaron hasta
los campamentos del Frente 37… La modalidad de realizar actos delictivos
de civil por parte de los bandoleros de las FARC les permite
confundirse con la población civil y pasar a ser campesinos en el
momento de un enfrentamiento armado”.
Estos representantes del Estado en la región mediante el desparpajado y descarado cinismo también dijeron:
“Los
medios de comunicación, por su afán de tener la primicia, no manejan
informaciones oficiales; por el contrario, multiplican el drama de las
familias y desinforman a la opinión pública”. Tan descarado y
cínico como el actual pelele que hoy está en Casa de Nariño y su mentor
Álvaro Uribe Vélez al negar el conflicto armado vivido por años en
Colombia.
Hoy en el corregimiento se siguen presentando graves hechos de
violencia entre amenazas a líderes sociales y asesinatos selectivos, la
población aún se debate por un bienestar verdaderamente digno, a pesar
de la zozobra y el terror que todos los grupos armados generan allí, la
población intenta rehacer sus vidas a través de sus actividades
culturales, comerciales y agrícolas. Lamentablemente el Estado
terrorista no está interesado en permitir que El Salado, y el pueblo en
general logre un futuro mejor, pues el interés por controlar la región
con las riquezas que genera hace que la presencia sea permanente
mediante el ejército y los paramilitares, lo que le permite mantener a
raya a los demás actores armados y a la población bajo control
constante, siendo la zona altamente explosiva.
El proletariado colombiano necesita organizarse y unirse con el
campesinado pobre para establecer una sólida alianza, que permita
recuperar las tierras y el control de las riquezas para el disfrute
mismo del pueblo, y evitar que sean desviados siempre en favor de
terratenientes, y políticos asesinos que a través de la bota paramilitar
mantienen sus privilegios y su vida de parásitos.
Pero tampoco el pueblo debe confiar en los que dicen estar de su lado
como los diferentes grupos guerrilleros, estos no están interesados en
organizar y movilizar al campesinado y al proletariado, pues en muchas
ocasiones han demostrado que solo están para imponer su presencia armada
y controlar los territorios para beneficio únicamente de ellos y no
para construir verdaderas bases de apoyo a la revolución, verdaderos
poderes del pueblo armado, verdaderos centros de poder y nuevos órganos
del futuro Estado socialista.
Desde hace muchos años, las guerrillas colombianas se han aprovechado
de la acogida y recibimiento que la población les ha brindado, se han
aprovechado de los productos que fértiles tierras abonadas por humildes
manos campesinas han trabajado, se han aprovechado de las mujeres
campesinas que un día creyeron en las engañosas palabras de estos
hombres armados y se despertaron embarazadas, y a la deriva en manos de
otros hombres armados quienes como leones acabaron con sus hijos o con
ellas mismas.
Las guerrillas se han aprovechado hace mucho tiempo del amor que les
brindó el pueblo para descansar, alimentarse y aprovisionarse, le dieron
la espalda al pueblo en los momentos de mayor necesidad y no quisieron
devolver ese amor recibido, ya que no han querido realmente al pueblo y
no confían en él, sus intenciones no es transformar radicalmente el
actual orden social pues como ya la historia lo ha demostrado en otros
países, lo que más alcanzan a realizar son simples reformas al
capitalismo, manteniendo al pueblo en la pobreza y alejados del disfrute
de las riquezas sociales.
La masacre de El Salado es muestra de lo que realmente es la
burguesía y los terratenientes al frente de este país, miseria, hambre y
muerte le espera al pueblo si sigue confiando en los personajes que
llegan prometiendo futuro y vida digna cada cuatro años; todas las
masacres muestran el método que utiliza la burguesía a través del Estado
para mantener este moribundo sistema capitalista.
Mediante el terror piensan seguir disfrutando de las ventajas tan
grandes que le da la explotación contra el pueblo, la burguesía, los
terratenientes y los imperialistas pregonan en todos los medios de
comunicación la paz, la reconciliación y la tolerancia, sin embargo
ellos por medio del terror de las armas y los perros asesinos como los
paramilitares y las mismas fuerzas armadas imponen su orden social y
mantienen sus privilegios.
Solo con la verdadera organización revolucionaria del pueblo y el
armamento en manos de éste, se lograra la verdadera paz y el disfrute de
la tierra y las riquezas que produce diariamente el pueblo. Una
verdadera revolución política y social castigará realmente a los
asesinos del masacrado pueblo de El Salado y tantos pueblos más donde se
ha ensañado la bota militar y paramilitar.
Ni perdón ni olvido, la revolución del pueblo en armas arrasará con todos los asesinos de Colombia y el mundo entero.
Un amigo y camarada.